Decía el filósofo danés Søren Kierkegaard que "la vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante". Esta aparente contradicción aporta una pista valiosa: nos invita a hacer balance, dimensionar los eventos de nuestra vida y extraer el aprendizaje necesario para marcar las coordenadas del futuro.
Vivimos experiencias que, vistas de manera aislada, carecen de sentido, pero que, en el contexto adecuado, resultan aleccionadoras o, cuando menos, referenciales. Es el caso de una anécdota que me viene a la mente: ocurrió en 2015, cuando estaba embarazada, y aunque en apariencia no tiene nada de extraordinario, en el contexto de mi vida profesional —y más aún al analizar el desarrollo de las relaciones bilaterales entre República Dominicana y la antigua Turquía, hoy Türkiye— marca un punto de referencia inevitable.
En una consulta médica rutinaria, previa a un viaje a Estambul, mi distinguido doctor me aconsejó llevar mi propia agua embotellada. No quise desperdiciar su valioso tiempo explicándole que Estambul era una de las ciudades más extraordinarias que había visitado: una metrópolis que conecta Europa y Asia a través del imponente estrecho del Bósforo, una ciudad de calibre histórico excepcional —¡la antigua Constantinopla!— que había sabido sortear las vicisitudes del tiempo hasta convertirse en un trascendental centro comercial, financiero y cultural.
Por asociación de ideas, recordé la cantidad de cuestionamientos que recibía cuando las personas se enteraban de que emprendería otro viaje a Türkiye. Esos comentarios me hicieron recordar el punto de partida y reconocer cuánto hemos avanzado: hoy, quienes antes me miraban con extrañeza, me preguntan cuándo los invitaré a un recorrido por ese país.
Ese cambio no es solo de percepción. Los datos de inteligencia comercial de ProDominicana entre 2013 y 2024 lo confirman: la relación comercial se cuadruplicó en valor y duplicó los actores involucrados, pasando de 21 productos exportados a 30, y de 6 provincias exportadoras a 11. Eso no es casualidad, es construcción sostenida. En esos números es evidente el esfuerzo institucional por impulsar el vínculo bilateral: un crecimiento que pasó de ser explosivo a consolidarse en una estabilidad que invita a prestar atención.
Estos son datos oficiales y concretos, pero el éxito en las relaciones internacionales no se construye únicamente sobre la firma de acuerdos, las visitas oficiales, los cócteles diplomáticos o las negociaciones de Estado a Estado. Este crecimiento responde también a iniciativas y gestiones privadas que actúan como catalizador de grandes logros.
Pocas veces son analizadas y reconocidas en su justo valor las acciones privadas que cambian el rumbo del vínculo entre dos naciones. Un viaje, una llamada, un contacto entre los actores adecuados pueden acelerar procesos que tardarían años en madurar por los canales tradicionales.
Un ejemplo digno de análisis es el impacto que tuvo la apuesta de don Pepín Corripio por las telenovelas turcas en la percepción que muchos dominicanos tienen hoy de ese país. Que Türkiye se haya convertido en un destino de ensueño para numerosos dominicanos no parece ser completamente ajeno a aquella decisión editorial.
Las producciones turcas no solo representaron un excelente negocio para don Pepín —quien, durante una visita que me correspondió organizar a su despacho en 2018, nos compartió que habían roto récords de audiencia—, sino que posiblemente funcionaron como una primera aproximación al país para miles de televidentes dominicanos. Ese interés coincidió, además, con la decisión del Gobierno turco de simplificar el proceso de visado para ciudadanos dominicanos en 2016, facilitando el tránsito de la curiosidad al viaje.
Y con los viajes llegó algo más: la exploración de oportunidades comerciales, el descubrimiento de productos y fábricas turcas, y una mayor familiaridad con una oferta que hoy tiene presencia en varios supermercados dominicanos, ofreciendo alternativas de calidad.
Lo que para República Dominicana fue producto de la casualidad, para los turcos no lo es en absoluto. La industria de las telenovelas turcas, además de ser enormemente lucrativa —generando más de mil millones de dólares anuales en ingresos por exportaciones en 2025—, funciona como una poderosa herramienta de diplomacia cultural y poder blando que impacta positivamente en el turismo hacia Türkiye, en el impulso de su industria textil y en el consumo global de productos turcos.
Esa poderosa maquinaria televisiva turca ha provocado, sin proponérselo, un efecto similar para República Dominicana. "Survivor Türkiye", reality show que lleva años liderando los índices de sintonía en Turquía, se filma en una playa paradisíaca del este dominicano y nos ha puesto en el mapa para millones de turcos. Sin embargo, hay aspectos inquietantes que nuestras autoridades, al parecer, no han sabido interpretar, y mucho menos aprovechar.
Es sorprendente la cantidad de turcos que ha oído hablar de República Dominicana a través de ese programa, pero conviene matizar: "Survivor Türkiye" muestra a famosos sobreviviendo en condiciones extremas en una playa. Se agradece la exposición, pero lo que el público turco termina viendo difícilmente puede traducirse por sí solo en turismo e inversión. Para convertir esa atención en resultados concretos, hace falta la intervención estratégica del Estado, que capitalice año tras año una promoción que, hasta ahora, no le ha costado un peso.
Esto establece una paradoja difícil de ignorar: exposición masiva, conversión irrelevante. Los turistas turcos siguen siendo invisibles en las estadísticas del Ministerio de Turismo.
Un vistazo a la región lo hace aún más evidente: Turkish Airlines opera vuelos directos a Cuba, Panamá, México y Venezuela. ¿Cómo es posible que el fenómeno turístico de República Dominicana no haya logrado captar cifras significativas de viajeros turcos, contando además con una presencia masiva en el imaginario turco gracias a Survivor Türkiye?
En un encuentro con empresarios turcos celebrado en 2016, lanzaron la crítica velada de que República Dominicana tenía poca conectividad en la región. El hecho de que aquellos empresarios turcos hubieran tenido que fletar un avión privado para visitar algunas islas cercanas parecía sustentar la queja. Diez años después, el panorama es notablemente distinto: una nueva aerolínea dominicana ha mejorado la conectividad del país de forma sustancial, y con ello, las condiciones para retomar conversaciones pendientes.
Türkiye hizo de sus novelas una herramienta de diplomacia cultural que además genera mil millones de dólares. Nosotros tenemos a millones de turcos viendo nuestra playa cada semana sin costo alguno para el Estado dominicano. La pregunta no es si vale la pena invertir en convertir esa atención en turismo, comercio e inversión; la pregunta es cuánto tiempo más vamos a esperar.
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