Julio Ortega Frier, Intendente General de Educación.
En 1916 República Dominicana fue intervenida y ocupada por Estados Unidos de América. La intervención militar contra nuestra patria fue un hecho que concitó la repulsa de la generalidad del pueblo dominicano.
Los principales intelectuales de la época suscribieron llamados y desarrollaron acciones de franco rechazo a la ocupación de nuestro suelo por parte de tropas de Estados Unidos.
Sin embargo, hubo un sector que apoyó dicha intervención y brindó su apoyo a las acciones que llevó a cabo el gobierno interventor durante ocho años, el cual estuvo encabezado por un gobernador militar norteamericano. Entre los intelectuales que colaboraron con los norteamericanos se destacó Julio Ortega Frier.
En ese contexto, los cambios experimentados en los distintos órdenes fueron bruscos y marcantes en la sociedad dominicana. Específicamente, la educación y la enseñanza del español se proyectaron en un nuevo escenario que, en principio, era muy distinto al que se proyectaba hasta entonces, teniendo como punto de referencia la Escuela Normal fundada por Hostos.
Pero, paradójicamente, la ruptura con el modelo educativo del siglo XIX no fue tan tajante ni lamentable. Eso se debió a un hecho: la herencia hostosiana había prendido en la educación dominicana y era muy difícil desalojarla de la mente, la formación y la práctica de quienes luego de la desaparición del Maestro, empuñaron la antorcha de la Escuela Normal.
En efecto, en los años de la ocupación norteamericana, el pensamiento hostosiano estaba vivo y renaciente. La Revista de Educación, editada durante esa época, trae bastantes artículos que reproducen el pensamiento educativo de Hostos, lo que indica que ese gran educador gravitaba en la escuela dominicana.
Un hecho era evidente: quienes estaban al frente de los asuntos educativos del país, en particular de la Escuela Normal que aún estaba en auge, fueron dos discípulos directos de la educación hostosiana, habiéndose graduado en las primeras promociones, a final de siglo XIX y a principios de siglo XX.
Entre esos discípulos se encontraba Julio Ortega Frier, graduando de la Escuela Normal Preparatoria. También Arístides García Mella, quien durante el período de la intervención norteamericana fue el director de la Escuela Normal Superior.
Julio Ortega Frier (1888-1953) fue Rector de la Universidad de Santo Domingo durante dos períodos (1937 a 1938 y de 1943 a 1944) y durante sus gestiones hizo una gran contribución al desarrollo de esa alta casa de estudios.
Durante la intervención norteamericana se desempeñó como Intendente General de Educación bajo el tutelaje del ministro de Justicia e Instrucción Pública, cargo ocupado por un coronel de la armada norteamericana, y desde esa función Ortega Frier desarrolló un vasto programa de desarrollo de la educación dominicana.
Reforma de la educación
Los planes sobre la educación se iniciaron en 1916, cuando el gobierno militar norteamericano mediante la Orden Ejecutiva No. 25, creó la Comisión de Educación presidida por Monseñor Adolfo A. Nouel e integrada por Pelegrín Castillo, Manuel Ubaldo Gómez, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, Federico Henríquez y Carvajal y Julio Ortega Frier.
Esa comisión tenía por misión producir un informe acerca del estado de la educación en el país a fin de iniciar un proceso de reformas. Luego de que se rindiera el informe en 1918, mediante una Orden Ejecutiva el gobierno militar promulgó un conjunto de leyes en el ramo de la educación, entre las cuales la creación del Consejo Nacional de Educación, órgano rector de la educación dominicana.
En tanto que, la Revista de Educación, medio oficial de difusión del Consejo Nacional de Educación, se publicó en forma trimestral sistemáticamente, y jugó un papel importante en la divulgación de las reformas educativas. Era dirigida por Julio Ortega Frier.
Entre las reformas contempladas en esas leyes estaban las que establecían tres niveles de la enseñanza: el nivel primario con cuatro modalidades: maternal, elemental, especial y superior; el nivel secundario, con dos modalidades: la normalista y la vocacional; y el nivel universitario.
Durante los años 1918 y 1921 la educación se extendió a nivel nacional en República Dominicana, abarcando toda la geografía del país. La Revista de Educación contiene suficiente información al respecto: nóminas, número de escuelas, lugares que abarcaba la educación, etc.
En el nivel primario había cinco tipos de escuelas: la Escuela Graduada, la Escuela Nocturna, la Escuela Vocacional, la Escuela Rudimentaria y la Escuela Rural Fronteriza.
La Escuela Graduada era la principal. Constaba de cuatro grados, los cuales comprendían dos cursos cada uno de una duración de un año. Se dividía en la Primaria Elemental de primero a tercero, con una duración de seis años. La Primaria Superior, que era el cuarto grado, con una duración de dos años.
En general, los niños ingresaban a la escuela a la edad de 6 o 7 años y terminaban los estudios primarios ocho años después, a la edad de 14 o 15 años. Esa estructura permaneció vigente hasta bien entrada la década del treinta.
Era equivalente al sistema que hoy conocemos en cantidad de años, pero en lugar del primero y el segundo era el primer grado; en lugar del tercero y el cuarto era el segundo; en lugar del quinto y sexto era el tercero y en lugar del séptimo y octavo era el cuarto grado.
Por eso se decía antes que con un cuarto grado de primaria las personas estaban bien preparadas, pero eso equivalía al octavo grado. Los primeros tres grados de entonces eran obligatorios y preparaban a los estudiantes para la vida y el trabajo. El cuarto grado era opcional, y estaba reservado para los estudiantes que se orientaban a los estudios secundarios, los estudios magisteriales en la Escuela Normal o para los estudios universitarios.
Durante los años de 1919 a 1921 la Superintendencia General de Educación renovó los planes de estudios de la educación primaria y la educación secundaria. En la educación primaria las asignaturas eran: lectura y escritura simultánea, lenguaje, aritmética, lecciones de objetos (ciencias naturales), trabajos manuales, labores femeniles (costura, corte, etc.) y canto.
Reforma en la enseñanza del español
El énfasis mayor en la enseñanza era para los “estudios del lenguaje”, nombre genérico que abarcaba lectura y escritura y lenguaje.
La orientación más general y significativa en la enseñanza de la lengua durante el período de la intervención norteamericana de 1916 a 1924 es aquélla que distinguía tres conceptos: lectura y escritura, lenguaje y castellano.
Esa distinción en los planes de estudios era funcional, pues representaba una graduación en el aprendizaje de la lengua. Lectura y escritura y lenguaje se impartían en la educación primaria; en la cual, la composición era parte esencial de la enseñanza del lenguaje en los primeros grados. La asignatura Castellano correspondía a la educación secundaria.
Esa distinción era también importante desde el punto de vista lingüístico. Se basaba en la separación conocida desde Hostos, entre lengua y gramática.
Lectura y escritura y lenguaje eran áreas orientadas al desarrollo prácticos de las habilidades de los alumnos en lengua. Castellano, tal como se entendía en la época, era sobre todo gramática y conocimientos conceptuales sobre la lengua.
En ese sentido se expresaba M. Campillo Pérez, Inspector de Instrucción Pública, en su Informe al Intendente de Enseñanza del Departamento Este, en el que le exponía el progreso alcanzado en aquel tiempo, 1919, en la enseñanza del lenguaje.
“Hasta hace muy poco tiempo era esta materia lastimosamente confundida con la enseñanza de la Gramática. Hoy se tiene, en cada escuela, bien establecida la diferencia entre las dos asignaturas, entendiendo cada maestro, que el lenguaje, o más bien la enseñanza del lenguaje, es un preliminar preparatorio de lo que más tarde constituirá la enseñanza de la Gramática de la lengua, con sus reglas y principios.
Se ha instituido en los cursos inferiores en los puntos siguientes: pronunciación y escritura correcta del vocabulario. En los cursos de término, los ejercicios de composición y redacción de correspondencia han sido elementos nuevos en la materia. Ha habido la tendencia a que el niño adquiera facilidad de expresión y conocimiento preciso de las palabras que dice y escribe.
Para eso ha sido muy provechosa la clase de esta materia suministrada en forma de diálogo, a la vez que se hace escribir a aquellos niños que pueden hacerlo, frases cortas que van sucesivamente ampliándose con términos nuevos, obteniendo de este modo el aumento del vocabulario tal como debe ser, con conocimiento del modo de pronunciarlo, de escribirlo (ortografía práctica), sin acepción o acepciones, si tuviere más de una, su uso o aplicación en desenvolvimiento de las ideas, conjunto de explicaciones que constituyen lo que hemos mencionado con la denominación de ilustración de términos.
El uso del diccionario ha sido también elemento nuevo en las escuelas, en los grado tercero y cuarto, introduciendo como lo prescribe el Plan de Estudios y Programas. Es un auxiliar complementario para la mejor eficiencia en esta enseñanza. En general, puede decirse, que la asignatura ha evolucionado de manera notoria hacia los verdaderos fines a que debe concurrir, no perdiéndose de vista que esta materia se ejecuta en la enseñanza de todas las demás materias, lo cual da al educando un concepto cabal de la importancia que encierra el conocimiento de la lengua”.
Los conceptos emitidos por el señor Campillo Pérez, un técnico de Educación de la época, recogen las orientaciones contenidas en los programas de estudios que, como se observa, eran aplicadas en las escuelas dominicanas. La conciencia lingüística y pedagógica de la época era: menos gramática y más comprensión y expresión en la clase de lenguaje en el nivel de la educación primaria.
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