Durante décadas, Cuba fue considerada uno de los destinos turísticos con mayor potencial del Caribe. Sus playas, patrimonio cultural, ciudades históricas, música, gastronomía y ubicación geográfica privilegiada la convertían en un competidor natural de cualquier destino de la región. Sin embargo, la historia reciente del turismo cubano ha estado marcada por profundas contradicciones, avances, retrocesos y una constante lucha entre la política y la economía.

Hoy la industria turística cubana atraviesa uno de los momentos más difíciles desde los inicios de su desarrollo a principios de los años noventa. La caída de visitantes internacionales, la reducción de vuelos, la crisis energética, la escasez de combustible, el deterioro de infraestructuras y las nuevas sanciones impuestas por Estados Unidos han colocado al sector en una situación extremadamente compleja. Según cifras recientes, Cuba perdió más del 55 % de sus visitantes internacionales durante los primeros meses de este año 2026, reflejando un deterioro acelerado de uno de los pilares fundamentales de su economía.

Ante este panorama nos surgen múltiples inquietudes. ¿Estamos presenciando el final del modelo turístico cubano? ¿Se trata simplemente de una crisis más? ¿O estamos observando el preámbulo de una transformación mucho más profunda que podría redefinir el turismo del Caribe durante las próximas décadas?

Mientras Cuba enfrenta dificultades, otros destinos han capitalizado parte importante de la demanda que anteriormente elegía la isla. Nuestro país ha sido probablemente el principal beneficiario de esta situación. El mercado canadiense constituye uno de los mejores ejemplos.

Canadá ha sido históricamente uno de los principales emisores de turistas hacia Cuba. Durante años, millones de canadienses encontraron en Varadero, Cayo Coco, La Habana y otros polos turísticos una alternativa económica y atractiva para sus vacaciones de invierno. Sin embargo, las dificultades operativas, los problemas de abastecimiento, las cancelaciones aéreas y las crecientes preocupaciones sobre la calidad de la experiencia turística han provocado una importante redistribución de esa demanda hacia otros destinos del Caribe, especialmente hacia nuestro país.

La llegada masiva de turistas canadienses en los últimos años ha fortalecido el liderazgo dominicano y ha contribuido al extraordinario desempeño que exhibe actualmente el sector. Pero sería un error interpretar este crecimiento como una victoria definitiva.

La historia del turismo demuestra que los flujos turísticos son altamente dinámicos. Los turistas cambian de destino cuando encuentran mejores condiciones, mejores precios o nuevas experiencias. Ningún destino mantiene una posición privilegiada para siempre.

Por ello, quizás nuestra preocupación debería concentrarse en qué ocurrirá cuando Cuba logre superar sus actuales dificultades.

Sería sano plantearnos algunos posibles escenarios que podrían darse y empezar a proponer estrategias tendentes a contrarrestar las posibles consecuencias de esos supuestos.

Supongamos que en los próximos años se produce una apertura económica más profunda en la isla. Supongamos que Estados Unidos decide apoyar un proceso de reconstrucción económica y, por ende, del sector turístico. Supongamos que se flexibilizan las restricciones financieras, regresan las inversiones internacionales, se modernizan los aeropuertos, se recupera la conectividad aérea y se ejecuta un ambicioso programa de renovación hotelera.

¿Está preparado nuestro país para competir contra una Cuba renovada? La respuesta merece una reflexión seria.

Cuba posee atributos turísticos extraordinarios. Cuenta con más de cinco mil kilómetros de costa (más playas que nosotros), un patrimonio cultural importante en el Caribe, ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad, una identidad cultural poderosa, una ubicación geográfica privilegiada y una enorme capacidad de atracción para el mercado norteamericano.

Si a esos atributos se les añadieran miles de millones de dólares en inversión, una mejora significativa de la infraestructura y un entorno político más favorable para los negocios, estaríamos frente a un competidor de enorme dimensión.

Precisamente por eso, el momento actual debería ser aprovechado por nosotros no para celebrar las dificultades ajenas, sino para fortalecer sus propias ventajas competitivas.

Por esto insisto en que la prioridad nacional debe seguir siendo mejorar la calidad del producto turístico, impulsar la sostenibilidad, fortalecer la planificación territorial y diversificar mercados emisores. Además, debe elevar la formación del capital humano y desarrollar nuevos productos turísticos capaces de diferenciar al país más allá del tradicional modelo de sol y playa.

Nuestros líderes empresariales y gubernamentales harían bien en recordar que el turismo es una industria extremadamente sensible a los cambios económicos, políticos y geopolíticos. Y aunque hoy la crisis cubana favorece a nuestro país, mañana la situación podría ser diferente.

¿Estamos realmente preparados para el día en que Cuba vuelva a competir con toda su fuerza? Porque es muy probable que ese día llegue, y cuando llegue, el liderazgo turístico dominicano dependerá de lo que hagamos por nuestro destino hoy.

Magaly Toribio

Mercadóloga y Hotelera

Magaly Toribio, Hotelera y mercadóloga por convicción, politóloga para intentar entender el mundo, amante de las palabras y la buena lectura. Ex- viceministra de turismo, reconocida en múltiples ocasiones por los principales gremios del sector turístico nacional e internacional. Experta en marketing turístico y gestión sostenible de destinos turísticos. Investigadora, académica y consultora privada de empresas, universidades y destinos turísticos. Presidente de la empresa TARGET Consultores de Mercadeo y creadora de la primera empresa del país suplidora de soluciones de movilidad para turistas con discapacidad, Scooters DR.

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