En todos los procesos electorales del mundo, desarrollados bajo regímenes democráticos, siempre aparece una casilla donde es anotada la cantidad de votos nulos.

Como es de común conocimiento, esa relación de votos no computados a favor de ninguno de los candidatos participantes, proviene de diversos errores en que incurre el elector cuando ingresa al colegio electoral de su demarcación a ejercer el sufragio. También, por una acción deliberada ante los candidatos concurrentes y el proceso en sí mismo.

Esos fallos gráficos, neutros o literarios en las boletas para ejercer el sufragio son mínimos en comparación con la votación general, pero aun así, partidos, candidatos y la misma Junta Central Electoral, valoran y dan seguimiento al comportamiento negativo de algunos electores ante las jornadas que cada cuatro años se realizan en el país para renovar los funcionarios de los cargos electivos de la nación.

La práctica hasta el momento no tiene una tendencia hacia la exageración, pero no deja de ser una importante herramienta para valorar hasta qué punto, la sociedad dominicana ha asimilado su responsabilidad ante un evento de tanta importancia para el destino del país.

El comportamiento del pueblo dominicano en torno a ese renglón después de que el 20 de diciembre de 1962, el país y los organismos designados al efecto, iniciaran los procesos electorales bajo un contexto democrático, ha sido el siguiente:

  • 1962 – 18,291 votos nulos.
  • 1966 – 27,291 votos nulos.
  • 1970 – 59,638 votos nulos.
  • 1974 – 404,878 votos nulos.
  • 1978 – 85,530 votos nulos.
  • 1982 – 56,039 votos nulos.
  • 1986 – 83,710 votos nulos.
  • 1990 – 48,356 votos nulos.
  • 1994 – 147,750 votos nulos.
  • 1996 – 45,120 votos nulos.
  • 1996 – 19,402 votos nulos.
  • 2000 – 42,090 votos nulos.
  • 2004 – 43,150 votos nulos.
  • 2008 – 27,103 votos nulos.
  • 2012 – 30,142 votos nulos.
  • 2016 – 96,823 votos nulos.
  • 2020 – 59,943 votos nulos.
  • 2024 – 63,923 votos nulos.

Al sumar la relación completa de los votos nulos emitidos en los diecisiete (17) procesos electorales nacionales, la suma asciende a: 1,332,091 sufragios que no han sido endosados a candidato alguno. Esa cantidad de votos mal emitidos pasan a engrosar una proporción de sufragios que la JCE debe tomar en consideración para futuros procesos, y el consiguiente diseño de campañas publicitarias, cursos y talleres para enseñar a ejercer el derecho al voto a noveles y viejos votantes.

Una apreciación superficial sobre este fenómeno es que los nuevos votantes de zonas rurales, y con bajos niveles educativos, han podido incurrir en el error de votar de manera indebida aunque han demostrado interés en acudir a la cita comicial. El otro caso más común, es que personas adultas residentes en las urbes metropolitanas o en ciudades y pueblos del interior del país, poseen bajo o ningún interés en las contiendas electorales. En diversas oportunidades se muestran decididos a ejercer su derecho al voto en la etapa inicial del proceso, pero luego pueden ser motivados por familiares, amigos y militantes de los partidos, para que acudan a las mesas electorales donde la Junta Central Electoral ha dispuesto que les corresponde ejercer su derecho al voto.

Es posible que llegado ese momento, y al encontrarse de pronto con dos o más boletas en sus manos para marcar los candidatos de su preferencia, cometan errores indeseados.

En un tercer renglón están los electores que no tienen ningún interés en el proceso, ni en los candidatos participantes, pero están inscritos de manera formal en el registro general de votantes del proceso, y desean dejarlo expresado de alguna manera. Su decisión es votar nulo como un acto de protesta cívica ante los demás electores, partidos y agrupaciones políticas, y las autoridades de la Junta Central Electoral.

Aspectos a valorar sobre el comportamiento del voto nulo durante sesenta y dos años de procesos electorales en la vida democrática dominicana:

En primer lugar, se advierte una alta presencia de votos nulos en el proceso electoral del año 1974. En esa ocasión solo dos (2) partidos competían por la dirección del Estado dominicano: Partido Reformista, teniendo como candidato presidencial al Dr. Joaquín Balaguer Ricardo, y el Partido Demócrata Popular (PDP), que postulaba a la Presidencia de la República a Luis Homero Lajara Burgos.

Los votos nulos alcanzaron la cantidad de 404,878, suma superior a la proporción de votos obtenidos por el Partido Demócrata Popular (PDP) en toda la geografía nacional, cuyo monto total fue de 170,693 sufragios.

Según analistas electorales, historiadores, politólogos y expertos en asuntos electorales, este fenómeno único en la historia electoral dominicana, se presentó como un acto de protesta o voto de castigo, tanto al Partido Reformista y su candidato, como al candidato y Partido Demócrata Popular, por llevar a cabo un proceso que un segmento poblacional importante del país en ese momento, entendía no debía llevarse a cabo. La población vivía notables actitudes de repudio ante lo que consideraba una mala gestión gubernamental del partido de gobierno, y el exagerado interés del doctor Balaguer por continuar en la presidencia de la República.

Se agrega a ese marco político, las difíciles condiciones sociales, políticas, económicas y represivas que una parte amplia de los habitantes del país recibía del gobierno encabezado por el Dr. Joaquín Balaguer Ricardo, en todo el territorio nacional.

Como se puede comprobar al revisar la bibliografía histórica, política, así como los archivos hemerográficos existentes todavía en el país, la fuerte oposición política en todo el país, es encarnada por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), que para la ocasión logró articular una coalición de fuerzas políticas de todas las ideologías y tendencias, bajo el denominador común de "Acuerdo de Santiago", para enfrentar y sacar del poder al Dr. Joaquín Balaguer. Esa fuerza política rechazaba y, finalmente, rechazó, el proceso eleccionario de ese momento, dejando de participar en el mismo.

Los líderes de ese acuerdo, encabezados por el Dr. José Francisco Peña Gómez, consideraron que las condiciones institucionales, logísticas y políticas no estaban dadas para participar en igualdad de condiciones frente al Partido Reformista y al doctor Balaguer. Ante esa inestable realidad, los partidos y organizaciones integrados en esa histórica coalición política, decidieron de manera concluyente no participar en el proceso. Se agregaba también a tan adversa realidad, que las estructuras represivas del gobierno mantenían bajo vigilancia y en constante persecución a todo hombre de pueblo que oliera a oposición gubernamental.

El segundo caso a examinar es el proceso electoral del año 1994, cuando la cantidad de votos nulos se elevó a la suma de 147,750.

Los historiadores dominicanos, los analistas, los politólogos, los sociólogos y diseñadores de encuestas, entienden que esa alta presencia del voto nulo en ese proceso se debió al malestar que sentía una parte activa de la población dominicana frente al gobierno de turno y las estructuras que en la Junta Central Electoral administraban el conteo y trasiego de los votos hacia la sede central para su contabilidad y difusión pública.

Esa realidad operativa, más la frustración que la militancia del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) vivió al perder de forma amañada el proceso del año 1990 frente al candidato reformista en el poder, causó un reflujo en su militancia, y gran parte de los simpatizantes de ese partido y de otras fuerzas políticas, efecto que se refleja en las elecciones del año 1994, cuando el candidato preferido de la oposición fue el doctor José Francisco Peña Gómez, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). La sociedad dominicana vivió de manera consecutiva un espectáculo electoral de mal gusto que dejó en evidencia los horrores de un fraude electoral.

Un tercer momento a considerar sobre el voto nulo en las elecciones dominicanas, es el correspondiente al año de 1996. A raíz de la modificación de la ley electoral, el candidato ganador debía obtener el 50 más uno del total de votos emitidos para que la junta lo declarara triunfador del proceso. Ese año debieron realizarse dos rondas de votaciones, y en cada una, el voto nulo se manifestó de la siguiente manera:

  • Primera vuelta: 45,120.
  • Segunda vuelta: 19,402.

De manera conjunta el total de votos nulos en ese proceso alcanzó a la cantidad de 64,522.

Lo importante en este caso no es la cantidad de votos nulos emitidos, sino la implementación y seguimiento del renglón ante la nueva modalidad de la segunda vuelta electoral, en caso de que uno de los candidatos en la contienda no obtuviera la mitad más uno de los votos emitidos en la primera. Era la primera vez que se contabilizaba y se llevaba a cabo en el país el voto nulo en un proceso de dos rondas de votación.

El cuarto momento que es importante destacar en este aspecto, es el correspondiente a las elecciones del año 2016, donde la cantidad de votos nulos emitidos es de 96,823. Esa suma es alta en comparación con la generalidad de procesos anteriores. Incluso, también es significativa en comparación con las jornadas posteriores.

Se atribuye esa alta cantidad de votos nulos, y con sobrada razón se cree que se debe, al hecho de que el candidato presidencial del partido de gobierno impuso su proyecto reeleccionista al país y sobre todo a la cúpula dirigencial de su organización política.

Ante esa decisión, la frustración en una parte significativa de los electores fue notoria tanto dentro como fuera del Partido de la Liberación Dominicana. Aunque se ve mínima la proporción de votos emitidos en comparación con el total de votos válidos, esos 96,823 votos nulos conforman la tercera mayor proporción en un proceso electoral del país.

El quinto y el sexto proceso importantes para este análisis de los votos nulos emitidos en cada caso, corresponden a los años 2020 y 2024. Los votos nulos del 2020 fueron 59,943, y los del 2024, sumaron 63,932. Ambas cantidades en comparación con el total de votos válidos emitidos, resultan insignificantes para darle total validez a la elección formal de los candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la República. También es una proporción de votos que se expresa dentro del contexto más común del renglón.

Lo que resulta importante destacar en estos dos casos, es que la cantidad de votos nulos emitidos en el año 2020, es inferior a la del 2024. Esa manifestación del electorado resulta contraproducente, porque el proceso del 2020 se llevó a cabo bajo los efectos mortales de la pandemia mundial del Covid-19, lo que supone mayor presión psicológica en el votante y en consecuencia, menos posibilidad de sufragar adecuadamente.

En el proceso eleccionario del año 2024, desarrollado en perfectas condiciones ambientales y sanitarias, la proyección del voto nulo fue mayor con 63,932 muestras. Resulta importante destacar, que tanto en la primera como en la última contienda electoral de las señaladas, se había producido la escisión del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), dando lugar a la creación del Partido Fuerza del Pueblo (FP).

Ese movimiento de fuerzas políticas trajo consigo también, un movimiento de candidatos a todos los niveles, y de hecho, un fuerte movimiento de recomposición de grupos, tendencias y fuerzas políticas en los planos medios y bajos de cada organización, acción que en cierta medida pudo también incidir en el comportamiento de los electores.

En los procesos electorales del país el voto nulo es una constante estadística, pero con muy poca o ninguna incidencia en torno al resultado final de las elecciones.

Como se puede observar, su tendencia se encamina a bajar su presencia en cada contienda electoral, condición que señala el esfuerzo que cada cuatro (4) años llevan a cabo la Junta Central Electoral y las distintas organizaciones políticas, para que cada habitante del país aprenda, con suma atención, la vital acción democrática de ejercer el sufragio, y en consecuencia, elegir mediante el voto popular las principales autoridades de la nación.

Veamos el comportamiento estadístico del voto nulo, el padrón de votantes, los votos válidos y el por ciento (%) del voto nulo en cada proceso electoral desde 1962 hasta el año 2024.

Agustín Cortés

Cineasta

Agustín Cortés Robles, nace en Santo Domingo, Capital de la República Dominicana el 23 de julio de 1957. Se graduó de Cineasta el 28 de octubre de 1983 en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, formando parte de la primera promoción universitaria de cineastas del país. Posee una maestría y una especialidad en Educación Superior (2003-2005) de la misma Alma Mater. Es miembro fundador del Colectivo Cultural ¨Generación 80¨ del país. Ocupó la Dirección de la Escuela de Cine, Televisión y Fotografía de la Facultad de Artes (UASD), durante dos periodos: 2008-2011 y 2011-2014. En esa unidad docente, además de Director, fue coordinador de las cátedras Teoría e Investigación Cinematográfica y Técnica Cinematográfica. Actualmente es profesor jubilado de la indicada Institución de Educación Superior.

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