Colombia es un país hermano que en años recientes nos ha mandado miles de turistas y nosotros, aunque en una menor medida, hemos reciprocado. El fenómeno ha ocurrido mayormente durante la gestión del presidente Gustavo Petro, aunque el flujo ya se notaba durante la de su antecesor. Aunque estos vínculos son inciertos, sin embargo, ameritan que pongamos atención a los recientes pronunciamientos del actual mandatario, alguien cuya brillantez y valentía son bien reconocidos. Ha sido su esperada visita a la Casa Blanca lo que ha generado revelaciones sobre los asuntos mundiales, energéticos y el narcotráfico que debemos, por ser innovadoras visiones, ponderar con especial esmero.

Antes de su arribo a Washington, D.C. surgieron algunas pinceladas de su tesis sobre estos espinosos problemas en una reunión organizada por CAF en Panamá. En ese conclave con varios presidentes suramericanos, Petro habló del lamentable fracaso de las Naciones Unidas en cumplir su misión original de prevenir y/o detener las guerras. Al señalarlo también planteó que era necesario pensar en un nuevo esquema de organización entre las naciones del mundo para lograr ese objetivo. Planteó que, dadas las características de las diferentes regiones del mundo, lo atinado es pensar en que cada una cree su propia civilización. Dentro de cada region también se crearían diferentes coaliciones de países para impulsar el diálogo intrarregional. La meta es afianzar la libertad y la vida, la lucha que ha inspirado a muchos pueblos, a través del diálogo constructivo. ¿Reinaría la barbarie sin la ONU?

Pero fue durante su conferencia de prensa después de la reunión con Trump donde argumentó más explícitamente la propuesta de la una posible alianza económica entre América Latina y el Caribe, por un lado, y los Estados Unidos por el otro. El recurso para ello es el enorme potencial de América del Sur y de Centroamérica para producir energía limpia, una parte de la cual podría suplir toda la demanda del pais norteamericano. (Implícitamente, es de suponer que las enormes inversiones en las generadoras limpias, entre las cuales sobresale la energía hídrica, vendrían del norte.) Ya en el noroeste de Colombia existe un complejo energético que produce hidrogeno verde, lo cual es posible gracias a la energía solar y eólica. La idea es tan retadora que, aparte de los sueños de los libertadores, posiblemente no se parezca a ninguna otra propuesta que haya hecho presidente alguno sobre nuestro hemisferio.

De igual o mayor trascendencia fue su planteamiento relativo al narcotráfico. Reconoció que el problema es mayúsculo y citó el hecho de que la armada colombiana confiscó recientemente un submarino en las Islas Azores con diez toneladas de cocaína. Confesó luego a los periodistas que le refirió a Trump su convencimiento de que el problema no está en bombardear las plantaciones de coca de los pobres campesinos colombianos o ecuatorianos. Ellos recurren a ellas para sobrevivir y podrían, según propone Petro, emigrar hacia el cultivo del café o el cacao, siempre que se les preste la asistencia necesaria para esa transición. Petro reportó también que en el sureste de Colombia ya una organización campesina se comprometió motu proprio a erradicar unas 30,000 hectáreas de matas de coca con esos fines. Petro espera estimular a otras organizaciones de su país a hacer lo mismo en los meses que le quedan en el poder.

Los análisis de Petro, si solo por novedosos, requieren una ponderación neutral. No porque haya sido torturado guerrillero del M-19 o alcalde de Bogotá deben discutirse sus planteamientos. Es que en los tres temas referidos arriba se requiere de una discusión continental seria y enjundiosa. Las soluciones no necesariamente deben ser las propuestas por Petro, pero las implicaciones de cada una ameritan atención porque en ellas subyace una crisis política que es casi existencial.

Lo de atomizar la composición de la ONU promete mucho, pero podría resultar en peores situaciones. No existe garantía de que los bloques regionales coexistirían entre ellos en paz, ni de que puedan hablar con una sola voz en el escenario mundial. Y aun si adoptan posiciones comunes tampoco eso garantiza que puedan ser más efectivos que los organismos políticos fundamentales de la ONU: el Consejo de Seguridad y la Asamblea General. En materia de asuntos mundiales, como el cambio climático, una región podría suscribir algún pacto, pero si todas no lo hacen no habría solución a la vista. Y en materia de geopolítica, no parece haber solución que disminuya las pretensiones hegemónicas de las grandes potencias y prevenga su desligamiento de los acuerdos planetarios. De ahí que la fórmula de Petro, aunque engalanada una retórica grandilocuente que habla de civilizaciones y hermandad humana, estaría por probarse. Y no parece haber condiciones para eso.

En materia de energía la genialidad es solo aparente. Si bien America Latina y el Caribe poseen enormes recursos hídricos y de otra índole para exportar a Norteamérica una energía limpia, lo mismo puede decirse de los vecinos del norte. Ellos también poseen un enorme potencial para generar energía limpia. Su transición hacia ella, aunque creciente, se enfrenta a los enormes intereses que han creado las empresas petroleras y gasíferas. Descartar esa maquinaria para abrazar las energías verdes requiere de una enorme inversión de capital –hasta tanto la fusión sea posible—y los gobiernos de Norteamérica, miden las consecuencias políticas de adoptar una política adversa al statu quo. Si se empantalonan y se disponen a realizar las inversiones requeridas siempre será preferible hacerlas en su propio territorio. La generación latinoamericana podría resultar más barata, pero los costos de transmisión serían de cualquier modo prohibitivos.

Lo que decanta mejor de las mencionadas propuestas de Petro es su afirmación de que la solución al problema del narcotráfico es el enfrentamiento de “los capos de los capos”. Según su percepción, los capos ya no son los que producen la droga y la transportan a los mercados de Norteamérica y Europa. Son realmente los multimillonarios que, ubicados en países europeos (p. ej. Albania) y del Medio Oriente (p. ej. Emiratos) controlan a los jefecitos del narcotráfico en nuestro continente. Petro comunico esa “verdad” a Trump como forma de exigir que el poder hegemónico combata frontalmente los centros de decisión que manejan el emporio. Patro apuntó que en EEUU mueren entre 70,000 y 100,000 ciudadanos por el consumo desenfrenado del fentanilo. Esa “revelación” cambia la discusión y ya lo revolucionario no sería la legalización sino el enfrentamiento de los verdaderos capos.

A Petro se le siente una genuina preocupación por encontrar las soluciones y su discurso no es mera retorica hueca que parezca revolucionaria para embelezar a los ingenuos. Los valores que unen a los pueblos de nuestro hemisferio son, como el afirma, la libertad y la vida. Por ellas han luchado previas generaciones y por ellas debemos luchar hoy y en el futuro en un Pacto por la Paz y el Desarrollo. Pero las propuestas de Petro tienen bemoles que deben discutirse con seriedad y frialdad. Después de todo, atañen a situaciones que nos afectan a todos y que requieren ser enfrentadas.

Juan Llado

Consultor económico

Con entrenamiento universitario en los campos de la psicología, las ciencias políticas, la educación y la economía, obtuvo títulos universitarios en EEUU y se desempeña actualmente como consultor económico y articulista. Su experiencia de trabajo ha sido diversa, incluyendo misiones de organismos multilaterales y gerencia de proyectos internacionales. El principal hobby es la investigación y las tertulias vespertinas en el Centro Histórico de Santo Domingo. Aunque no partidarista y un libre pensador, ha abrazado últimamente la causa de la alternancia en el poder como requisito cumbre para fortalecer la democracia dominicana.

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