Hubo un tiempo donde había otra manera de organizar la acción política de la izquierda, especialmente la que tenía al marxismo como orientación. Con objetivos específicos. Alineando a cada militante en funciones donde pudiera ser útil al Partido y a la causa.

No todo era público, no se trataba de figurear sino servir a la causa. Por eso había militantes en los sitios más insospechados, desde aparatos represivos hasta la curia, desde una discoteca de barrio pobre a un Country Club de señoritos hijos de Don Dinero…

Todos sirviendo a su misión, como esponjas empapándose de las vivencias, manteniendo un flujo informativo que hacía del partido, de hecho, un cerebro elaborador de políticas realistas, porque disponía de informaciones transversales. Desde las fábricas a los Palacios, desde los cuarteles a los Centros de Mando y Decisión. Un monstruo de mil cabezas.

Todo eso se fue desmontando cuando se creyó que había que universalizar como método de toma de poder no la organización, la disciplina estricta jesuita o militar, el gradualismo, sino las acciones voluntaristas, de mini grupos hiper radicalizados donde la valentía temeraria estuviera por encima de todo.

Ahí comenzó el deterioro del marxismo de la tradición de la segunda y tercera internacional y, la sustitución del marxismo por el blanquismo. Aunque fuera un blanquismo que usaba el léxico marxista y el léxico leninista, según la conveniencia. Pero que en el fondo se movía "prima facie" por "coger" el poder de la manera que fuera, siguiendo a un líder luminoso e indiscutible, donde la dirección colegiada era un ornamento no una realidad.

Se primó la formación de saber usar un fusil más que la preparación de un cuadro político, que lleva más tiempo y requiere pasar por múltiples experiencias, políticas y vitales, para madurar. Aventureros y pseudo estrategas improvisados se elevaron a dirigentes máximos, cuyo balance está por hacerse. Sangre, tiros, atentados, muertos.

Se pierde militarmente una guerra y, en vez de hacer un repliegue, aprender de, digamos las lecciones de la Comuna de Paris y como después de vencer a los "communards," Thiers ("mutatis mutandis", Balaguer, la CIA, y sus agentes criollos), desarman, persiguen y aniquilan a los combatientes más aguerridos o más fogosos. Olvidaron aquella guia milenaria: Quieren tentarnos a pelear, no lo hacemos. Nos provocan, no respondemos. Nos buscan, nos escondemos.

Fenómeno cuasi universal. Cuando pierdes una guerra, una batalla y te desarman, te tienen fichado, conocen tus escondites, la gente que te rodea, quienes te ayudan, donde te escondes… Volver a coger las armas para luchar en condiciones peores y en debilidad, demuestra, hay que decirlo, desesperación ética, si se quiere valorarlo así, pero a la vez carencia de capacidad táctica estratégica, para analizar con frialdad la coyuntura.

Provocar la salida hacia el terrorismo individual, inducido por los victimarios, era su "buena táctica", para acabar con los más bravos y con los peor orientados políticamente. Por eso no es de extrañar que hijos de esos actores destacados en esa etapa, digan que ellos han renunciado a la herencia de sus padres, al menos, en esas tácticas, que pueden ser objeto de alabanza como muestra de voluntad de sacrificio, símbolo del martirologio "religioso”, pero nunca como opción política válida, no digamos de marxismo, sino de simple sentido común.

Escoger callejones sin salida no es una política válida para fortalecer las fuerzas populares… Y de eso se trata… Aquí y ahora, con todas las limitaciones de tiempo, espacio, coyuntura, desigualdad infinita de recursos, y un largo etc. Por ello hay que hacer todo lo posible para fortalecerse, crecer, detectar los fallos y ponerles remedios y mirar hacia atrás sin ira, pero sin condescendencias.

Esperemos que al menos se abandone el simplismo de analfabetos en praxis política, en la cuarta parte del siglo XXI y siguientes, donde más que nunca se requiere rectitud de miras, objetivismo, culto a los hechos y realidades, fina sutileza y flexibilidad, y dejar atrás la épica milenarista de rebeldes más o menos primitivos, más o menos adictos a la logomaquia.

Plena de heroicidades individuales y colectivas, cierto, pero con muy relativa escasez de triunfos sólidos. La roca, como medida de la solidez y de la durabilidad siempre es y será una organización de acero. Que permanece y se ensancha sea en tiempos eufóricos o de depresiones.

En breve, si hoy existe algo que debe estudiarse con lupa es la primera potencia tecnológica, digital, manufacturera mundial, China, que en menos de 20 años ha sacado a más de 800 millones de personas de la pobreza, y lo ha hecho posible gracias a las ideas- fuerzas y el golpe de timón de Den Xiaoping y un equipo disciplinado de gente excelentes en todos los ámbitos.

No de parlanchines quienes querían un salto, no adelante sino al vacio, que hubiera conducido a China a ser hoy, una comuna de desarrapados iguales, eso si, iguales en su impotencia y necesidades insatisfechas.

Aprendamos de los éxitos de un pueblo trabajador, disciplinado, bien organizado y mejor dirigido.

EN ESTA NOTA

Carlos Julio Báez Evertsz

Politólogo y sociólogo

Doctor en sociología y politólogo. Autor de los libros Desigualdad y clases sociales, Madrid, 2017; La modernización fallida, Madrid, 2012; Partidos políticos y movimiento popular en la RD, Madrid, 2011; Dominicanos en España, españoles en Santo Domingo, UASD, 2001; La comunicación efectiva, INTEC, 2000, y recientemente ha publicado Rosa Luxemburgo hoy. Su legado para la izquierda democrática, 2021.

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