Quién les paga a las madres sus hijos adictos
Las grandes potencias han utilizado el uso de las drogas, desde hace siglos, como método de contrainsurgencia y dominación política de los países y sus pueblos. China fue una de las peores víctimas.
En este sentido, el opio jugo un papel contrainsurgente, convirtiéndose en una poderosa y sutil arma contra los ciudadanos de las naciones que luchaban por su liberación e independencia.
El poder político históricamente ha utilizado los estupefacientes para neutralizar a los jóvenes en su resistencia y rebeldía contra la política intervencionista de las grandes potencias. Éstas han estado muy conscientes en sus planes estratégicos. “Un joven adicto es un soldado rebelde menos para los pueblos”.
Sin embargo, el flagelo del consumo de estupefacientes se ha hecho universal en todo el mundo. Múltiples son los propósitos y motivaciones de sus promotores y consumidores; mas la vieja estrategia de dominación es más sutil y está siempre presente para desviar a la juventud de sus nobles propósitos políticos, económicos, sociales y humanísticos.
El peso de los daños físicos y morales de los adictos los pagan los miembros de las familias como una de las peores tragedias en las que viven con el alma destrozada, y sin amparo, casi siempre, durante el resto de su vida.
Cuando se actúa a tiempo, frente al caso, la familia puede resolver muchas veces la situación; sin embargo, el asunto es muy complejo sociológicamente. Encontramos casos donde la familia queda destruida y carga a sí misma el más pesado de todos los infiernos. ¿Quién no ha visto en su vida ejemplos demoledores desde el punto de vista humano?
Varios casos cabalgan en mi memoria: el joven del barrio que se perdió en el mundo del vicio y la gente, en un acto de ignorancia, le cambió su apellido por el nombre del estupefaciente que usaba. La peor forma de condenarlo. Él se aisló de los jóvenes del sector. Jamás supimos de él.
Conocí a un joven, huérfano de madre fallecida, y de padre “vivo”, que una noche me llamó desde el parqueo de mi edificio. Y me dijo: “maestro Nino, he hecho todo lo posible para luchar contra este infierno, pero no he podido”. A los pocos días supe que había fallecido…
¿Quién les paga a las madres sus hijos adictos?
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