En los años 80 cuando estudiaba la licenciatura en Psicología se iniciaba la discusión de las distintas escuelas acerca de si las personas que buscaban acompañamiento eran pacientes o clientes. Las más tradicionales seguían el modelo medico de hablar de pacientes, mientras las más liberales defendían que no se trataba de personas que padecían de alguna enfermedad sino que estaban bregando con situaciones de la vida y la convivencia. Además de que había de por medio una transacción económica, como pago por los servicios profesionales.
Recuerdo que años más tarde, en una ocasión esperé por más de tres horas a un pediatra para atender a una de mis hijas y cuando le planteo al Dr. que me parecía demasiado tiempo de espera, su respuesta, con toda la calma del mundo fue: “Por eso se llaman pacientes, pues han de tener paciencia para esperarme”.
La verdad es que en el ejercicio de mi carrera de tantos años ya transcurridos, hago respetar mi tiempo y también el de las personas que asisten al consultorio. Desde la conciencia de que el tiempo vale mas que el dinero, me cuesta retrasarme e intento cumplir, con cierta rigurosidad, el horario para no afectar a ninguna de las partes en este sistema de relación que se establece en el momento de ofrecer y recibir este servicio profesional.
Pero me gustaría introducir una nueva acepción que aprendí leyendo a Laura Gutman quien es psicoterapeuta de origen argentina, creadora de la metodología de intervención clínica que ella ha nombrado Biografía Humana. A grandes rasgos se trata de un regreso a la historia de las personas aplicando técnicas “detectivescas” para llegar a los sentimientos de los niños y las niñas que éramos en nuestra familia, sin quedarnos atrapadas en el relato. Ella en sus innumerables libros ha profundizado acerca del vinculo que se establece entre madre y bebé en el embarazo y los primeros años de vida. Desarrollando el tema de la lactancia y su importancia en este vínculo, plantea que la paciencia es una de las habilidades que la madre ha de desarrollar para suplir las necesidades físicas y afectivas de su bebé durante este tiempo.
Habla de la paciencia como la ciencia de la paz, este planteamiento me encantó y lo asocié a los pacientes, pero quise ir un poco más lejos que la respuesta que en aquel entonces me dio el pediatra.
Me aventuré a pensar que esta paciencia como ciencia de la paz le sirve mucho a los pacientes para ser compasivos con ellos y ellas cuando intentan un cambio en su vida y de nuevo se descubren repitiendo el mismo patrón.
Esa paciencia para mirarse con ojos de amor frente al nuevo regreso a la relación de la que están intentando salir; o reconocer su vulnerabilidad y comprenderse en vez de darse latigazos porque de nuevo estalló en llanto o no le salieron las palabras que luego pensó debía haber dicho.
Tener la paciencia de reconocer en paz y sosiego que es un proceso, que los cambios se dan en baja velocidad y con mucho esfuerzo. Que el tiempo podría ser largo, pero que lo valioso es el aprendizaje de cada momento, pues no hay un lugar a donde llegar ya que tenemos toda la vida para reconstruirnos.
Una de las tareas más retadoras en los procesos de cambio es aprender a poner límites, y esto porque es un camino neuronal que solo va a transformarse con la repetición y eso cuesta. Cuesta no solo tiempo, cuesta reconocer dónde y cómo lo aprendimos y la función que ha tenido hasta ahora para sobrevivir. Cuesta conversación, reflexión y una mirada honesta a nosotras mismas y a los demás. Y para todo esto se requiere paciencia, tolerancia y cariño por la persona que somos, por esa que falla, se detiene, se cae, pero no deja de creer que en un momento futuro lo vamos a poder hacer diferente, nos daremos la palmadita por haberlo logrado y lo celebraremos.
Ser paciente en un consultorio de psicología requiere todo esto y nadie dijo que sería fácil, es un gran reto de amor a nosotras mismas que vale la alegría intentar. De manera que si, en mi experiencia tienen que ser pacientes, mas no conmigo, sino con ellos y ellas para trabajar, esperar y disfrutar su cambio.
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