La recién puesta en escena de la Feria Internacional del Turismo (FITUR) realizada en España vuelve a confirmar el posicionamiento de la República Dominicana como uno de los destinos turísticos más dinámicos del Caribe. Los anuncios de importantes inversiones públicas y privadas reflejan la confianza, crecimiento y continuidad del sector. Sin embargo, este escenario también nos invita a una reflexión necesaria: el gran reto del turismo dominicano ya no es solo crecer en hoteles, sino planificar destinos más allá del hotel.
Durante décadas hemos sido testigos como nación de diversas apuestas impulsadas a lo largo de todo el territorio nacional atrayendo millones de visitantes hasta llegar a récord históricos; sin embargo, en muchos casos estos proyectos han funcionado como enclaves desconectados de su entorno inmediato. Hoy en día el destino demanda de un vínculo con el territorio; a través de cercanías a la cultura local, la naturaleza, su historia y su gente. De igual manera cuando la experiencia se impulsa más allá del hotel el impacto económico se multiplica, el empleo se localiza, se ordenan las ciudades y el desarrollo se vuelve más inclusivo y sostenible.
Pensar en la República Dominicana como un país multidestino implica reconocer que el atractivo turístico no se concentra en unos cuantos polos; es un ejercicio que nos lleva a mirar hacia las diez regiones del país, las cuales poseen vocaciones diferenciadas y complementarias. Con un catálogo de costas, montañas, ríos, áreas protegidas, ciudades históricas, pueblos con identidad, turismo rural, comunitario y cultural. Cada territorio tiene activos únicos que, bien planificados, pueden diversificar la oferta turística y reducir las brechas regionales.
Para estos fines se requiere establecer una visión planificada del territorio que resalte el potencial de cada localidad y a su vez contribuya en reducir las limitaciones que pueden afectar la construcción de un destino más allá del hotel. De esta manera el turismo puede convertirse en una palanca para dinamizar las regiones, impulsar las economías locales, fortalecer la identidad y proteger el patrimonio natural y cultural.
Los montos de financiamiento anunciados en FITUR para el presente año contribuirán en aumentar la infraestructura hotelera, lo cual permite consolidar la oferta turística del país. La localización de esta inversión tendrá un mayor impacto cuando la misma forme parte de una estrategia orientada al desarrollo del territorio donde el Estado, el sector privado y las comunidades actúen de manera coordinada.
La República Dominicana ya demostró que es un destino con la capacidad de atraer turistas; ahora toca el turno de demostrar que su territorio tiene una oferta diversificada. Una propuesta que por un lado vincula lugares con experiencias y por el otro lado distribuye el desarrollo en cada rincón del territorio. El futuro del turismo dominicano no es solo más habitaciones, sino más destinos, más territorio integrado y más bienestar para la gente. Un turismo verdaderamente multidestino; el cual se planifica y a la vez sitúa a su gente como sujeto de su desarrollo.
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