Las masas populares debe ser la cuestión principal para el reposicionamiento de las izquierdas en la vida política nacional; incluido, por supuesto, el Partido Comunista del Trabajo (PCT) en el que milito. De su comprensión, organización y movilización continua dependen sus posibilidades de avance hacia el poder político, los posibles buenos desempeños en la lucha electoral y su desarrollo orgánico.
Los acuerdos de unidad que tanto se protestan deberían apuntar hacia ahí. Si con honestidad revolucionaria se reconoce que las izquierdas hemos perdido vínculos de organización y lucha con los diversos sectores populares, unos más que otros, pero una realidad general. Debemos reconocer que estamos en déficit pronunciado de influencia en las masas, y poner los pies en la tierra, sin renunciar jamás a tomar el cielo por asalto.
Conocerlas. Comprenderlas. Organizarlas. Constituirlas. Movilizarlas de manera adecuada, oportuna y sistemática.
Esta es una cuestión de enorme importancia, siempre que se quiera construir la revolución popular dominicana.
En la República Dominicana necesitamos comprender las masas populares actuales. Necesitamos asumir las formas organizativas, las consignas y métodos de lucha consecuentes, que se correspondan con su composición y características.
Necesitamos acumular fuerzas de masas populares.
Necesitamos superar el espíritu de lucha deportivo, y el de zafra —cada vez que viene el 8 de marzo, o el 24-28 de abril, o el primero de mayo, o el 25 de noviembre— que nos ha arropado en los últimos años.
Necesitamos construir organizaciones de pueblo, grandes, con vida e institucionalidad. Superar el espíritu de evento.
Necesitamos construir procesos de lucha popular, en los que los pueblos se constituyan en torno a demandas públicas, en base a educación, concientización, organización y decisiones colectivas de lucha.
Como está ocurriendo en la lucha contra la mina de Romero en San Juan de la Maguana y la que contrarresta los planes de explotación en la cordillera septentrional.
Sin esos requisitos, seguiremos en un círculo vicioso, emulando el mito de Sísifo*. Volviendo a cada rato a un punto cero, después de cada jornada de lucha.*
Y seguiremos lamentando, y algunos criticando, que en otros países la izquierda tiene buenos resultados electorales, y en el nuestro no salimos de lo pírrico, cerca del raquitismo.
La cuestión de las masas populares es la de más urgente solución.
* La mitología griega habla de la condena de los dioses a un rey, que debía empujar una enorme roca hacia la cima de una montaña, para verla rodar hacia abajo de manera eterna.
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