Dicha práctica consiste en generar datos o informaciones adquiriendo elementos que constituyen el análisis de una obra de arte. Para la práctica de campo se utilizan variadas técnicas observacionales que dan cuenta del objeto de arte analizado.

Cubismo

Regularmente para dicho análisis se utilizan muestras o productos artísticos, así como técnicas arqueológicas, estratigráficas, paleográficas, etnológicas, filológicas, documentales, historiográficas, iconográficas y contextuales.

El final del Renacimiento

Dichas técnicas conforman el conocimiento del arte, a partir de un análisis metódico y observacional de la obra de arte, entendida en su marco expresivo y material.

Marienismo, Barroco

Se entiende en la historia del arte, esta experiencia, como el estudio empírico del objeto y como el conocimiento estético-crítico del mismo.

Se puede entender por tanto el trabajo de campo, como una herramienta metodológica que nos sirve de base para el conocimiento de la obra de arte en tiempo, espacio y formación.

Se practica la experiencia del trabajo de campo en la historia de arte como un proceso de conocimiento de la obra por parte de un investigador o un equipo de investigación que se encarga de las pesquisas correspondientes al conocimiento y observación de la obra de arte.

Para cooperar en dicho proceso se hace necesario aplicar una guía, así como mecanismos muestrales que sirvan para arrojar datos para el conocimiento de la empresa analítica y explicativa de la obra de arte.

LA CORRELACIÓN ENTRE LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA EN LA HISTORIA DEL ARTE.

Desde el Renacimiento, los principales tratadistas, arquitectos, iconógrafos, filósofos e historiadores, establecieron normas teórico-prácticas para el conocimiento del arte, su historia y su práctica.

Esto hizo que, ya empezada la modernidad, los nuevos estilos y los historiadores del arte asumieran una clara conciencia en torno al conocimiento de una obra de arte fijada tanto en el tiempo como en el espacio.

La correlación del juicio histórico y teórico, así como la correlación del juicio estético-crítico, conduce a trabajos y pruebas inductivo-deductivas, que sirven para establecer el denominado juicio de arte o juicio artístico. Algunos historiadores del arte utilizan la fuente propiciada por Vasario para fijar la biografía clave del artista.

Este tipo de método biográfico lo encontramos en la obra Vida de Artistas escrita por Vasario en el Renacimiento y que nos informa sobre aspectos de la práctica artística de arquitectos, escultores, pintores o dibujantes de mayor o menor interés en la época.

De ahí que la correlación, entre la historia, la teoría o la crítica de arte se haga necesaria como un acto comprensivo que nos muestra fórmulas y formas para el acceso al conocimiento de la obra de arte.

Algunos autores contemporáneos, como Panofsky, Gombrich y Francastel, han estudiado el fenómeno histórico-crítico, estético y teórico-histórico, como base para la explicación de obras de arte en el Renacimiento, el Barroco, el período Victoriano, el Manierismo y otras tendencias histórico-artísticas.

La correlación histórico-crítica y estético-teórica de la obra de arte, permite ascender a un conocimiento de forma y de contenido de la obra, siendo así que, entre el juicio y el producto artístico se establecen contactos, diferencias e intercontactos de tipo crítico, histórico y estético.

Analizar entonces, la obra de arte en su historicidad, supone conocer el proceso de formación y difusión del objeto o producto artístico. Lo que implica un contacto permanente con dicho objeto, al mismo tiempo que se establecen modos y fórmulas para la lectura artística.

El cuadro-cultura

Es una formación estética en donde se expresa lo pictórico y el pintar, como un orden básicamente cultural. La técnica del cuadro-cultura es la de la muestra en base a una estructuración de modelos mentales y artísticos.

Se puede decir, entonces, que la historia de la pintura ha sido siempre la historia del cuadro-cultura. La historicidad del cuadro se manifiesta también como hecho cultural, tal como ocurrió en los siglos XIII, XIV, XV y XVI, pero también, como ha evolucionado en los siglos XVII, XVIII, XIX y XX.

Existe una diferencia marcada entre el cuadro-cultura del Manierismo y del Barroco, y el cuadro cultura del Romanticismo, el Impresionismo y el Cubismo, entre otras tendencias contemporáneas. La diferencia la encontramos en la juntura formal y en el contenido temático de la pintura o de los cuadros-cultura.

Odalís G. Pérez

Escritor

Miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua

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