En los últimos años, el gobierno dominicano ha estado poniendo mucho énfasis en lo que se conoce ahora como la educación STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas; por sus siglas en inglés) en los planes curriculares del sector educativo. Avalado en un discurso de “desarrollo”, “progreso” y “modernidad” —el discurso hegemónico en nuestro país desde el siglo XIX— el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM), al igual que sus antecesores del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), se ha abocado a esta ideología modernizadora en detrimento del auténtico bienestar de la población dominicana.
Esto se evidencia en el pasado discurso de rendición de cuentas ante la nación, el 27 de febrero de 2026, donde el presidente Luis Abinader (n. 1967) celebró como uno de sus mayores “logros” el desarrollo de grandes obras de infraestructura y el fomento de la educación tecnológica, científica e ingenieril requerida para tales supuestas maravillas. Pero, la triste realidad es que —al igual que todos los gobiernos “modernizantes” anteriores, comenzando, tal vez, por el de Ulises Heureaux (1845-1899)— estos “triunfos” tecnocientíficos se obtienen a cambio del endeudamiento externo del país; deuda de la cual la gran multiplicidad de funcionarios corruptos saca su tajada y dejan al pueblo cargar con la terrible factura.
Además, estos “avances” solo son posibles gracias a la superexplotación de la naturaleza dominicana en la forma de las megamineras que amenazan con destruir por completo lo poco que queda de nuestros entornos naturales que aún no han sido devorados por la implacable lógica acumulativa del capital. Acumulación que también va a parar a las mismas manos de los mismos corruptos mencionados anteriormente. Todo esto es lo que el presidente Abinader y sus seguidores pretenden vender como los “éxitos” de su mandato, retratando el énfasis en la educación STEM como una supuesta vía para el escape de la pobreza y la miseria para la juventud dominicana, cuando en realidad ni siquiera el sector educativo en ciencias y tecnología se salva del flagelo de la corrupción, tal como ha quedado evidenciado por el reciente escándalo del Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA).
Pero, encima de todo esto, está el hecho de que el esquema de la educación STEM obedece a la lógica de la llamada “fuga de cerebros”, por medio de la cual los gigantes tecnocapitalistas contemporáneos —Google, Amazon, Apple, Microsoft, Nvidia, OpenAI— se apropian de la “mano de obra” altamente entrenada y calificada en estas instituciones educativas del sector tecnológico, científico e ingenieril. En la práctica, lo que estamos presenciando es nada más ni nada menos que una neocolonización económico-tecnológica de los países periféricos en el sistema-mundo capitalista global, que beneficia solamente a las grandes corporaciones tecnológicas y sus socios de la burguesía criolla local.
Tampoco debemos olvidar que el propio presidente Abinader mencionó en su discurso pasado que él desea destinar la extracción de nuestras tierras raras a las industrias armamentísticas extranjeras, que necesitan desesperadamente de insumos para poder llevar a cabo sus guerras de conquista y rapiña por todo el globo terráqueo. Todo a la vez que aumenta el presupuesto militar y celebra descaradamente el poderío de nuestras Fuerzas Armadas, así como la satisfacción del nuevo presidente ultraderechista chileno, José Antonio Kast (n. 1996), con la militarización de la frontera dominico-haitiana. Estos fenómenos recientes son señales de la consolidación del ecofascismo en nuestro territorio nacional.
En su célebre ensayo La función social de la filosofía (1920), el filósofo y sociólogo Max Horkheimer (1895-1973) sostuvo que, a diferencia de las ciencias positivas —como la física, la química, la biología, la geología, etc.— la filosofía no tiene una función social que encaje idóneamente dentro de los requerimientos y las necesidades de una sociedad capitalista avanzada. Al contrario, la única función social que puede tener la filosofía en una civilización de este tipo es la crítica total y permanente a todas las estructuras sociales y valores establecidos que perpetúan y reproducen el statu quo. Esto es lo que hace a la filosofía una disciplina tan incómoda en una sociedad fundamentada exclusivamente sobre el afán desenfrenado de lucro y la acumulación y reproducción ampliada de capital, tal como lo es actualmente la República Dominicana, junto al resto de las naciones integradas en la red globalizadora capitalista.
Por lo tanto, en lugar de celebrar acríticamente los “logros” y los “éxitos” de la “gestión” perremeísta, tal vez deberíamos comenzar por preguntarnos a qué intereses sirve este modelo de “desarrollo” tecnocientífico y su acompañante énfasis excesivo en la educación STEM, en detrimento de la formación de ciudadanas y ciudadanos con excelencia filosófica, humanística y científico-social integral, capaces de ejercer su pensamiento crítico con plena autonomía intelectual y libertad de expresión.
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