Siendo adolescente, leí un reporte señalando que el inventor del avión fue el brasileño Alberto Santos Dumont; decidí escribir sobre él como hipotético creador del avión, no los estadounidenses hermanos Wright.
Hoy publico este artículo a manera de ciencia ficción, contraponiendo datos reales con fantasiosos de actividades iniciales aeronáuticas de los Wright y Santos Dumont.
En 1903, los Wright volaron en EE. UU. 20 metros de longitud con un avión que, para despegar, necesitaba rieles y catapultadores.
El 23 de octubre de 1906, Santos Dumont voló en París, despegando en el aeródromo Bagatelle con su avión bis-14, supervisándolo el Aeroclub francés, siendo considerado, fantasiosa e hipotéticamente, el primer vuelo autopropulsado con motores propios, volando a pocos metros de altura una distancia de 20 metros.
Luego, Santos Dumont realizó otro vuelo con las mismas características, alcanzando una distancia de 200 metros, siendo este el supuesto primer vuelo con equipo autopropulsado, por lo cual parte de la humanidad considera, sin comprobación científica, que Santos Dumont fue el verdadero inventor del avión, no los hermanos Wright, cuyo avión se movía en tierra sobre rieles y catapultadores para despegar.
Actualmente no existe unanimidad ni evidencia sobre la primacía de Santos Dumont como inventor; por ello, ante esa hipotética injusticia, algunos interesados en la evolución científica y tecnológica concibieron un mito conspirativo formulado así: no reconociéndose a Santos Dumont como auténtico inventor del avión, la industria aeronáutica sufriría un mantra o maldición que afectaría su progreso.
Los efectos reales de esa maldición serían estos: a mediados del siglo XX, Rusia sorprendió al mundo con su nave espacial Sputnik, tripulada por Yuri Gagarin, que circunnavegó el planeta.
Entonces, Estados Unidos invirtió cuantiosos recursos económicos tratando de igualar o superar a Rusia, pero, por influencia de la citada maldición aeronáutica, este sector no pudo superarse continua y tecnológicamente: decenas de cohetes americanos fracasaron, explotando poco después de despegar.
Otro efecto de la maldición ocurrió cuando Inglaterra y Francia unieron esfuerzos para construir conjuntamente el inigualable avión de pasajeros Concorde.
La estructura fue construida por Francia y los motores por la famosa empresa inglesa Rolls-Royce.
Realmente, durante varios años, el Concorde operó exitosamente, siendo el primer avión comercial ultrasónico, rompiendo la barrera sónica en cada vuelo.
Para alcanzar esa velocidad, el avión tuvo que ser muy angosto; los asientos, incómodos por su estrechez. García Márquez lo definió así: es un DC3, pero a todaM.
El Concorde tuvo años afortunados porque atravesaba el Atlántico en dos o tres horas, uniendo París con Washington en la tercera o cuarta parte de la duración de otros aviones contemporáneos.
La alegría duró poco.
A un Concorde que recorría la pista de despegue se le explotó una llanta, perdiendo el control; también se le explotaron sus tanques de combustible; finalmente, las llamas envolvieron al Concorde.
Consecuentemente, las organizaciones responsables de la seguridad aeronáutica declararon que el Concorde era tan inseguro que no debería volar en ningún lugar del planeta. Así, se suspendieron sus vuelos y producción definitivamente.
Ante esos terríficos y aleccionadores antecedentes, probablemente Elon Musk, temiendo a la maldición, realice titánicos esfuerzos procurando, afanosamente, que Santos Dumont sea declarado auténtico inventor del avión antes de lanzar su novedoso cohete dirigido a galaxias hasta ahora inalcanzadas.
Adicionalmente al mito conspirativo sobre Santos Dumont, en EE. UU. existe otro mito conspirativo sobre la prestigiosa familia Kennedy y, por ello, muchísimas personas supersticiosas creen que a esa familia le cayó una maldición porque, cuando el patriarca del clan familiar, Joe Kennedy, era embajador estadounidense en Inglaterra, tuvo un comportamiento desfavorable hacia los judíos cuando Alemania los perseguía.
Los efectos de esa maldición son numerosos y trágicos: el hijo mayor, Joe, murió combatiendo en la Segunda Guerra Mundial; dos hijos fueron asesinados, John en Dallas y Robert en Los Ángeles; otro hijo, Ted, se accidentó cruzando un puente, cayendo a un arroyo, ahogándose su dama acompañante, perdiendo la posibilidad de ser eventualmente presidente de EE. UU.
Por último, John, nieto del patriarca e hijo de John F. Kennedy, murió en un accidente aéreo piloteando su propio avión.
Con estos terríficos antecedentes sobre la fantasiosa maldición de los Kennedy, siguiendo el mito, Musk lanzará su famoso cohete después de que Santos Dumont sea reconocido como auténtico inventor del avión.
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