¿Está el país en la premisa anterior? Para una gran parte de la población, quizás y para la otra, también quizás. Y cuando dicen que hacen y creen que hacen algo, sin ocurrírsele que es nada, ¿qué hacer? Nada.
Cuando recuerdo las calles, sus casas, los pueblos, sus paisajes; los gobernantes y gobernados, de los 12 años del balaguerato, de ahí en adelante, quisiera llorar, pero me sale espuma.
Las calles solitarias, sin asfalto. Casitas de madera a la orilla que cuando las asfaltaron y les hicieron aceras quedaron… Como eran las calles así eran las casas que componían el pueblo (los pueblos), sin que haya mucho qué decir y qué hacer, y vuelvo a decir: nada, sino recordar mirándolas ahora todas las calles asfaltadas y una que otra casa, reconstruida. Cuando una casa es de muchos, el que puede reconstruirla no lo hace por los otros, prefiere hacer otra nueva. Lo mismo pasa con los gobernantes a quienes los gobernados les hacen una jugada para dejarlos sin cabeza.
A veces con ¿qué hacer? se crean más sueños que realidades en los que piensan en gobernar. Ya en el poder el pensar y buscar la manera de realizar lo que han prometido y cumplirlo se convierte en nada.
¿Qué hacer? Cualquier cosa que se piense, ¿se ha hecho y no vale la pena hacerlo? Siempre vale la pena intentar completarle el sueño al otro, a los otros sin que se les diga y si se les dice, que sea que esté avanzada la propuesta. Muy bonito, me digo. Todo va tan rápido que, si no pasa el tiempo pensándolo, al querer realizarlo va más rápido. Quizás en las postergaciones radique la felicidad de lo no realizado cuando incluye al otro que es uno mismo al doblar la esquina, aunque sea en el no hacer nada.
La paradoja de pensar en hacer algo es que ese “algo” para realizarse fuera de uno necesita dejar atrás cosas, inclusive las mismas que proporcionaron ese algo que hacer. Vivimos en el umbral de las postergaciones como esas calles, esas casas, esa forma de vida que nos proporcionó la presente y que ésta, la presente, al otro día, es la pasada y si no se consiguió, en una parte, significativa o no, estamos perdidos, aunque hablemos lo contrario. Pensarlo no.
Los que se sienten realizados ante el ¿qué hacer? y no concluyan en nada, de ellos será el paraíso anhelado de sus sueños tanto diurnos como nocturnos. En fin, los envidio.
Compartir esta nota