Pienso que a los que escriben, y más aún si sus entregas son semanales, los temas y títulos de artículos posibles de ser trabajados les llueven en la cabeza hasta cuando están manejando por las calles.
Te pudieran llegar diferentes temas, todos interesantes o simplemente buenos, pero, en el momento histórico o contexto, serían impertinentes por lo que tenemos que tragarnos el agua cristalina en el silencio y con la Biblia bien agarrada con las dos manos.
Pero volvamos al título. Cuando te preguntes las razones del porqué en los barrios populares y populosos ya no vive gente y que todos esos sectores se convirtieron en negocios, y locales comerciales, comprenderás el poder del dinero.
Y te darás cuenta, además, quizás hasta las lágrimas, por qué la abuelita de noventa años vende, por tres veces su precio en el mercado, la casa del barrio donde nació y vivió toda su vida. Los norteamericanos dicen: “Cuando quiera lo mejor, pagas más”. Es por eso que la abuela se muda sin querer.
Llevo en la memoria, con dolor y tristeza, a aquel agricultor humilde, y yo era entonces simplemente niño, a quien le impidieron entrar a su parcela, o finquita, porque el señor que compró las otras tierras vecinas o colindantes también se adueñó del camino vecinal. No le quedó otra salida que no fuera vender su tierra.
Pero al que escribe, casi siempre, le vienen otras cosas a la mente, como por ejemplo, si alguien pudiera pensar que hacer todo lo contrario de lo que hicieron todos los hombres de Estado, durante toda la historia de la humanidad, es un buen consejo para mandatarios. Por eso está ardiendo el Medio Oriente, y nadie sabe lo que podrá pasar.
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