El reciente terremoto en Panamá sacudió una capital que crece hacia arriba, sin que se reportaran víctimas mortales. Ese desenlace invita a mirar lo que pocas veces ocupa nuestra atención: las decisiones que sostienen la seguridad de una construcción.

Cuando compramos una vivienda, solemos preguntar por su ubicación, el tamaño de las habitaciones, los estacionamientos y las facilidades de pago. Miramos la cocina, los baños y la vista desde el balcón. Es menos frecuente que preguntemos por el estudio del suelo, el diseño estructural o la supervisión de la obra. Buena parte de lo que sostiene nuestra seguridad queda detrás de las paredes.

En el Caribe, esa conversación debe incluir tanto los terremotos como los huracanes. Construir con seguridad exige evaluar el terreno, evitar zonas inundables y diseñar estructuras resistentes a los movimientos sísmicos y a los vientos de un huracán. La protección también debe abarcar techos, anclajes, puertas y ventanas. El lugar donde una familia busca refugio tiene que ofrecerle seguridad.

La mayoría de los países cuenta con reglamentos, códigos y legislación para la construcción. También existen estándares internacionales que sirven de referencia. Pero hay que llevarlos del papel a la práctica. Del texto a los bloques. Eso exige profesionales preparados, materiales adecuados, supervisión de las obras y autoridades que hagan cumplir las disposiciones.

También exige ciudadanos que pidan garantías. No podemos ser demasiado confiados: hay que preguntar. Al pensar en adquirir una propiedad, debemos mirar más allá de las paredes: quién la diseñó, quién supervisó su construcción y qué documentación respalda su seguridad. Una fachada bien terminada no responde esas preguntas.

El Banco Interamericano de Desarrollo señala que la resiliencia de la infraestructura depende de la existencia de los códigos, su calidad, su carácter legal y su nivel de cumplimiento. Aprobar una norma es parte del trabajo. Aplicarla requiere capacidad técnica, recursos y continuidad. La seguridad de una construcción exige una cadena de responsabilidades: quien diseña, quien construye, quien supervisa, quien autoriza y quien mantiene el edificio.

El trabajo continúa después de la inauguración. Las construcciones deben revisarse periódicamente, recibir mantenimiento y someterse a evaluación cuando se modifican. Añadir una segunda planta, eliminar una pared para ampliar la sala o cambiar el uso de un edificio son proyectos que requieren evaluación profesional. La necesidad de ganar espacio no permite saber si la estructura puede soportar la modificación.

Deben respetarse igualmente las disposiciones sobre el uso de los edificios, la cantidad de personas que pueden recibir y las condiciones para evacuarlas. El permiso inicial debe ir acompañado de vigilancia durante la vida útil de la construcción.

La tragedia de Jet Set, en abril de 2025, recordó dolorosamente en República Dominicana lo que está en juego. Quien entra a bailar, trabajar, estudiar o recibir atención médica carece, por lo general, de los conocimientos necesarios para evaluar una estructura; entra confiando en que podrá regresar a casa. Esa confianza debe estar respaldada por profesionales, propietarios y autoridades que revisen los espacios mientras están en uso y hagan cumplir los reglamentos.

También hay familias que construyen o amplían por necesidad, con recursos limitados y dificultades para pagar asesoría. Una política de vivienda debe acercarles asistencia técnica y soluciones seguras. No basta con proveer un techo a las familias: ese techo tiene que ser seguro.

Las escuelas, los hospitales y los edificios destinados a servir de refugio merecen especial atención. Debemos conocer su condición antes de necesitarlos durante una emergencia. Revisarlos, mantenerlos y corregir sus vulnerabilidades requiere presupuesto y continuidad, incluso cuando el tiempo está despejado y la tierra permanece quieta.

Los huracanes suelen darnos tiempo para seguir una trayectoria, abastecernos y preparar una evacuación. Un terremoto puede sorprendernos en medio de cualquier actividad. En ambos casos, la seguridad del edificio se trabaja mucho antes de que llegue la alerta o comience el movimiento.

No podemos controlar las manifestaciones de la naturaleza. Pero sí podemos controlar cómo nos enfrentamos a ellas: dónde construimos, cómo diseñamos, qué materiales usamos y cómo revisamos y mantenemos las edificaciones. Podemos, además, hacer cumplir los reglamentos. En cada una de esas decisiones está en juego la vida humana.

Pedro Tocuyo

Pedro José Tocuyo es periodista, publicista y estratega en comunicación. Colabora con organizaciones de la industria turística en proyectos de comunicación y mercadeo, experiencia que enriquece su mirada como columnista de política, economía, sociedad y tecnología en medios internacionales.

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