“La sororidad es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y la alianza existencial y política para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y cada una.” (Lagarde, 2006)

Marcela Lagarde, en su texto Pactos entre mujeres: sororidad, plantea que la alianza entre mujeres favorece el apoyo mutuo, la solidaridad y el acompañamiento afectivo necesarios para fortalecer la autoestima, promover el empoderamiento y enfrentar colectivamente las prácticas de violencia, explotación y opresión. Desde esta perspectiva, la sororidad se convierte en una herramienta ética y política que permite a las mujeres reconocerse como sujetas de derechos y actuar juntas frente a las desigualdades estructurales.

En el contexto dominicano, la sororidad adquiere una relevancia particular como respuesta colectiva ante la violencia de género, un fenómeno que afecta continuamente a mujeres y adolescentes y que, en muchos casos, culmina en feminicidios. En distintos territorios del país —zonas rurales, barrios marginados, bateyes y comunidades urbanas— mujeres de diversos estratos sociales han creado espacios de apoyo mutuo que han fortalecido su empoderamiento y contribuido a erosionar prácticas violentas de las que son víctimas. Estas iniciativas incluyen grupos cooperativos, organizaciones comunitarias y redes informales de acompañamiento que funcionan como mecanismos de resistencia y supervivencia.

Un ejemplo significativo es la Tertulia Feminista, que recientemente celebró su décimo aniversario. Este espacio ha logrado articular a mujeres de distintas generaciones —adultas, jóvenes y adolescentes— en Santo Domingo, Santiago y Barahona. Las participantes se integran desde dinámicas lúdicas, formativas y de intercambio de saberes, construyendo un espacio seguro para el crecimiento personal y colectivo. El esfuerzo iniciado por Yildalina Tatem y Esther Hernández, esta última continúa liderando la tertulia junto a un equipo intergeneracional, constituye un ejercicio concreto de sororidad que se enlaza con otras iniciativas históricas del país orientadas a la prevención y erradicación de la violencia de género.

La violencia de género, sin embargo, tiende a desestabilizar estas expresiones de sororidad y a frenar su crecimiento como alternativa transformadora. Los agresores suelen imponer barreras a las mujeres —incluyendo adolescentes— prohibiéndoles reunirse con otras mujeres, organizarse o identificarse como feministas, percibiendo estas acciones como amenazas a su control y hegemonía. El aislamiento forzado es una de las estrategias más efectivas para mantener a las víctimas dentro del ciclo de violencia, reforzando la culpa, la dependencia emocional y la negación de las agresiones.

Frente a esto, la sororidad puede contribuir al cambio cultural desde el debilitamiento de las estructuras que sostienen la violencia de género y feminicidios. Podría hacerlo mediante la protección y acompañamiento emocional, difusión de información sobre rutas de denuncia, reducción de la culpa y subordinación, y promoción de la autonomía corporal, económica y sexual. Asimismo, impulsar la creación de espacios de formación, la construcción de comunidad y resistencia, y la denuncia pública y colectiva.

En la República Dominicana, fortalecer las prácticas de sororidad entre mujeres es fundamental para enfrentar de manera estructural y colectiva los feminicidios. Esto implica no solo la articulación entre mujeres y organizaciones, sino también la exigencia al Estado de cumplir con su responsabilidad de protección, prevención y erradicación de la violencia. Del mismo modo, requiere la participación activa de los sectores económicos, sociales, educativos, religiosos, comunicacionales y culturales del país, para transformar las normas y prácticas que perpetúan la desigualdad y la violencia de género.

Tahira Vargas García

Antropóloga social

Doctorado en Antropología Social y Profesora Especializada en Educación Musical. Investigadora en estudios etnográficos y cualitativos en temas como: pobreza- marginación social, movimientos sociales, género, violencia, migración, juventud y parentesco. Ha realizado un total de 66 estudios y evaluaciones en diversos temas en República Dominicana, Africa, México y Cuba.

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