Antiguo representante especial en mi barrio de Fernando Villalona, Juan Luís Guerra, Wilfrido Vargas y tantos otros, me invité a través de la transmisión en vivo del evento, a la inauguración del anfiteatro La Gaviota. Los jóvenes de hoy, armados con increíbles instrumentos y plataformas tecnológicas de primera clase, difícilmente se imaginarán cómo pude "representar" a todas esas celebridades. Era la épica época en que los discos de 33 y 45 rpm iban y venían por las casas del barrio y se reproducían en cinta de casete. Yo era el vecino que mantenía a la comunidad informada sobre la actualidad en República Dominicana y también el que recibía los últimos éxitos de 45 rpm tan pronto como salían al mercado en Santo Domingo. Entonces, si los verdaderos abogados de los artistas mencionados me invitan al tribunal, no tengo título ni calidad para defenderme; esperando que "la historia me absolverá"…
Buena parte de mi barrio todavía existe. Sin embargo, a unos 2 o 3 kilómetros, algunos lugares donde introduje las voces de ya no existen. No es por el terremoto del 12 de enero de 2010. Después del devastador terremoto, las paredes cayeron, pero los lugares y su memoria sobrevivieron. Lo que sucedió en los últimos cinco años borró completamente todo. En las alianzas complejas que se hicieron en Haití durante las últimas cuatro décadas, la destrucción de vidas, bienes e instituciones domina. Ningún gobierno o grupo nacional de peso ha pensado en soñar en algún lugar un proyecto de ciudad. Los corredores, los barrios de chabolas y los antros de precariedad se multiplicaron frente a capas estatales que hicieron retroceder el urbanismo apoyándose en las pandillas. Porque nunca hay que olvidar que el caso haitiano es el fruto de una sucesión de alianzas peligrosas y sofisticadas.
La zona de Puerto Príncipe donde mi abuelo paterno solía tocar "Luna sobre el Jaragua" para sus vecinos los domingos por la tarde desapareció por completo. Hace casi un siglo, era la primera avenida de la República; durante unos años, incluso se llamó Avenida Presidente Rafael Trujillo. El lugar donde mi padre invitaba a sus amigos a descubrir la voz de Lope Balaguer ha sobrevivido milagrosamente. Mi situación personal es sinceramente curiosa. Parece una plantilla inédita del Amor Brujo de Manuel de Falla, escrita por un gitano celoso, arrodillado ante la sonrisa de una vecina de la Torre del Homenaje…
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