Miguel Collado desarrolló, según dice, desde el ¿Centro Dominicano de Investigación Bibliográfica?, una investigación titulada en un post de Facebook Poetas dominicanos vivos cuya obra poética ha obtenido excelente recepción crítica en el periodo 1980-2020.
La publicación, de entrada, plantea algunas preguntas: ¿cuál fue la metodología utilizada?, ¿cuáles fueron las fuentes consultadas?, ¿qué corpus documental se construyó?, ¿qué criterios se utilizaron para determinar lo que significa “excelente recepción crítica”? Y, sobre todo, ¿dónde está publicada esa investigación (además del post de Facebook)? ¿Existe un Centro Dominicano de Investigación Bibliográfica? ¿Cuáles son las publicaciones e investigaciones desarrolladas por este centro, avaladas por quién o quiénes?…
La pregunta no es menor. Cuando alguien presenta una lista como resultado de una investigación y afirma que esta refleja la recepción crítica de la poesía dominicana durante cuatro décadas, está haciendo mucho más que compartir una opinión personal: está produciendo una forma de legitimación. Está diciendo quién ha sido leído, estudiado, reconocido y legitimado por la crítica. Y cuando esa selección excluye a las escritoras (así en femenino), resulta necesario preguntar qué criterios hicieron posible esa exclusión, en especial porque el periodo estudiado se corresponde con el de mayor visibilidad y toma de lugar de las poetas dominicanas en la historiografía bibliográfica nacional.
Desde mi experiencia en investigación, hay algo elemental: después de identificar un tema, corresponde revisar el conocimiento existente sobre este. Eso implica consultar bases de datos académicas, repositorios, catálogos, publicaciones especializadas y otras fuentes que permitan construir un corpus documental. Si, además, se pretende estudiar la recepción crítica de una obra literaria, es indispensable establecer qué se entiende por crítica y cuáles son los materiales que permitirán medirla.
Porque la crítica literaria, en términos académicos, no se reduce a las tertulias, peñas, conversaciones de café o círculos tradicionales donde un grupo de amigos “literatos” (históricamente conformados, en buena medida, por hombres y una que otra varona intelectual) se dan la mano y se intercambian palmaditas en la espalda. La crítica literaria también es un campo de producción de conocimiento: artículos, ensayos, tesis, capítulos de libros, reseñas especializadas y otras investigaciones que circulan por espacios académicos y editoriales.
Por eso decidí hacer un ejercicio muy burdo y rápido (toca reconocerlo) para contrastar, al menos de manera preliminar, la afirmación implícita en la lista de Collado. Seleccioné a Ángela Hernández Núñez porque es una de mis autoras favoritas y porque su trayectoria corresponde al periodo establecido por la investigación. Para contrastarla, escogí al azar a Cayo Claudio Espinal, uno de los nombres incluidos en la lista y sobre el cual no emito juicio de valor alguno, el ejercicio es meramente exploratorio e ilustrativo.
La pregunta era sencilla: si la lista pretende identificar a poetas cuya obra ha obtenido una “excelente recepción crítica”, ¿qué ocurre cuando buscamos evidencia de esa recepción en algunas de las principales bases de datos académicas?
Los resultados de esta búsqueda preliminar fueron los siguientes:
Dialnet
- Ángela Hernández Núñez: 79 documentos encontrados.
- Cayo Claudio Espinal: 0 documentos encontrados.
Google Académico
- Ángela Hernández Núñez: aproximadamente 18.200 resultados.
- Cayo Claudio Espinal: aproximadamente 485 resultados.
ProQuest
- Ángela Hernández Núñez: 3.462 resultados.
- Cayo Claudio Espinal: 59 resultados.
JSTOR
- Ángela Hernández Núñez: 1.069 resultados.
- Cayo Claudio Espinal: 12 resultados.
Conviene hacer una precisión: estos resultados, por sí solos, no constituyen una medición científica de la recepción crítica. Los motores de búsqueda utilizan criterios distintos, pueden incluir duplicados, menciones, registros bibliográficos de naturaleza diversa y materiales que no necesariamente equivalen a estudios críticos sobre la obra literaria. Para realizar una investigación rigurosa habría que definir variables, depurar los resultados y establecer un método de análisis comparable.
Pero justamente ahí está el problema.
Si una investigación pretende afirmar que determinados poetas han tenido una “excelente recepción crítica”, no puede prescindir de una metodología que permita demostrarlo. Y si una escritora como Ángela Hernández que, al menos en esta búsqueda preliminar, presenta una presencia documental considerablemente mayor que uno de los escritores incluidos en la lista, queda fuera de la selección, resulta legítimo preguntar cuáles fueron los criterios utilizados para construir ese canon.
La lista de Collado me produjo, honestamente, muchísima risa. Pero después de la risa llegó la preocupación.
Porque esto no se trata únicamente de Cayo Claudio Espinal ni de Ángela Hernández. Tampoco se trata de decidir quién escribe mejor. Se trata de algo mucho más importante: quién tiene el poder de nombrar, seleccionar y legitimar.
¿Quién decide qué poeta merece ser considerado relevante y cuáles poetas ni siquiera existen? ¿Quién establece qué cuenta como recepción crítica? ¿Quién tiene acceso a los espacios desde los cuales se construye la legitimidad literaria? ¿Quién aparece en las listas, en las antologías, en las investigaciones y en los programas académicos? ¿Y quién queda fuera?
Durante décadas, las mujeres escritoras han tenido que disputar precisamente esos espacios de reconocimiento y lo hacemos con rigor, con formación, con producción intelectual y creativa. Por eso resulta difícil leer una selección de este tipo como un asunto meramente inocente o anecdótico cuando reproduce ausencias que forman parte de una historia mucho más larga de exclusión de las mujeres del canon literario.
Hay otra pregunta que me parece todavía más importante: ¿qué es exactamente el Centro Dominicano de Investigación Bibliográfica?
También busqué investigaciones atribuibles a ese supuesto centro o a Miguel Collado y, en mi búsqueda, no encontré ninguna publicación académica que permitiera identificar una trayectoria investigativa institucional, tampoco personal. Pero este señor tiene años ocupando espacios y siendo voz autorizada en la literatura dominicana ¿sobre la base de qué? porque publicar una lista en Facebook no convierte automáticamente una lista en una investigación, por más que se la titule de ese modo.
Y aquí conviene ser muy clara: investigar no es simplemente afirmar. Investigar supone formular preguntas, establecer criterios, identificar fuentes, construir un corpus, contrastar información y hacer explícito el procedimiento mediante el cual se llega a unas conclusiones.
Una lista puede ser perfectamente legítima como selección personal, como gusto, como recomendación, como ejercicio de memoria o incluso como provocación. Lo que resulta problemático es presentarla como el resultado de una investigación sobre la recepción crítica de la poesía dominicana sin hacer públicos los procedimientos que permitieron construirla. De ese modo se falsea la historiografía bibliográfica nacional y el canon literario nacional.
Quizá el problema de fondo no sea que Collado haya elaborado una lista con la que yo no estoy de acuerdo. El problema es que todavía seguimos confundiendo con demasiada facilidad la autoridad de quien habla con la evidencia de lo que dice. El problema es que seguimos tribuyendo autoridad por vox populi más que por trayectoria demostrada y esa autoridad falseada perjudica, no solo a las mujeres, sino a la propia literatura dominicana.
Y mientras eso siga ocurriendo, mientras determinados hombres continúen ocupando los lugares desde los cuales se decide quién merece ser visto, leído y reconocido (así en masculino genérico, pues para ellos las mujeres somos una molesta cuota que toca llenar para ser políticamente correctos, a veces), habrá escritoras que tendrán que seguir demostrando, una y otra vez, que sí estuvieron allí, que estamos aquí, que nuestra genealogía es basta, rica y poderosa, que somos leídas, estudiadas, reseñadas, antologadas y valoradas por la crítica, pero casi siempre es otra crítica, la de fuera porque aquí dentro, en esta isla rodeada de agua y machirulos, se niegan a vernos, leernos, reconocernos. Octubre es el mes en que se celebra el Día de la Escritora (19 de octubre) Las escritoras, las poetas, estamos y siempre hemos estado aquí produciendo poesía. En el poema Estación de la Tierra la gran Aída Cartagena escribió “No creo que yo esté aquí demás./ Aquí hace falta una mujer, y esa mujer soy yo.” ¡Esas mujeres somos todas nosotras, amigas poetas, amigas escritoras, no estamos aquí demás!
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