Inicia el nuevo año escolar. Nuevos desafíos y grandes esperanzas de que en este nivel los resultados serán mejores. Toda una Comunidad Educativa comprometida en un esfuerzo colectivo para que niños, niñas y adolescentes logren avanzar hacia la madurez, el logro de habilidades académicas, sociales, espirituales y psicológicas que les permitan tener una mejor adaptación en el presente y a futuro.
Surgen varias preguntas, entre ellas: ¿Cómo será el manejo de los docentes? ¿Cómo reaccionarán nuestros hijos ante sus nuevos retos? ¿Qué harán cuando tengan alguna dificultad en las relaciones con otros niños? ¿En qué medida la actitud de los padres se convertirá en un interferente o un factor de motivación importante para el rendimiento escolar de sus hijos?
De todas las preguntas anteriores me centraré en responder la última, relacionada con la actitud de los padres y las madres. Cuando hablamos de ellos debo comenzar refiriéndome a su rol dentro del hogar como figuras conductoras de la nave que todos esperan llegue a un puerto seguro. Son los padres y madres las principales figuras de conexión que tienen los estudiantes y la principal base de apoyo para el rendimiento escolar. Ya este esfuerzo lo coronarán los docentes con su arsenal de habilidades y liderazgo sobre los alumnos y alumnas.
- Una primera recomendación que hago a los padres es que animen a sus hijos para que sean los mejores alumnos posibles. No se trata necesariamente de ser el mejor de todos, pero sí que aprendan a buscar la excelencia, a no ser conformistas o subestimadores de sus potencialidades. El mejor alumno posible se compara consigo mismo, mirando auto críticamente sus errores, y con actitud compasiva aprender de ellos, sin lastimarse con pensamientos de culpa o de condena. Este tipo de alumno no culpa a las circunstancias externas cuando las cosas no van bien, sino que busca causas posibles dentro de sí mismo, algunas de las cuales pueden ser: desmotivación, inseguridad, desconfianza, indisciplina, mal uso del tiempo o exceso de exposición a pantallas.
- No compare a sus hijos de forma negativa con sus hermanos u otros estudiantes. Las comparaciones negativas son odiosas; traen sentimientos de hostilidad, envidia, frustración y deterioro de la auto estima. Es más útil invitarles a que se pregunten en qué punto se encuentran hoy, aquí y ahora en función de cómo estuvieron el pasado año y, como quieren estar a fin de año. A partir de ahí será importante que vean si lo que están haciendo hoy es diferente a lo que hicieron antes, si están satisfechos con los resultados, y en caso de que no, invitarlos a revisar sus hábitos, conductas y actitudes para ver donde se pueden hacer algunos cambios.
- No abandone a sus hijos cuando las cosas no van bien. Enviar mensajes de rechazo o transmitirles hostilidad a través de insultos como formas de reproches porque el rendimiento escolar no avanza conforme a lo esperado, son conductas desafortunadas que dejan a los niños en un profundo estado de soledad e indefensión. La conexión afectiva con sus padres es uno de los principales nutrientes que alimenta la fuerza motivacional que impulsa a nuestros hijos hacia el aprendizaje. Las principales causas de los problemas de aprendizaje no están en la “necesidad insatisfecha de recibir insultos”, así que estos son innecesarios y por demás destructivos.
- Entienda que no todos los niños tienen el mismo ritmo de aprendizaje. Desde que se aplican las pruebas de inteligencia se sabe que hay niños que tienden al logro de resultados más altos por encima del promedio de su edad; esta es la categoría de normal alto. En cambio, hay otros niños que rinden en la norma, es decir, conforme al promedio donde se encuentran la mayoría de los niños, mientras que otros lo hacen por debajo de la norma, normal bajo. Si uno de nuestros hijos cae en esta última categoría, no nos desesperemos. Una actitud paciente, mejoría en las estrategias de enseñanza y la percepción de que su conexión con sus padres no está amenazada, con el tiempo dará sus frutos.
- Mantenga buena alianza con el Centro Educativo o la Escuela. El rendimiento escolar es el resultado de un trabajo en equipo donde la alianza con los actores escolares (docentes y personal administrativo) será determinante. Mantenga buenas relaciones con los actores del Sistema Educativo. Evite formular comentarios negativos sobre los docentes, así como hacer reclamos desmedidos para que sus hijos reciban un tratamiento complaciente que sobreestime sus capacidades o habilidades. Coopere con las actividades tanto curriculares como extracurriculares. Cambie sus patrones de exigencia y reclamos desmedidos por preguntas sobre qué puede hacer o aportar en favor de la causa del centro educativo y los procesos que este impulsa en favor del desarrollo de sus hijos.
- Cree un entorno hogareño estimulante para estudiar. Trate de tener áreas en el hogar que inviten a la lectura y el estudio. Compartan en familia contenidos de aprendizaje de forma amena y relajada. Pregunten a sus hijos sobre sus principales aprendizajes del día. Dialoguen sobre cómo estos aprendizajes contribuirán al desarrollo y avance hacia el logro de metas importantes para la vida.
- Contribuya a la creación de un clima de paz en el entorno educativo. Evite mensajes que promuevan la violencia en la escuela. Si surgen conflictos anime a que los mismos se solucionen de forma pacífica. Muestre rechazo a que sus hijos emitan conductas burlonas o acosadoras hacia otros niños. En caso de ser ellos que las reciban, anímelos a que confíen en ustedes y se los digan. Si tiene algún desacuerdo con la dinámica del centro educativo, háblelo con altura y presente sus observaciones de forma respetuosa, siempre agradeciendo el esfuerzo que hacen desde la institución por el desarrollo de sus hijos.
- Valore el esfuerzo y estimule los cambios, aunque sean pequeños. La aspiración del desarrollo académico no es solo el logro de buenas calificaciones en un año, sino contribuir de forma estable al desarrollo de sus hijos en el tiempo. No se concentre solo en las notas, sino también en el esfuerzo que hacen nuestros hijos para mejorar. Incentivemos en ellos la perseverancia y la templanza que deben mantener cuando las cosas no vayan como desean. El aprender de sus errores y no rendirse ante las adversidades o frustraciones cuando los buenos resultados no llegan, constituyen también conquistas saludables de un buen aprendizaje escolar.
- Establezca frenos hacia las conductas conspiradoras del buen rendimiento escolar. Las conductas conspiradoras son todas aquellas que obstruyen el aprendizaje, y que pueden ser evitadas sobre la base de la responsabilidad y la buena disciplina personal y hogareña. Dentro de ellas se encuentran: consumo de vape, cigarros, alcohol, pornografía sexual, exceso de pantallas, conversaciones banales e improductivas, pérdida de tiempo, no cumplir a tiempo con las asignaciones, falta de una rutina de estudios, delegación en otros de sus responsabilidades, falta de prioridades, falta de un proyecto de vida y metas confusas.
- Cuide de no utilizar el rendimiento escolar como una prueba de la valía de su ego como padres. Tenga presente que su rol es apoyar el desarrollo de sus hijos a través de ese valioso recurso que es la educación escolar. Evitemos utilizar los logros académicos de nuestros hijos para exaltarnos como padres ejemplares. Mantenga la humildad y vea los buenos logros como el resultado de un trabajo en equipo donde los hijos confirmen que van por el buen camino. Anímelos a mantener las buenas rutinas e integrar otras nuevas que los ayuden a seguir explotando su potencial y sabiduría.
- Evite convertir el hogar en un campo de batalla en relación a los temas escolares. Las peleas en torno a los resultados académicos condicionan de forma aversiva las actividades escolares, quitándole la satisfacción natural que conlleva el aprendizaje. Más que pelear, sugerimos evaluar para saber cuáles son las conductas conspiradoras que están obstruyendo el logro de los objetivos y, sobre esa base proceder a neutralizarlas como parte de un trabajo en equipo: padres, docentes y estudiantes.
- Evite caer en patrones extremos de negligencia. No imite a los padres que entienden que como ellos sobrevivieron sin ir a la escuela y están bien económicamente, los hijos igual podrían hacer lo mismo. Las historias son personales. Sus hijos merecen la oportunidad de beneficiarse de las oportunidades de desarrollo y aprendizaje que ofrece la educación formal académica escolar. El no incentivar el estudio en sus hijos ¡es negligencia!
Hagamos posible en este nuevo año escolar que la educación se mantenga como el arma más poderosa para transformar al mundo para bien. Sus hijos merecen creer en la belleza de sus sueños y, nosotros como padres tenemos el deber de hacer todo lo posible para que estos sueños sean realidad.
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