Nadie sabe por qué retirarse de una actividad u oficio es tan difícil. La dificultad crece según la fama cosechada en la práctica. Pero la política, sin dudas, tiene la supremacía en cantidad de longevos ejerciendo. Octogenarios activos.
Hablar de retiro —sin importar el oficio— nunca hace referencia a sentarse encerrado en una casa sin hacer nada. Todo lo contrario, el retiro alude a la garantía de continuar el trabajo propio a través de otras personas.
En el deporte, por ejemplo, la retirada se produce de manera natural por la edad del atleta. Los velocistas —pongamos por caso— se van temprano. Ninguno llega a los 40 años corriendo. Con los corredores de fondo resulta lo contrario.
Pero cuando llega la hora de abandonar la competición trae aparejada una nueva carrera. Se inicia, en consecuencia, la carrera de entrenar a otros. La carrera de dirigir a otros hacia el éxito.
Los nuevos atletas —por derivación— compiten basados en la experiencia del antiguo campeón. Quiere decir que usted está en la pista representado por ellos. Las medallas, en estos casos, son de tanta o más satisfacción que las propias.
Los líderes políticos deberían —como los deportistas— asumir un comportamiento similar. Prolongar su vida útil en la competición electoral a través de generaciones de líderes más animosos. Permitirse disfrutar la maduración de ideas brillantes en las cabezas de sus pupilos.
¿Será que los expresidentes Hipólito Mejía y Danilo Medina entendieron esa realidad?
La práctica política de uno y otro en la actualidad parece indicar que, por razones diferentes, ambos líderes están decididos a seguir como entrenadores.
Hipólito Mejía
Hipólito Mejía Domínguez, ingeniero y expresidente, aspiró por última vez en el 2012; no logró volver. Pero —en adelante— se empleó en conseguir que su partido alcanzara la presidencia del país.
Hoy el PRM está justo a la mitad de su segundo período de gobierno. Mejía ahora se encuentra enfocado en una de dos: primero, en empujar que su hija se convierta en la primera mujer presidenta de la República.
En segundo lugar, Hipólito, de no lograr el objetivo anterior, seguiría pujando para que el gobierno siga en poder del PRM.
Danilo Medina
Danilo Medina Sánchez, economista y expresidente, aspiró por última vez en el 2016; entregó el gobierno en el 2020. Impedido por la Constitución, no ha podido aspirar a la reelección. ¿Se habrá resignado a la negativa?
Resignado o no, lo cierto es que Medina encamina sus esfuerzos y habilidades de armador a conseguir un repunte del PLD como organización política. Aspira a elegir un candidato que devuelva la primacía al partido morado.
El expresidente actúa como un árbitro, no importa que algunos presumidos se empeñen en descartarlo. Danilo no tiene de otra. Su única opción es reconstruir un liderazgo capaz de reflejarse en las candidaturas moradas. Y de eso él sabe como nadie.
Leonel Fernández
El Dr. Leonel Fernández Reyna, tres veces presidente de la República Dominicana, contrario a los dos anteriores, intenta volver a sentarse en la silla de alfileres. ¿Le negará el paso a su hijo?
Fernández dejó el PLD y fundó tienda aparte porque no tenía oportunidad de seguir mandando. La tienda —en ocasiones— ha tenido buena venta. Presenta, sin embargo, problemas para sostener la factura.
Leonel confía en la palabra para convencer. La Biblia lo dice: "La palabra es la luz". Y Agustín de Hipona va más lejos cuando expresa: "La Palabra es la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo".
Parece que el expresidente no entiende que la palabra está sujeta a los giros de la dialéctica. Y Hegel concebía la dialéctica: "Como una lucha entre la luz y las tinieblas". En esa lucha, argumentaba: "La luz resulta siempre victoriosa".
El exmandatario, por lo anterior, debería —como Aarón hizo con Moisés— poner la palabra al servicio de su hijo. Apoyarse, además, en la luz que hace días viene alumbrando el camino político de su vástago.
En suma, los tres líderes señalados —Hipólito, Danilo y Leonel— deberían perpetuar su carrera política anclada en la cabeza de sus seguidores. Los dos primeros están en esa onda. ¿Cuándo le toca aterrizar al tercero?
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