Santo Domingo tiene un problema que no se resuelve solamente construyendo más avenidas: hemos permitido que demasiados viajes tengan que llegar hasta el corazón de la ciudad. Cada día, autobuses provenientes de distintos puntos del país penetran al Gran Santo Domingo, recorren largas distancias por calles y avenidas congestionadas y vuelven a salir, mientras miles de pasajeros realizan transbordos improvisados en distintos puntos de la capital. Quizás ha llegado el momento de preguntarnos si todos esos autobuses realmente tienen que entrar hasta el centro de la ciudad.
Mi propuesta es sencilla: crear tres grandes terminales interurbanas en los principales accesos de Santo Domingo. Una estaría destinada a recibir los autobuses procedentes del Este; otra funcionaría como terminal y punto de transbordo para quienes llegan desde el Norte y el Cibao; y una tercera recibiría el transporte proveniente del Sur. No hablo simplemente de construir tres estaciones de autobuses, sino de crear tres grandes puertas de entrada a la capital, conectadas con el sistema de transporte urbano.
La terminal del Este podría concentrar las rutas provenientes de San Pedro de Macorís, La Romana, Higüey, Bávaro-Punta Cana y otras localidades de esa región. La del Norte recibiría a quienes llegan desde Santiago, Puerto Plata, La Vega, Bonao y otras provincias del Cibao. La del Sur serviría a las rutas provenientes de San Cristóbal, Baní, Azua, Barahona, San Juan y comunidades de esa zona. La ubicación exacta tendría que determinarse mediante estudios técnicos, considerando tráfico, cantidad de pasajeros, crecimiento urbano y posibilidades reales de conexión.
Pero aquí está la clave: esas terminales no pueden convertirse en tres nuevos lugares de congestionamiento. Deben estar conectadas con autobuses urbanos, rutas alimentadoras y, donde sea posible, con el Metro y otros sistemas de transporte colectivo. El pasajero que llegue desde el interior debería poder bajar de su autobús y continuar su viaje hacia cualquier sector del Gran Santo Domingo mediante un sistema organizado, rápido y seguro, sin tener que abordar otro transporte improvisado.
La idea tampoco parte de cero. Desde hace años las autoridades han planteado la necesidad de construir terminales interurbanas fuera del centro de Santo Domingo para evitar que estos vehículos penetren innecesariamente en la ciudad. La Ley 63-17 y los planes de movilidad del INTRANT contemplan la organización de las rutas interurbanas mediante terminales autorizadas. El reto ha sido convertir esa visión en una solución integral y funcional. Hoy, con la expansión del Metro y de otros sistemas de transporte, existen mejores condiciones para hacerlo.
Imaginemos por un momento el efecto: un autobús que viene de La Romana no tendría necesariamente que recorrer todo el trayecto hasta el Distrito Nacional; uno procedente de Santiago podría concluir su recorrido en una terminal cercana a su corredor de entrada; y quienes vienen del Sur podrían hacer lo mismo. Menos autobuses interurbanos entrando al centro significa menos recorridos innecesarios, menos competencia por el espacio vial y una oportunidad para organizar mejor el transporte urbano. No sería la solución completa al caos del tránsito, pero sí una forma de atacar una de sus causas.
Santo Domingo necesita dejar de pensar únicamente en cómo mover más vehículos y comenzar a pensar en cómo evitar que determinados vehículos tengan que entrar a la ciudad. Tres terminales bien diseñadas, estratégicamente ubicadas y verdaderamente integradas al transporte público podrían convertirse en parte de una nueva visión de movilidad para la capital. No necesitamos que todos los caminos terminen en el centro. Necesitamos tres puertas de entrada que permitan llegar a Santo Domingo sin tener que atravesarlo entero.
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