En una primera entrega, sostuvimos la hipótesis que el auge de los nuevos líderes, discursos y movimientos neopopulistas de la derecha radical en América Latina, encuentran sus condiciones de producción en varios procesos sociales, como son: el incremento de la brecha socioeconómica entre élites, clase media y sectores populares precarizados. El descontento con la democracia e instituciones políticas tradicionales. La pérdida del capital social, es decir de la capacidad de asociación, organización y movilización de la sociedad civil y, el predominio de un discurso mediático de polarización ideológica-cultural en la esfera civil.
En ese sentido, en esta segunda entrega, nos proponemos indagar muy brevemente, sobre las diversas formas de expresión de los líderes, discursos y movimiento neopopulista de la derecha radical en la región, tomando como ejemplos los casos de Argentina, El Salvador y Colombia. Bajo el supuesto de que estas experiencias no se pueden generalizar, ni extrapolar a la sociedad dominicana como entienden algunos analistas dominicanos.
El caso Argentino.
A decir de algunos analistas políticos, la victoria de Javier Milei en las elecciones presidenciales de Argentina en 2023, respondió a una combinación de factores estructurales y culturales que se fueron acumulando durante años.
En 2023, Javier Milei llegó a las elecciones en una coyuntura económica, caracterizada por una inflación anual superior al 140% -una de las más altas del mundo-, con más del 40% de la población por debajo de la línea de pobreza, una cifra alarmante para un país históricamente considerado de ingresos medio-altos en la región. Además, enfrentaba escasez crónica de dólares, lo que generó múltiples tipos de cambio paralelos ("dólar blue", "dólar MEP", etc.) y una brecha cambiaria enorme, incrementando la fuga de empresas, capitales y, la desconfianza generalizada en la moneda nacional.
Argentina enfrentaba un desgaste y descontento con la “casta o élite” política dominante, una desconfianza generalizada con las instituciones políticas tradicionales: los partidos y el Estado que representaban el kirchnerismo y el PRO/UCR (Juntos por el Cambio), acusados de corrupción y vistos como responsables de décadas de fracasos económicos y empobrecimiento de la población.
En este contexto social, el aspirante presidencial Javier Milei construyó un discurso político anti-establishment radical que polarizó la sociedad Argentina en tres aspectos: primero, "la casta" vs. "la gente de bien". La casta: son los políticos, sindicalistas, periodistas, empresarios (prebendarios). Por otro lado, la gente de bien/ el pueblo productivo, honesto y saqueado por la casta. Segundo, un registro apocalíptico-mesiánico, la casta, las clases media alta y la élite política tradicional son las amenazas y Milei su mesías y salvador y, tercero, mediante su performer político, su forma de actuar, con una estética “descuidada”, una retórica de gritos, insultos: “zurdo de mierda”, “rata inmunda”, y gestos abruptos y exagerados que busca el reconocimiento de sus seguidores y, los grupos sociales afectados por la crisis.
El caso del Salvador.
La victoria de Nayib Bukele en febrero de 2019, tampoco fue un hecho aislado, sino la culminación de un profundo desgaste del sistema político. El Salvador arrastraba décadas de pobre crecimiento económico -entre los más bajos de Centroamérica-, con una economía muy dependiente de las remesas enviadas por salvadoreños en Estados Unidos (equivalentes a cerca del 20% del PIB). Con alto desempleo juvenil, un sector informal muy extendido, una deuda pública alta y poca inversión del Estado.
Desde 1989 (o desde los acuerdos de paz de 1992), el poder político había sido alternado entre dos partidos: ARENA (derecha) y el FMLN (izquierda). Para 2019, ambos partidos estaban profundamente desprestigiados: acusados de actos de corrupción y pertenecer a una misma "clase política" que se repartía el poder sin resolver los problemas del país.
El Salvador vivía niveles de violencia comparables a zonas de guerra, con tasas de homicidio entre las más altas del mundo, impulsadas por las pandillas (MS-13 y Barrio 18).
En este contexto, Nayib Bukele desarrolló una estrategia discursiva mediática en varios sentidos. Primero, se presentó como una ruptura con el bipartidismo ("ni de derecha, ni de izquierda"). Su estrategia central fue criticar a la clase política tradicional y posicionarse como una "tercera opción", ajena al binomio ARENA-FMLN que habían gobernados. Segundo, construyó su liderazgo ofertando la imagen de una persona emprendedora, exitosa y miembro de la generación “millennial” con una estética pop: gorra hacia atrás, chaqueta de cuero. Tercero, organizó su oferta política con el uso de un lenguaje directo y, coloquial y, cuarto, desarrolló una retórica de mano dura contra la violencia de las bandas y la promesa de modernizar El Salvador.
El caso de Colombia.
El 21 de junio de 2026, Abelardo de la Espriella, tipificado dentro de la derecha radical derrotó a Iván Cepeda –de la izquierda- en la segunda vuelta presidencial de Colombia, por un margen de apenas 0,96 puntos porcentuales (49,66% vs 48,70%), el resultado más ajustado de la historia reciente del país. Y la pregunta obligada es cómo explicar estos resultados.
Si partimos de la complejidad del resultado electoral y los datos disponibles, entendemos que no se puede interpretar a partir de un solo factor, sino por la relación de mutua influencia de, al menos, cuatro dinámicas relacionadas: Primero, durante el gobierno de Petro (2022-2026), el crecimiento económico promedio fue de 1,6% anual, frente a un histórico de 3,6% en Colombia. El déficit fiscal del Gobierno Central se ubicó en un rango de 6,5%-7% del PIB, y la deuda pública pasó de 804 a más de 1.190 billones de pesos, superando el 64% del PIB.
Segundo, el gobierno de Petro —el primero de izquierda en la historia reciente colombiana— enfrentó un Congreso adverso que bloqueó sus reformas de salud, laboral y pensional, así como un intento fallido para removerlo del poder. También experimentó crisis internas de gabinete y tensiones dentro de su propia coalición.
Tercera, durante su período de gobierno se prometió la concertación para la paz, pero obtuvo logro muy reducido; los grupos armados ilegales crecieron 23,5% en un año, superando los 27.000 integrantes, se provocó la expansión territorial de las disidencias de las FARC y las estructuras paramilitares, produciendo un deterioro de la seguridad nacional y el descontento de los ciudadanos. Se produjo, el asesinato del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, el 7 de junio de 2025, en un mitin en Bogotá y, el secuestro de la candidata a vicepresidenta Aida Quilcué, en febrero de 2026.
En este contexto, el abogado litigante Abelardo Espriella, sin trayectoria política reconocida, se presentó como un outsider frente al "petrismo" y la derecha tradicional y, construyó una estrategia discursiva exacerbando los miedos y la polarización cultural de los ciudadanos: primero, fortaleció la polarización ideológica entre derecha e izquierda, vinculando al gobierno saliente y su candidato Ivan Cepeda con el chavismo venezolano. Segundo, construyó un relato centrado en el miedo a la inseguridad y la promesa de recuperación del orden y acabar con la guerrilla y, tercero, desarrollo un estilo retórico caracterizado por frases de fuerte carga emocional y religiosa (p. ej. "Gratitud infinita hacia Dios", "la Patria-Milagro"), y una retórica identitaria tribal-grupal con sus seguidores que la llamaba "la manada del Tigre".
En síntesis, en Colombia, los traumas y escándalos políticos internos y, el apoyo exterior de la coalición de las Américas de la derecha internacional, crearon las condiciones sociales y culturales para que un personaje desconocido en la esfera política, con un discurso identitario tribal, de mano dura a la guerrilla y conservador, llegara a convertirse en presidente de la República.
A partir de estos ejemplos, en la próxima entrega, queremos destacar que el análisis sobre las amenazas neopopulistas en el país, no depende de una réplica de los casos latinoamericanos, sino de determinadas condiciones históricas, estructurales y culturales propias.
En ese sentido, a diferencia de algunas opiniones de analistas e "influencers" locales, vamos a sostener que, hasta el día de hoy, Alofoque es más bien una figura mediática del mundo del espectáculo y la música urbana que intenta realizar una transición hacia la política, pero que no llega, todavía, a ser una amenaza neopopulista a la democracia dominicana. Lo que logre alcanzar o, hasta donde logre llegar en la política, todavía está por verse.
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