En artículos anteriores, hemos sostenido la hipótesis que existe una relación de influencia recíproca entre los traumas culturales, los escándalos políticos, con la construcción del discurso político binario que, por un lado, tiene el poder de polarizar la sociedad civil: la opinión pública y la subjetividad política de los ciudadanos y, por el otro, cohesionar o debilitar –internamente- las instituciones políticas en los procesos electorales.

Durante el período de gobierno de Hipólito Mejía: 2000-2004, podemos identificar tres condiciones sociales que influyeron en su éxito y deterioro político: primero, la muerte de Peña Gómez -un trauma simbólico-cultural, una muerte, una pérdida colectiva que movilizó las emociones de duelo, solidaridad nacional y que el PRD tradujo en cohesión electoral. Segundo, el trauma económico –dejado por la crisis bancaria y fiscal- y tercero, el trauma institucional como consecuencia de la división del partido.

Estas tres formas de traumas atraviesan el período de gobierno del 2000-2004, y expresan las condiciones de producción y reconocimiento del discurso político que dieron lugar al ascenso y caída de Hipólito Mejía y explican la debilidad institucional-electoral del PRD, en los próximos 16 años.

Estrategias discursivas y el auge de Hipólito Mejía

La campaña de Hipólito Mejía articuló dos elementos en su estrategia discursiva: el duelo por la muerte de Peña Gómez y el malestar del sector popular y campesino debido a la inflación por la implementación de las políticas neoliberales.

Durante su campaña construyó un discurso político dirigido al sentimiento humilde y patriótico del electorado, con especial énfasis en los sectores populares y el campesino dominicano.

Se trató de una estrategia discursiva emocional, de una interpelación identitaria: presentarse como el candidato cercano a la gente sencilla —"Llegó Papá"—, heredero político de los sentimientos socialdemócrata (Rosario, Oviedo) o nacional-popular (Laura Faxas) de Peña Gómez, como contrapunto de las reformas neoliberales llevada a cabo por el gobierno saliente del PLD. Esta estrategia discursiva, resultó ser eficaz y permitió la cohesión y el triunfo electoral del PRD, con el 50% de los votos, desplazando al PLD en las elecciones del 2000-2004.

El trauma simbólico: la muerte de Peña Gómez

El ascenso electoral de Hipólito Mejía en el año 2000 no puede entenderse sin un hecho traumático previo: la muerte de José Francisco Peña Gómez en 1998. Su fallecimiento no fue solo la pérdida de un líder popular-carismático, sino un acontecimiento que activó un duelo colectivo capaz de traducirse en cohesión política. Ese sentimiento de solidaridad, canalizado hacia el PRD, generó una integración nacional-popular alrededor del partido y de su nuevo candidato, dotando a la campaña de una carga emocional.

La herencia del malestar social-popular

A ese trauma simbólico-cultural, se sumó un malestar social más estructural: el descontento acumulado por las reformas neoliberales de la década anterior que, según datos estadísticos, habían dejado rezagados al campesinado y a amplios sectores populares.

El gobierno saliente del PLD cargaba también con un estigma cultural –construida por la opinión pública- articulado en cuatro acusaciones centrales: Primero, de haber destruido la industria nacional con la apertura económica. Segundo, de privatizar las empresas propiedad del Estado. Tercero, permitir la corrupción y la impunidad política y, cuarto, favorecer las importaciones en detrimento de la producción agrícola nacional (ver artículo anterior).

La caída del gobierno de Hipólito Mejía

El gobierno de Hipólito Mejía (PRD), fue un período con muchas fricciones. Los primeros meses estuvieron marcados por decisiones que generaron un rechazo inmediato en la opinión pública: como el decreto de cambio de horario de octubre de 2000, y la reorientación de vías y autopistas en Santo Domingo, que provocaron el descontento ciudadano.

No obstante, en sus primeros dos años, el gobierno mantuvo un alto nivel de popularidad en la ciudadanía, pues orientó el gasto público hacia las pequeñas empresas, la agricultura, la educación y la vivienda popular. Ese manejo del gasto social le permitió al PRD, mantener su cohesión y una base social de apoyo suficiente para arrasar en las elecciones congresuales y municipales de 2002, obteniendo 29 de 32 senadurías y 73 de 150 diputaciones.

Del gasto público al trauma económico

Sin embargo, a partir de 2002, la situación económica del gobierno cambió de manera significativa. Las mismas prácticas que habían financiado los programas de gasto social —préstamos, endeudamiento externo y la emisión de 1,000 millones de dólares en bonos soberanos en septiembre de 2001 —comenzó a erosionar la base fiscal del Estado. Programas de alto impacto político como el cambio de pisos de tierra por cemento y el asfaltado de calles y caminos vecinales, erosionaban la base fiscal del Estado e incrementaron la inflación.

El trauma económico de Baninter

Sin embargo, el acontecimiento que marca la caída estrepitosa de la popularidad del gobierno de Mejía es la quiebra de Baninter, entonces el segundo banco comercial privado más grande del país. Se trató del fraude bancario de mayor magnitud en la historia de la banca dominicana, y su impacto desestabilizó la macroeconomía como el tipo de cambio.

El impacto fue brutal: la tasa de cambio, que se ubicaba por debajo de los 30 pesos por dólar en el 2000, superó los 50 pesos por dólar en el peor momento de la crisis. Esta crisis cambiaria desencadenó un efecto dominó —inflación disparada, encarecimiento de productos de primera necesidad y derivados del petróleo, fuga de capitales, quiebra de empresas y pérdida de empleos.

La división y el trauma institucional del PRD

La crisis económica se relacionó con la crisis de confianza dentro del PRD, debido a la maniobra de un sector del gobierno –PPH- de promover la reforma constitucional e introducir la reelección del presidente Hipólito Mejía. Esta decisión provocó la división interna del partido, en un momento en que más necesitaba su cohesión para enfrentar la crisis y la oposición.

Resultados electorales del 2004

Con la reforma constitucional consumada, Hipólito Mejía se presentó a la reelección en 2004, en un escenario radicalmente distinto al de cuatro años antes: una economía en crisis, un partido dividido, un malestar social generalizado y el estigma –construido por la oposición y los medios de comunicación -de que el PRD no sabe gobernar.

En este escenario de descalabro del gobierno del PRD, el candidato del PLD: Leonel Fernández, articuló una estrategia discursiva diferente a la del año 2000: Si Mejía se había presentado como ruptura frente a un PLD, Fernández se presentó ahora como el restaurador del camino del progreso, el crecimiento y la modernidad en la sociedad dominicana, pero esto los veremos en el próximo artículo.

Wilson Castillo

Sociólogo, profesor.

Wilson Castillo es un sociólogo dominicano, investigador y docente universitario, reconocido por sus aportes al estudio de la sociedad dominicana, particularmente en las áreas de teoría social, sociología política, cultural y, su impacto en la juventud dominicana. Es egresado de la Escuela de Sociología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), institución en la que también ha desarrollado una destacada trayectoria como profesor e investigador.

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