El aquí y ahora es el punto de apoyo de toda experiencia sustancial de lo humano. No hay otra manera de ser humanamente, de existir. A la vez es alienante si suponemos, como usualmente ocurre, que es el fundamento de la verdad. Todos los fanatismos, los integrismos, sectarismos, intolerancias y fundamentalismos son consecuencias de considerar que lo que percibo en este lugar y momento es la verdad y que es universalmente válida.
Del solipsismo individual se proyecta esta alienación a la familia, al grupo social donde estoy, la lengua, las creencias, las ideologías, la nacionalidad, el género, el color de la piel, entre otras formas de clasificaciones, y gesta violencia al negar la alteridad, a los que no son como nosotros. El mundo se reduce a nuestra experiencia tribal y todas las demás experiencias humanas deben ser convertidas en nuestra verdad, consideradas como manifestaciones infrahumanas o aniquiladas. Esa es la historia de la humanidad a grandes rasgos. La policromía cultural humana se intenta unificar en un solo color, incluso en un único tono de dicho color.
Enfrentamos entonces una aporía. Por un lado, no hay forma de conocer que no sea desde el aquí y ahora, pero a la vez esa experiencia es alienante porque no nos permite percibir lo real. ¿Cuál es su origen? Todo niño o niña que nace es recibido por alguien a quien denominamos madre. Y por madre nos referimos a quien nos recibe, sea o no sea nuestra madre biológica. Puede ser una abuela, una tía, un padre, un empleado o empleado de un orfanatorio, etc. La iniciativa del nacimiento no es del recién nacido. Literalmente, somos arrojados a la existencia y alguien nos espera. Si nadie nos espera, morimos en pocas horas.
La cultura específica a la que somos lanzados es absolutamente arbitraria, pero a la vez es sustancial para cada uno en cuanto se constituye como persona. No hay forma de ser persona si no es desde una cultura determinada.
Del cuidado de la salud y la nutrición en los primeros años dependerá en gran medida la calidad y extensión de nuestra vida en el tiempo. Una mala alimentación en los primeros meses y años atrofia funciones cerebrales y limita las posibilidades físicas que traemos como herencia de nuestros ancestros en el ADN. El hambre es el principal enemigo en los primeros años de existencia.
De hecho, el hambre es el principal instrumento de dominación desde que los humanos vivimos en sociedades más amplias que las pandillas primitivas. El hambre, salvo casos muy particulares, es un fenómeno social fruto de políticas económicas —el neoliberalismo en la actualidad— sobre amplios segmentos poblacionales como mecanismo de control, y como vemos en Gaza o Sudán, el hambre se usa también como arma de guerra.
Por otra parte, la falta de afecto, seguridad y estímulo de quienes nos reciben marca procesos de trastornos de conducta que afectan hondamente la vida juvenil y adulta de quienes cargan con ese baldón de su niñez. Muchos estudios de poblaciones carcelarias han mostrado el impacto que ha tenido una niñez de abusos y desafecto en conductas criminales.
Podemos señalar que hay fuentes definidas de patologías biológicas y psíquicas en un porcentaje de la población, ajena a la voluntad de los individuos que la padecen: 1) La herencia genética que porta malformaciones, 2) La deprivación de alimentos durante la etapa formativa y la ausencia de prevención frente a las enfermedades y 3) Las consecuencias de falta de afecto y abusos durante la niñez y adolescencia.
Cualquiera de esos factores, o varios de ellos, signan un destino poco halagüeño para la vida de cualquier ser humano; por el contrario, si el recibimiento de la nueva criatura ocurre en un contexto favorable en todos esos aspectos, comienza el proceso de constitución de la persona con vocación de plenitud de vida.
El mundo se reduce a nuestra experiencia tribal y todas las demás experiencias humanas deben ser convertidas en nuestra verdad, consideradas como manifestaciones infrahumanas o aniquiladas
Con el nacimiento somos integrados en un sistema cultural, uno de los miles y miles que la humanidad ha creado en los últimos diez mil años, y es en el seno de ese tejido social humano donde la persona en cuanto individuo se articula y se desarrolla en los primeros años de vida. Nacemos, por tanto, dentro de una estructura cultural, que es el sistema de lengua, valores, creencias, normas y prácticas que rige una sociedad o grupo.
El niño o niña no escoge dónde nacer y, por tanto, su inserción en un contexto cultural determinado es puro azar. Ningún patrón cultural es superior, en ningún orden, a otro patrón cultural, ya que cada cultura es una respuesta concreta a una experiencia histórica de una comunidad, interactuando con un medio natural determinado y relacionándose con otros patrones culturales, en un momento histórico determinado. Por tanto, la cultura específica a la que somos lanzados es absolutamente arbitraria, pero a la vez es sustancial para cada uno en cuanto se constituye como persona. No hay forma de ser persona si no es desde una cultura determinada.
Aspectos relevantes en ese proceso de formarnos como personas son a) la lengua materna, b) el grado de desarrollo material y espiritual del hogar donde nos criamos, c) la comunidad inmediata donde vamos creciendo y la escolarización, d) la moralidad en que somos formados y e) las oportunidades de interactuar con otros modelos culturales.
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