Las tareas eclesiales las pone el Padre de Misericordia. Sí, así mismito como se oye. ¿Y usted cree que Dios se va a ocupar de eso? Si Dios conoce cuánto valen dos rolitas y cuántos cabellos tiene cada cabeza humana (Lc. 12, 6-7), ¿no va a saber cuál es el motivo que le da sentido a mi vida personal?

La tarea que Dios me encomienda está en el sentido que me da la vida sin yo pedírselo; está en el Valor Originario Personal e Institucional.

¿Quién me conoce más que yo mismo…? Sí, Él tiene presente a cada ser viviente, por ser Dador de vida, Fuente de vida… También sabe para qué nos hace partícipes de la diversidad de vida… Ese «para qué» es el que define las tareas personales en la vida, que la persona complementa con su decisión libre, su Valor Originario Personal, la voluntad de Dios, que se va expresando con fidelidad creativa durante el período de vida terrestre.

La tarea eclesial personal es coincidencia de dos voluntades libres: Dios y yo. Es por eso que el afán de Jesús es hacer la voluntad de su Padre… (Mc. 14, 36): «Padre, para ti todo es posible: líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». La voluntad de Dios puede ser un trago amargo, como fue la pasión y muerte de Jesús, y un trago sabroso, lleno de paz y alegría, como la Resurrección, la plenitud de vida.

Quiera uno o no quiera, nuestra primera tarea es la de anunciar, hacer presente a Aquel que nos regala la vida. Sin palabras. Solo con nuestra presencia basta; con la existencia propia y nuestras obras decimos quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos. Estas especificaciones también las podemos hacer conscientes, si libremente lo decidimos… Asumido conscientemente el V.O., podemos decidir unirnos a la misión de Jesús: «Evangelizar» a la humanidad partiendo del aquí y ahora personal. (Mc. 16, 15): «Y les dijo: "Vayan por todo el mundo y anuncien a todos la Buena Noticia"».

Claro, este anuncio nos llevará a profundizar en el conocimiento de la persona de Jesús y sus relaciones, que fortalecen el NOSOTROS, continuadores de su obra de salvación. Así podremos crecer fortaleciendo y desarrollando el sentido de humanidad, dándole identidad personal a las enseñanzas de Jesús.

La Iglesia es misionera. Misión abierta al mundo en el tiempo, en su geografía y a toda la gente. La Iglesia es tan mía como del que más autoridad tenga en ella. Como del último que acaba de ingresar. Todos somos iguales en el disfrute de sus beneficios como en la responsabilidad de cuidarla, defenderla, protegerla y expandirla…

Todos estamos enviados a evangelizar. Siempre. ¡Y hoy es siempre! Así podemos vivir en comunión, participando y viviendo nuestro compromiso eclesial cada día. ¡Ahí está presente el Reino de Dios! El NOSOTROS DIVINIZA LA HUMANIDAD… y me hace consciente de que soy lo que he vivido y seré más de lo que soy. Mi ser infinito comienza en el presente finito; es por eso que hoy es siempre. (Cfr. Redemptoris missio, de Juan Pablo II).

Regino Martínez S.J.

Sacerdote

El sacerdote Regino Martínez es el coordinador del Servicio Jesuita para los Migrantes Refugiados en Dajabón.

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