A Bernardo Matías, con afecto.
El papel del paciente, de la familia y de la comunidad en el modelo de atención en salud mental con enfoque comunitario solo se puede establecer de manera efectiva mediante las funciones inherentes al Centro de Salud Mental Comunitario (CSMC). Le corresponde a este ser el eje articulador de la red de salud mental en el ámbito territorial para una población general de alrededor de 200 000 habitantes, lograr la coordinación y organización de los servicios y programas de red asistencial y asegurar la continuidad de los cuidados de salud de los usuarios asistidos, sea en los establecimientos de atención primaria (CPS/UNAP), o en los centros especializados y hospitales generales, o de cualquier otro servicio asistencial, como Centro de Rehabilitación Psicosocial, hogares de paso, vivienda tutelada; o desde la misma comunidad, o desde un servicio asistencial de la sociedad civil.
En la esfera de su demarcación territorial, el CSMC desarrolla acciones con la comunidad organizada fomentando la participación de las asociaciones de personas afectadas por problemas y trastornos mentales y grupos de familias, así como de organizaciones de la sociedad civil comprometidas en el proceso de identificación de necesidades de salud mental, planificación, gestión y evaluación de planes y programas de intervención local, a la vez que promueve la organización de la comunidad.
Los servicios y programas de los CSMC identifican las necesidades específicas, preocupaciones y responsabilidades en cada etapa del ciclo de vida, buscando la construcción de relaciones equitativas y justas en poblaciones vulnerables. En el campo clínico, ofrecen posibilidades para el desarrollo de investigación y formación de recursos humanos en pre y posgrado en salud mental comunitaria. Tienen la responsabilidad de desarrollar los programas de rehabilitación psicosocial, así como programas de continuidad de cuidados. De igual manera, realizan atención oportuna de las personas que se encuentran en situación de emergencia psiquiátrica y refieren a aquellas que requieren hospitalización a establecimientos de un nivel superior según la normativa de referencia y contrarreferencia.
Los servicios de red incluyen: servicios de prevención y control de problemas y trastornos de la infancia y adolescencia, servicios de prevención y control de problemas y trastornos del adulto y adulto mayor, servicios de prevención y control de adicciones, y servicios de participación social y comunitaria.
Las funciones del CSMC van dirigidas a realizar asistencia técnica, supervisión y capacitación para la mejora de las intervenciones clínicas, psicosociales y de gestión en salud mental a los establecimientos de salud del primer nivel de atención, a los servicios médicos de apoyo de su territorio, los cuales realizan la identificación, atención y seguimiento de los casos leves o menos complejos y la referencia de los casos graves y complejos a los CSMC.
Le corresponde, además, brindar atención ambulatoria especializada y visitas domiciliarias a usuarios con trastornos mentales y problemas psicosociales graves o complejos, asegurando la continuidad de cuidados a través de los establecimientos de salud correspondientes. Los casos que lleguen al servicio y son considerados no graves o no complejos reciben una primera atención para el cumplimiento de su plan de tratamiento.
Es una función sustancial del CSMC articular las acciones con los actores sociales de la comunidad para el cuidado de la salud mental de las personas, la familia y la comunidad. Para tal fin, debe coordinar el desarrollo y organización de los programas de rehabilitación psicosocial, promoviendo actividades de apoyo y soporte social (culturales, sociales, deportivas, ocupacionales, de ocio, entre otras), para facilitar la estructuración de la vida cotidiana y ofrecer el soporte social que los usuarios puedan necesitar, especialmente el de aquellos con mayores dificultades de funcionamiento e integración, y por tanto mayor riesgo de deterioro, aislamiento y marginación. La creación de agrupaciones de usuarios autogestionados es un objetivo de primer orden. Por igual, debe manejar y coordinar con los recursos sociocomunitarios en los que consigan participar los usuarios y que puedan ser de utilidad en su integración social.
El servicio de participación social comunitaria implica fomentar el involucramiento social de personas, grupos y organizaciones sociales y civiles en el ámbito territorial para la promoción de la salud mental, la prevención, detección, tratamiento y rehabilitación de problemas de salud mental, así como en la planificación, ejecución y evaluación de dichas intervenciones. De igual manera, debe colaborar en establecer los mecanismos de coordinación institucional y articulación intersectorial para la promoción de la salud mental en la comunidad al facilitar la organización y movilización social de redes para la inclusión de la ciudadanía y el empoderamiento social a favor de la salud mental. Esto se logra al identificar los recursos comunitarios formales e informales existentes en la comunidad y que son llamados a formar parte en la elaboración de los planes de desarrollo y de las mesas de trabajo que buscan incidir, junto a los decisores políticos y equipos de gestión, en la incorporación del componente salud mental en las políticas públicas.
La participación comunitaria es vital para el apoyo a las estrategias de comunicación social para la promoción de la salud mental y la lucha contra el estigma en la comunidad y en el personal de salud. Asimismo, su respaldo es fundamental para desarrollar programas de promoción y prevención de trastornos mentales en respuesta a evidencia de riesgos detectados, así como para desarrollar estrategias que favorezcan la igualdad de género en la comunidad. Su ayuda es inestimable en la coordinación de las sesiones del plan individualizado de atención, el plan de rehabilitación y el plan de continuidad de cuidados de pacientes que padecen trastorno mental grave. De igual manera, incide en la coordinación de las visitas domiciliarias y en las intervenciones en las escuelas, estancias infantiles y clubes. Juegan un papel decisivo en el control de riesgos colectivos. En fin, juegan un papel de colaboración para formar grupos de pares y de familias en la comunidad.
La participación comunitaria fortalece el rol del Centro de Salud Mental en la medida en que vigoriza las capacidades de los recursos comunitarios y los actores sociales para facilitar su participación social.
Como queda en evidencia, el primer nivel no tiene la capacidad de comprometer a la comunidad en su autocuidado, ni mucho menos lo puede hacer el hospital, sea general o psiquiátrico. El enfoque comunitario en salud mental es una inversión social que se traduce en reivindicación y democratización de la participación social en la salud mental.
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