Pensaba que la exagerada era yo, no. Es un tema del que se habla bastante: la inserción de un DIU es algo terrorífico y violento, casi que inaguantable, igual que muchos otros procedimientos ambulatorios ginecológicos que se practican sin anestesia.

Las mujeres hemos normalizado el dolor en rutinas que no tendrían que ser tan traumáticas. Pero el sistema médico, una de las principales instituciones patriarcales, ha hecho peor, al continuar utilizando los mismos métodos y herramientas decimonónicas en nuestros cuerpos.

Me refiero en particular al instrumento que mayor molestia puede infligir en una cérvix, el fórceps de tenáculo, que más bien parece una pieza de tortura medieval. En forma de tijera y con garras puntiagudas, vueltas hacia adentro, se clava al cuello uterino para agarrarlo y facilitar el acceso al útero. También está el espéculo, cuya versión que conocemos deriva de la creada por Sims en 1845 (probada primero en mujeres esclavas).

Si estos instrumentos se siguen utilizando con mínimos cambios es porque no interesa mejorar la experiencia de las pacientes que experimentan dolor agudo en las consultas. Y no interesa porque poco importa.

Irónicamente, un ginecólogo-obstetra suizo, el Dr. David Finci, incómodo con emplear una herramienta adaptada de un extractor de balas de la época de la Guerra Civil estadounidense (el fórceps), es quien idea otro método menos invasivo y doloroso. Así surge Carevix[1], que en 2024 recibe la aprobación de la FDA y es nombrado uno de los mejores inventos por la revista TIME.

Pero no basta con haberlo inventado. La ginecología ha sido un campo, como toda la ciencia, moldeado por hombres que intentaban resolver problemas que no experimentaban y que no entendían del todo. La industria med-tech, por igual, es financiada por estructuras eminentemente masculinas.

El generalizar su uso ha resultado difícil por el nivel de resistencia que ha encontrado. La compañía detrás de Carevix ha pasado los últimos años persuadiendo a clínicas y aseguradoras de los beneficios que ofrece y de cómo revolucionaría la atención ginecológica. Las aseguradoras, sin embargo, siguen reacias a cubrir el alivio del dolor “electivo”, y las clínicas entienden que los costos son muy elevados.

En definitiva, un sistema que se resiste a ser empático con las experiencias de las mujeres aún hoy en el S. XXI. Tendremos que ser mucho más intemperantes.

[1] https://www.aspivix.com/meet-carevix-the-gentle-cervical-device-redefining-comfort-in-womens-health/

Orlidy Inoa Lazala

Consultora

Soy investigadora y consultora para temas de justicia penal y derechos humanos con enfoque de género. Miembra del Comité de AL y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM), desde donde hago incidencia para la prevención del embarazo infantil forzado. En mi tiempo libre escribo haikus y aprendo algo de japonés.

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