Los puentes que conectaron una región
En 1934, la inauguración del entonces Puente Ramfis puso fin a años en que el río Higuamo representó una barrera para la comunicación terrestre entre San Pedro de Macorís y el resto del país. Pero los puentes, como las ciudades, también envejecen. Casi cuatro décadas después, el crecimiento del tránsito, el peso de los nuevos vehículos y las propias condiciones de la estructura comenzaron a superar aquel puente que había sido símbolo de modernidad. San Pedro de Macorís necesitaba nuevamente mirar hacia el Higuamo, esta vez para emprender una obra mucho más ambiciosa.
El 30 de agosto de 1968 se iniciaron los trabajos de construcción de un nuevo puente sobre el río Higuamo, esta vez en el tramo final del río, a pocos kilómetros de su encuentro con el mar Caribe y a las puertas de San Pedro de Macorís. Su ubicación ofrecía una entrada directa a la ciudad y una panorámica que aún conserva sus referentes más emblemáticos, entre ellos la Catedral San Pedro Apóstol, el puerto y parte del paisaje urbano petromacorisano. El Puente Higuamo completaría además la autopista turística Boca Chica–Guayacanes–Juan Dolio–San Pedro de Macorís, fortaleciendo una conexión que se proyectaba hacia otros puntos del Este, entre ellos Higüey, Boca de Yuma y playa Macao, cuando el desarrollo turístico de esa zona apenas comenzaba a tomar forma.
Al igual que ocurrió con el antiguo Puente Ramfis, la construcción del nuevo Puente Higuamo representó un gran reto para la ingeniería. Las dimensiones del río, su profundidad y las condiciones del terreno seguían imponiendo dificultades. Uno de los mayores desafíos estaba bajo las aguas: fue necesario hincar pilotes de hormigón armado hasta profundidades cercanas a los 200 pies para alcanzar terreno firme y sostener las pilas sobre las que descansaría la superestructura.
La complejidad continuó sobre el río. Para levantar la estructura se utilizó un sistema de voladizos sucesivos de hormigón postensado, mediante el cual el puente avanzaba por tramos o dovelas desde sus apoyos hacia el centro del Higuamo, sin necesidad de grandes andamios sostenidos desde el lecho. La técnica resultaba especialmente apropiada para las condiciones del río, pero era novedosa en el país y requería personal especializado. El secretario de Obras Públicas, Manuel Alsina Puello, llegó a reconocer retrasos mientras los trabajadores se familiarizaban con aquel método constructivo.
Para una obra de esa complejidad, el Estado dominicano recurrió a los servicios de T. Y. Lin International, firma de San Francisco, California, responsable del diseño y la asesoría técnica del puente. Al frente se encontraba T. Y. Lin, ingeniero de origen chino, profesor de Ingeniería Civil de la Universidad de California en Berkeley y una de las figuras más reconocidas de su tiempo en el desarrollo de estructuras de hormigón pretensado. Lin visitó personalmente la construcción en San Pedro de Macorís y, tras conocer los avances de la obra, hizo una afirmación que daba cuenta de su dimensión tecnológica: con aquel puente, la República Dominicana había avanzado 40 años en tecnología para la construcción de estructuras de ese tipo.
La ejecución de la obra estuvo a cargo de la compañía dominicana Matos, Holsteinson y Carbonell, C. por A., con los ingenieros Amaury Matos Sánchez y A. Tage Holsteinson entre las figuras directamente vinculadas al proceso constructivo. Las autoridades de Obras Públicas de la época destacaron precisamente esa combinación entre el diseño y la asesoría internacional y la capacidad técnica dominicana, resaltando el talento criollo que hizo posible llevar a la práctica una obra de semejante complejidad.
A medida que avanzaban los trabajos, las dimensiones del nuevo puente revelaban la magnitud de la obra. Los reportes de la época situaban la estructura principal en unos 380 metros de longitud y 18 metros de ancho, con cuatro vías para el tránsito y dos aceras peatonales de 1.70 metros. Su característica más notable era la luz central de 190 metros, es decir, la distancia entre sus dos apoyos principales sobre el río, mientras una altura mínima cercana a los 10 metros sobre las aguas permitiría el paso de embarcaciones de mediano calado.
La magnitud de la obra también se reflejó en los materiales empleados. En la construcción se utilizaron alrededor de 9,683 metros cúbicos de hormigón, además de grandes vigas prefabricadas de unas 22 toneladas cada una en las estructuras de aproximación. Pero quizá la imagen que mejor permite comprender aquel proceso fue la de los dos extremos del puente avanzando progresivamente sobre el Higuamo mediante el sistema de voladizos sucesivos: en una etapa todavía los separaban 88 metros y, meses después, la distancia se había reducido a apenas 10 metros, antes de quedar finalmente unidos.
No era una obra común para su tiempo. T. Y. Lin llegó a situar al Higuamo entre los puentes más sobresalientes construidos con aquel sistema y destacó especialmente la profundidad alcanzada por sus pilotes de hormigón con acoplamientos metálicos. Las autoridades dominicanas, por su parte, lo presentarían al momento de su inauguración como el primero de su tipo en América Latina y el tercero en el mundo, una valoración que daba cuenta de la importancia tecnológica atribuida entonces a la obra.
Una obra de aquella magnitud representó una inversión total de RD$4,718,567.31, según informó el secretario de Obras Públicas, Manuel Alsina Puello, al momento de su inauguración. La cifra comprendía no solo la construcción del puente, sino también los aproches y las obras complementarias necesarias para integrarlo a la nueva vía.
Con la obra terminada y a pocos días de su apertura, el 26 de junio de 1973, mediante el Decreto núm. 3633, la nueva estructura recibió oficialmente el nombre de Puente Higuamo. Tres días después, el 29 de junio, Día de San Pedro Apóstol y fecha central de las fiestas patronales, quedó oficialmente inaugurada con la presencia del presidente Joaquín Balaguer. Junto con el puente entró en servicio una avenida de circunvalación que daba acceso a la ciudad, denominada entonces avenida Hermanos Deligne, hoy avenida Francisco Alberto Caamaño Deñó.
La ceremonia tuvo la solemnidad de las grandes obras de la época: monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito bendijo la estructura, la gobernadora Victoria Casasnovas de Hartling realizó el corte de la cinta, la banda de la Guardia Presidencial interpretó el Himno Nacional, un batallón del Ejército disparó 21 cañonazos y cuatro aviones de la Fuerza Aérea sobrevolaron el puente. El secretario de Obras Públicas, Manuel Alsina Puello, lo definió como una “joya” en la que se conjugaban la solución técnica y la belleza arquitectónica, mientras el Ayuntamiento declaró al presidente Balaguer “Hijo Predilecto y Protector de San Pedro de Macorís”, mediante la Resolución Municipal núm. 9-73.
Para confirmar algunos datos sobre la construcción de esta obra, tuve la oportunidad de conversar con alguien que vivió muy de cerca aquel proceso y lo documentó: el doctor Carlos Juan Musa Hazim. Mientras realizaba su internado rotatorio de Medicina en la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, en Santo Domingo, visitaba la construcción dos o tres veces por semana para seguir sus avances, al punto de ser conocido por obreros e ingenieros. De aquel seguimiento conserva además un video que recoge distintas etapas de la obra, desde sus inicios hasta su terminación.
Musa Hazim recuerda haber sido el primero en cruzar el Puente Higuamo de oeste a este y asegura que desde entonces veía aquella obra como “el punto de apoyo para el desarrollo de San Pedro de Macorís”. El puente y la avenida de circunvalación estaban prácticamente en las afueras de la ciudad, pero con los años el crecimiento urbano terminó alcanzándolos y ocupando ambas márgenes de la vía. A partir de aquella experiencia, Musa considera que la historia podría repetirse y que en 30 o 40 años San Pedro de Macorís podría necesitar otra circunvalación y otro puente aún más al norte.
Hay un dato que muchos desconocen: aunque todos continúan llamándolo Puente Higuamo, desde el 3 de agosto de 2011 dejó de ser su nombre oficial. Mediante la Ley núm. 201-11, la estructura fue designada Puente Pedro Mir, en honor al Poeta Nacional Pedro Julio Mir Valentín, nacido en San Pedro de Macorís. El cambio oficial, sin embargo, no borró el nombre con el que varias generaciones han identificado esta obra: la placa original de Puente Higuamo permanece en su baranda y, en el uso cotidiano, Higuamo continúa siendo el nombre con el que se le conoce.
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