Según el Manual Diagnóstico Estadístico de los Trastornos de Salud Mental (DSM), “el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es una afección de salud mental caracterizada por una preocupación persistente, excesiva y difícil de controlar”.
Como se conoce, el DSM es el Manual Oficial publicado por la Asociación Estadunidense de Psiquiatría (APA), el cual es la guía principal para los psiquiatras y los psicólogos identificar, clasificar y diagnosticar los trastornos mentales conocidos a nivel global.
Además, el DSM sirve para estandarizar el lenguaje, los criterios, los síntomas y la duración de un trastorno de salud mental, planificar los tratamientos y estimar el pronóstico del paciente a corto, mediano y a largo plazo.
Asimismo, el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) afecta el desenvolvimiento normal de los compromisos personales, laborales, sociales, las relaciones familiares e interpersonales de las personas diagnosticadas con dicho trastorno de salud mental.
Por su parte, la Psicología Social, la Psiquiatría y la Neuropsicología reconocen que los dos principales síntomas del TAG son: (1) los psicológicos que provocan una preocupación desproporcionada acompañada de irritabilidad, dificultad para concentrarse y la sensación de que la persona está al límite de su control psicoemocional; y, (2) síntomas físicos, los cuales se manifiestan con tensión muscular, fatiga o cansancio constante, alteraciones de los ciclos del sueño y cierta inquietud motora.
También, los profesionales de la Psicología Social, la Psiquiatría y la Neuropsicología saben que, las causas y los factores de riesgo del TAG son: (a) factores biológicos y genéticos asociados con la predisposición genética y el desequilibrio de sustancias químicas en el cerebro; y, (b) factores epigenéticos o ambientales, tales como el estrés crónico, las experiencias traumáticas pasadas que vivió la persona y el tipo de vida que ésta lleva.
No obstante y según les consta a los profesionales en higiene y salud mental, el TAG activa el sistema nervioso simpático, lo que produce diversos trastornos corporales que impiden que la persona se pueda concentrar y desempeñar con normalidad las funciones y las responsabilidades diarias que ésta debe de desempeñar.
Según nos consta, la persona diagnosticada con TAG sufre con frecuencia de dolores de cabeza, migrañas y molestias en el cuello y en la espalda, así como afecciones gastrointestinales, dolores en el estómago, diarrea, estreñimiento y alteraciones en el eje intestino-cerebro que afectan la salud física y mental del paciente.
Además, la persona diagnosticada con TAG experimenta un debilitamiento de su sistema inmunológico, lo que provoca una mayor vulnerabilidad al estrés y al trastorno de ansiedad de forma sostenida, afección cardiovascular y renal, así como frustración por no poder detener y controlar los pensamientos intrusivos.
Asimismo, la persona diagnosticada con TAG presenta problemas cognitivos que producen lapsus de memoria durante la realización de sus actividades y responsabilidades cotidianas, así como confusiones, distracciones frecuentes y problemas de aprendizaje.
Como tal, la persona con Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) tiende a desarrollar cuadros ansiosos y depresivos complejos de difícil tratamiento, angustia sin sentido, alteraciones conductuales, miedo, ataque de pánico y otras condiciones psicoemocionales y conductuales que, exacerban aún más, su cuadro de salud física y mental por un periodo prolongado.
Como hemos podido observar en el cuerpo de este artículo, la persona con un Trastorno de Ansiedad Generalizada deben recibir, entre otros: (K) psicoterapia cognitiva-conductual, la cual es muy eficaz para cambiar los patrones de pensamientos negativos; (L) medicamentos, tales como antidepresivos y ansiolíticos para regular los síntomas de dicho trastorno, fármacos que deben ser recetados por un médico-psiquiatra.
También, la persona con TAG deben: (M) reorganizar y ralentizar su estilo de vida; (N) incorporar técnicas de relación; (P) practicar ejercicios físicos regulares, preferiblemente cinco días a la semana; y, (Q) reducir el consumo de cafeína, tabaco, alcohol y alimentarse adecuadamente.
Según les consta a los profesionales de la Psicología Social, la Psiquiatría y la Neuropsicología, la Terapia Cognitiva Conductual (TCC) ayuda a la persona con TAG, entender la relación que existe entre sus pensamientos, sus síntomas y sus comportamientos, lo que le permitirá entender su cuadro de salud mental y, a su vez, controlar las distorsiones de la realidad causadas por los factores estresantes que están provocando su condición de salud mental.
Asimismo, la TCC le permite a la persona reconocer los factores estresantes desencadenantes de los pensamientos que le causan pánico, estrés y ansiedad, por pensamientos positivos, así como aprender a relajarse, a concentrarse y a evadir la aparición de los estresores que provocan su cuadro psicoemocional.
Finalmente, la persona diagnosticada con un Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), debe ser acompañada por un psicólogo clínico, un neuropsicólogo y/o un psiquiatra con experiencias manejando pacientes con este tipo de condición de salud mental.
“La rumiación mental intenta resolver en el presente un futuro que aún no existe” (ANONIMO).
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