Los jóvenes de hoy están sufriendo riesgos que les afectan su existencia y bienestar a un nivel nunca conocido en la sociedad dominicana. Lo dicen ellos mismos.
En las ediciones del 2025 y 2026 del congreso nacional de estudiantes, organizado por el Ministerio de Educación, donde cientos de estudiantes representando las 18 direcciones regionales, hacen exposiciones sobre el tema, han identificado consistentemente, entre otros, los siguientes factores de alto riesgo: Uso y abuso de sustancias (Vapeo), uso de redes sociales (Ciberacoso o dependencia emocional), débil vínculo escuela–familia–comunidad y la falta de empoderamiento estudiantil en la construcción de cultura de paz.
Por nuestra parte, condujimos 12 grupos focales dentro de programas de capacitación como mediadores comunitarios y escolares, con 225 jóvenes provenientes de barrios pobres de San Cristóbal y Santo Domingo, que identificaron entre otros, estos factores de riesgo: violencia en el hogar, formación y rendimiento académico, pobreza familiar, exclusión social, la deserción escolar y la dimensión vital del ser humano.
Veamos a continuación una discusión sucinta de las mismas:
Violencia en el hogar. La mayoría de los jóvenes indicó que en un gran porcentaje de sus hogares se recurre al castigo físico o psicológico para disciplinar a los niños. Esta información se corrobora con datos arrojados por encuestas realizadas al respecto. La violencia aprendida en el hogar sirve como factor reproductor de las actitudes y uso de la misma.
Formación y rendimiento académico. La educación es la vía principal que las sociedades usan para elevar su capital humano, promover el trabajo y el desarrollo social. Si grandes grupos de personas no son beneficiadas por la educación, la marginalidad y la vulnerabilidad de las mismas se manifiesta en forma catastrófica, tanto para el individuo como para la sociedad en cuestión. Indicaron que, en muchos casos, apenas se cubre una parte reducida del currículo anual, así como las deficiencias del docente para formar a los alumnos. Ligado a este fenómeno, está la falta de apoyo didáctico en los centros en términos de materiales educativos, falta de oportunidades para experiencias de aprendizaje diversas, pocas actividades extracurriculares o falta de apoyo en el hogar para realizar las tareas escolares y adquisición de conocimientos suplementarios. Eso conduce a que la escuela produzca graduados con muy bajo nivel escolar, en muchos casos, incapaces de incorporarse a la educación universitaria y al mercado de trabajo.
Pobreza familiar: el factor de la pobreza afecta profundamente a los niños y adolescentes en una forma directa y brutal; y se constituye en un elemento que contribuye a su exclusión y marginalización. Los efectos de la pobreza, en cuanto al desarrollo social y físico, son evidentes; y se empeoran cuando esta no permite ni siquiera la satisfacción de las necesidades básicas de techo, alimentación y cuidados médicos. El desempleo y el subempleo de los padres ahonda más la situación, y muchas veces los jóvenes se dedican a tareas remunerativas de toda clase, no solo para mantenerse ellos, sino también para ayudar en el hogar, lo que reduce el tiempo para dedicarlo al avance formativo.
Exclusión social. La baja educación y la pobreza en el entorno familiar y comunitario se pueden constituir en elementos de gran impacto en la exclusión social de los adolescentes. Sin embargo, la criminalización de los jóvenes pobres es un factor predominante que les impide tener acceso a oportunidades de desarrollo social y educativo, y también se constituye en riesgo para su propia vida, pues en el imaginario social y policial ser joven pobre y residir en barrios marginales, suele ser sinónimo de criminalidad.
La deserción escolar. En las zonas rurales, los niños se ausentan de la escuela para integrarse al trabajo, ya sea de ayuda a los padres en el conuco o negocio, o a las madres en las labores del hogar. En las zonas urbanas, les es más difícil y ahora se ocupan en delivery, ayudantes en talleres, etc. Hay otras dos razones más ligadas a la escuela: por un lado, no adquirir los conocimientos básicos que le permitan avanzar a grados superiores; y, por otro, el desfase de la edad y el grado escolar; muchas veces encontramos adolescentes de 15, 16 y 17 años de edad en 6to., 7mo. u 8vo. cursos, creando situaciones de ajuste de tremendas proporciones. Los efectos más dramáticos son que estos adolescentes tienen dificultades para participar en programas de capacitación para insertarse en el mercado laboral, y no hay mecanismos viables para recibir educación alternativa. Si logran terminar el octavo grado, muchos entran a trabajos de salarios mínimos donde se mantienen toda la vida, o nunca pueden obtener trabajo, teniendo que recurrir a vías extremas para su subsistencia, como el “chiripeo”.
La dimensión vital individuo . Un elemento de gran trascendencia, que constituye un riesgo de peso para los niños, y especialmente para los adolescentes, es la falta de realización del yo, y de modelos y ambientes para desarrollar valores y principios de vida que les ayuden a formarse como individuos independientes, pensantes e integrados. Las expresiones artísticas y deportivas, por ejemplo, se ven truncadas por no tener espacios físicos y oportunidades para su desarrollo. La falta de oportunidades para crear proyectos de vida y desarrollarse experimental y afectivamente, constituyen barreras para la expresión del yo, y su desarrollo saludable. Un factor preponderante es que el sujeto joven, al verse sin este apoyo social, las tensiones propias al crecer se constituyen en elementos imposibles de superar y, muchas veces, devienen en situaciones fatales para el adolescente.
Ignorar estos riesgos está teniendo un costo social enorme.
¿Qué puede hacer el Estado para establecer medidas y políticas sociales que reduzcan o eliminen estos riesgos?
Compartir esta nota