En el año 2010 Stéphane Hessel escribe su corto pero contundente ensayo "Indignaos”, en el que llama, especialmente a los jóvenes, a indignarse frente a la injusticia y en defensa de los derechos humanos. Hessel constituye una autoridad argumentativa dentro del concepto y el contexto de la indignación, puesto que durante su vida fue víctima, testigo y protagonista de esta. Participó en la segunda guerra mundial, formó parte de la resistencia francesa, fue capturado por la Gestapo y enviado a un campo de concentración nazi, del que logró escapar; este hecho incidió en su compromiso con la resistencia por la justicia social. Fue escritor, diplomático y activista que participó en la redacción de la declaración universal de los derechos humanos en 1948. Por lo que, su ensayo y su vida constituyen referentes para vincularlos con la conmemoración del 8 de marzo, puesto que, se trata de la preservación y la resistencia ante la violación de los derechos de la mujer.
¿Por qué es importante la indignación según Hessel? Porque es el primer paso para la acción social, mientras que, la indiferencia normaliza la injusticia y debilita la democracia. Porque motoriza la resistencia ante la desigualdad económica, la concentración de la riqueza en pocas manos y la pérdida de conquistas sociales logradas después de la segunda guerra mundial. Asimismo, ante el dominio de los mercados financieros en los que la economía domina la política y sus intereses prevalecen sobre el bienestar social; lo que trae como consecuencias el debilitamiento del Estado social, recortes en educación, salud y seguridad social, lo que amenaza a los derechos en sentido general.
Tomando como referente el ensayo ¡Indignaos¡ se llama a la indignación por los derechos de la mujer. Ante la violencia de género y los abusos de poder. Ante la violación de sus derechos políticos. Ante la violación de sus derechos sexuales y reproductivos. Ante la desigualdad social que vulnera el derecho a la educación, a la salud, al trabajo digno. Ante la educación patriarcal que fortalece el machismo, que recarga física y emocionalmente a la mujer; que en muchos casos termina con su vida. Dijo Alejandra Kollontai en el siglo pasado: “ Hay alguien más oprimido que la mujer: la mujer del obrero”. Realidad que se mantiene hoy; la mujer es obrera, profesional, madre y cuidadora entre otras tareas de sostén y servicio.
En fin, hay que indignarse frente al abuso y el relego de la mujer, especialmente los jóvenes. Solo así se trabaja por la preservación de los derechos humanos y la justicia social.
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