La política de expansión del turismo ha sido una de las más reconocidas de la administración del presidente Luis Abinader. Cada mes, el ministro de Turismo, David Collado, realiza alguna actividad en el país o en el extranjero, en el que presenta los últimos números de crecimiento en la cantidad de turistas que visitan al país. Año tras año, se ha vuelto costumbre que el último récord sea nuevamente roto y se alcance una nueva cifra. Y aunque los pilotos, al igual que el resto de los dominicanos, celebramos estos logros, hemos comenzado a notar cierta fractura en la organización de este empuje cuando se trata del manejo de ese aumento circunstancial de flujo aéreo, la principal forma de entrada de muchos de esos turistas.
Y es que la política de aumento de visitantes no ha ido de la mano con una mejora en las capacidades del sistema de control de tránsito aéreo (ATC por sus siglas en inglés) en el país, que, aunque ha tenido una que otra mejora, se ha ido quedando atrás en la adaptación al aumento de los vuelos cada año. Hemos pasado de mover 14 millones de pasajeros al año por vía aérea en 2020, a 19 millones en 2025. Esto supone un aumento de más de 35% en solo cinco años, mientras el sistema de control de tránsito aéreo, así como el resto del Instituto Dominicano de Aviación Civil (IDAC), sigue siendo del mismo tamaño.
Queda en manos del gobierno entender el enorme reto que se le viene encima al sistema de control de tránsito aéreo con la política de expansión del turismo que el mismo gobierno ha llevado a cabo.
A esto se añaden complejidades estructurales como el aumento de aeropuertos en todo el país (pareciera que el gobierno quiere que haya un aeropuerto en cada provincia); un retraso importante en la implementación de nuevas tecnologías de comunicación como los sistemas de transmisión de datos ADS-B y CPDLC; un retraso en la reorganización del espacio aéreo; y un personal cada vez más estresado por la mezcla de carga de trabajo y la falta de apoyo institucional. Al sumarse todo, tenemos como resultado un sistema bajo presión que, a la más mínima desviación del balance operacional, se encuentra con un aumento significativo de riesgo operacional.
EE. UU. tiene uno de los sistemas de control de tránsito aéreo más anticuados del mundo desarrollado.
Como piloto de línea aérea en los EE. UU., reconocemos que esta es una historia que ya hemos visto anteriormente. EE. UU. tiene uno de los sistemas de control de tránsito aéreo más anticuados del mundo desarrollado. Aunque cuenta con algunos de los espacios aéreos más saturados del mundo, la implementación de nuevas tecnologías para mejorar el manejo de mucho de ese tráfico ha sido muy lenta, y la contratación de nuevos controladores de tránsito aéreo (necesarios para apalear la alta demanda) ha sido lenta, o en ocasiones, regresiva. Esto ha dado como resultado un aumento de accidentes e incidentes aéreos de importancia, relacionados al control del tránsito aéreo. Tal ha sido el caso de la coalición entre un avión de pasajeros y un helicóptero militar en la ciudad de Washington, DC, el pasado mes de enero de 2025, en el que murieron 67 personas, y el reciente accidente en el aeropuerto de LaGuardia, NY, entre un avión y un camión de bomberos, en el que murieron dos personas.
A principios de esta semana, el Consejo de Capitanes, un tanque de pensamiento norteamericano sin fines de lucro formado por capitanes de aerolíneas de ese país, emitió un comunicado de prensa expresando preocupación por la situación del ATC dominicano. Y es que dicha organización, en comunicación con pilotos tanto dominicanos como norteamericanos, así como controladores ATC dominicanos, ha logrado identificar algunos elementos estructurales que debilitan el servicio de ATC en el país, así como incidentes específicos que demuestran la presión en el sistema.
Queda en manos del gobierno entender el enorme reto que se le viene encima al sistema de control de tránsito aéreo con la política de expansión del turismo que el mismo gobierno ha llevado a cabo. Aún estamos a tiempo de tomar medidas que mejoren el sistema y lo lleven al nivel necesario para hacer frente a este reto, pues lo opuesto sería seguir apostando al manto divino y que en nuestro país no se repita un accidente como los que hemos visto en EE. UU. recientemente.
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