Esta revolución del tránsito urbano se fundamenta en más de veinticinco estudios, diagnósticos urbanos, planes de movilidad y experiencias comparadas aplicadas en ciudades de América Latina, Europa y Asia. Todos coinciden en una premisa fundamental: el tránsito no se ordena solo con educación, ni solo con sanciones; se ordena con una combinación inteligente de normas estrictas, fiscalización constante y estímulos adecuados para el comportamiento responsable.

Destaca que entre estos estudios, quien suscribe ha participado en varios: a) riesgos y tasas de la epidemiología de los accidentes; b) medición con dispositivos en el subsuelo del tiempo, tipo y cantidad de vehículos por unidad de tiempo; c) encuesta de satisfacción de usuarios; d) peso en toneladas de los vehículos circulantes; e) mapas y videos de simulación de la lógica y tiempo del tránsito; f) relatividad de los vehículos pesados en el tránsito; g) total de estacionamientos generados por unidad de tiempo; y más.

Se trata, en esencia, de aplicar al tránsito la lógica clásica de «crimen y castigo», concepto popularizado por la obra del gran escritor y novelista ruso Fiódor Dostoievski. Cuando la violación de la norma no tiene consecuencias reales, el caos se convierte en regla.

La ciudadanía dominicana está cada vez más hastiada del desorden vial que domina las ciudades. No se trata solo de congestión, sino de inseguridad vial, muertes evitables, pérdida de productividad, deterioro ambiental y detrimento de la convivencia urbana, excesivo consumo de combustibles, precipitación del cambio climático, ciudades llenas de islas de calor provocadoras de infartos y accidentes cerebrovasculares.

En este contexto, el actor institucional decisivo para enfrentar el problema son los ayuntamientos. La ley establece que la gestión del espacio público y de la movilidad urbana es, ante todo, una responsabilidad municipal, en coordinación con instituciones nacionales como el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) y la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT).

El principio es claro: sin acción municipal, ninguna institución nacional puede hacer magia en el territorio. La experiencia internacional demuestra que las crisis de movilidad aparecen con fuerza en ciudades que superan los 150 mil habitantes, cuando la expansión urbana, el aumento del parque vehicular y la informalidad del transporte superan y arrasan con la capacidad institucional de regulación. Ante esta realidad, proponemos los siguientes 10 mandamientos para ordenar el tránsito.

1. Ordenar a los nuevos emperadores de las vías: Los motoconchistas y motoristas se han convertido en los verdaderos protagonistas del sistema de movilidad urbana. Su crecimiento responde a la falta de transporte público eficiente, pero su expansión sin regulación genera altos niveles de riesgo. La medida fundamental consiste en, a la vez que se controla la cantidad, implantar el chaleco numerado y georreferenciado, junto con cascos homologados, mediante un pacto con sindicatos, colmados, supermercados, centros de alimentos y redes comunitarias. La evidencia internacional demuestra que la identificación visible de conductores y la obligatoriedad del casco pueden reducir hasta en un 50 % las muertes por accidentes de motocicletas.

2. Decretar la prioridad de las intersecciones y priorizar los semáforos: Las intersecciones son el corazón del caos urbano. Allí se mezclan peatones, motocicletas, taxis y transporte público en un espacio reducido. Es necesario crear espacios adelantados para motocicletas en los semáforos, permitiendo que esperen el cambio de luz en primera fila. Esta medida, aplicada en varias ciudades del mundo, reduce conflictos entre vehículos. Asimismo, deben instalarse barreras metálicas en las esquinas de cruces críticos para impedir que taxis, conchos y motoconchos recojan o dejen pasajeros en los puntos más peligrosos.

3. Intervenir los cruces más peligrosos: La mayoría de los accidentes se concentra en un número reducido de intersecciones. Cada municipio debe identificar entre 25 y 50 cruces críticos y ejecutar intervenciones inteligentes: ampliación de giros, rediseño de carriles, mejor señalización y control semafórico. Estas intervenciones de ingeniería de tráfico tienen efectos inmediatos en la reducción de accidentes y en la misma congestión o "tapones", como popularmente se le denomina aquí.

4. Eliminar el estacionamiento caótico: Uno de los principales factores de congestión es el uso indebido del espacio vial para estacionar vehículos. Debe establecerse una prohibición estricta de estacionamiento en vías primarias, multas y pactos con propietarios de estacionamientos privados para ampliar la oferta. Paralelamente, se debe incentivar al sector empresarial a construir edificios de estacionamientos urbanos, mientras los ayuntamientos fortalecen su capacidad de control mediante grúas y dispositivos como cepos o bloqueadores de ruedas para sancionar infractores.

5. Financiar semáforos con las multas: Las multas deben cumplir una doble función: sancionar y financiar soluciones. Los recursos recaudados deben destinarse a ampliar la red de semáforos municipales y a mejorar su sincronización. El correcto cronometraje de los ciclos de luces permite crear "olas verdes", es decir, secuencias coordinadas que facilitan la circulación fluida. Diversos ejecutivos del INTRANT han sido sometidos a la justicia por adquirir semáforos a discreción. Eso es función de los ayuntamientos, que ellos compren y desplieguen.

6. Organizar las paradas del transporte público: El transporte colectivo informal genera paradas improvisadas que paralizan la circulación. Es indispensable definir, señalizar y ordenar paradas formales para conchos, minibuses y taxis, donde se pueda recoger y dejar pasajeros sin bloquear las vías.

7. Regular la circulación de vehículos pesados: Se debe regular la circulación de más de 57 mil vehículos pesados y camiones de volteo, estableciendo rutas y horarios específicos. La aplicación estricta de multas puede incentivar el uso de circunvalaciones y peajes periféricos, reduciendo el tráfico pesado en los centros urbanos. En la misma línea, es necesario cambiar el horario de recolección de basura: en muchas ciudades dominicanas, a diferencia de otras de América Latina, los camiones compactadores operan en horas de alto tráfico, generando enormes tapones. La solución es clara: establecer horarios nocturnos de recolección de residuos, práctica común en ciudades organizadas, donde los servicios urbanos se programan para no interferir con la movilidad diaria.

8. Crear el programa "Empresas seguras": Detrás de muchos accidentes se encuentran empresas que presionan a sus conductores para operar sin descanso, sin mantenimiento adecuado o sin cumplir normas de seguridad. Debe crearse un programa de "Empresas seguras", financiado mediante un fondo para movilidad ordenada, que premie a las empresas que cumplan estándares de seguridad vial y sancione a las que promuevan prácticas irresponsables.

9. Arborizar las vías para humanizar la movilidad: La movilidad no es solo circulación de vehículos; también es calidad del espacio urbano. Las vías primarias deben arborizarse con especies autóctonas que generen sombra, reduzcan temperatura y mejoren el confort urbano, incentivando que más ciudadanos caminen. El uso indiscriminado de palmeras en avenidas responde más al paisajismo decorativo que a la función ecológica. Arborizar no es decorar; se arboriza para mejorar el microclima urbano.

10. Activar los Consejos Municipales de Movilidad: Finalmente, la gobernanza del tránsito debe institucionalizarse. La Ley 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial de la República Dominicana establece la creación de Consejos Municipales de Movilidad y Tránsito, donde participen ayuntamientos, sindicatos, ciudadanía organizada, autoridades nacionales y actores económicos. Estos consejos permitirían supervisar políticas, monitorear resultados y presionar por el cumplimiento de las normas.

Conclusión. Ordenar el tránsito no es un desafío técnico imposible; es un desafío de voluntad política, coordinación institucional y disciplina ciudadana. Cuando las reglas se aplican con firmeza y coherencia, la movilidad cambia rápidamente. Las ciudades dominicanas necesitan pasar del caos tolerado al orden planificado. Y ese cambio comienza con decisiones firmes como las que se proponen hoy.

Reynaldo Peguero

Epidemiólogo y urbanista

Maestro en Administración y epidemiología, especialista en Planificación Estratégica del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU), Barcelona, y director del Consejo de Desarrollo de Santiago (CDES).

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