A menudo escuchamos que las personas que hablan consigo mismas están locas o son ancianos dementes. Llamamos diálogo cuando hay un intercambio de ideas entre dos o más personas, pero ahora nos referimos a una especie de “diálogo” con nosotros mismos. Esto se conoce en psicología como autodiálogo, soliloquio verbal o self-talk. Este diálogo puede ser interno (mediante pensamientos) o externo (audible).
En realidad, todos hablamos con nosotros mismos en algún momento y no necesariamente estamos locos, siendo una conducta normal y un recurso adaptativo, pero es importante analizar cómo lo hacemos, porque ciertamente no todas las formas son sanas.
Esta conducta se presenta desde la infancia y se mantiene en la edad adulta. Contribuye a tomar perspectiva de nuestras circunstancias de vida, reducir la ansiedad, controlar nuestras emociones y mejorar la resiliencia.
Es un mecanismo autorregulatorio que ayuda a nuestro cerebro a procesar mejor. Puede ayudarnos a programar secuencias, como cuando decimos: “Primero le diré… y luego…”. Nos ayuda a tomar decisiones cuando nos preguntamos: “¿Lo compro o no lo compro?” o agudiza nuestras reflexiones: “¿Qué voy a hacer?”.
Solemos utilizarlo cuando se va a tener un diálogo que consideramos importante, ensayando o proyectando el posible curso que seguirá la conversación. Aristóteles Onassis repasaba mentalmente (y en voz alta) posibles preguntas, negociaciones y respuestas antes de reuniones de negocios importantes. No es simplemente una anécdota única, sino un rasgo de su preparación, siendo una especie de estrategia de autocoaching, que podría ser una de las explicaciones de su éxito en el mundo de los negocios.
Si aprendes a hablarte con gentileza, ternura y consideración, al mismo tiempo estarás enseñando a apreciarte a los demás.
Además de un mecanismo de regulación emocional, es un recurso motivacional indiscutible. Cuando nos decimos a nosotros mismos: “Lo lograré”, se constituye en un poderoso estímulo.
El autodiálogo es un importante recurso en el mindfulness y, entre las facultades mentales que puede incrementar, están: autoconocimiento, atención, concentración, memoria, disciplina, aprendizaje, motivación, relajación, organización, creatividad, validación, orientación, reflexión y autocrítica.
Como todas nuestras actividades o funciones mentales, siempre existen características o niveles que se salen de lo normal, por lo que las calificamos como patológicas. En el caso del autodiálogo, podríamos señalar como patológico: autocrítica excesiva, interferencia con vida social o laboral, incoherencias y alucinaciones auditivas propias de las psicosis o dificultad para diferenciar los pensamientos propios de la realidad.
Hemos estado explicando que el autodiálogo es un recurso adaptativo de mucha ayuda, pero cuando genera malestar en la persona, deja de ser adaptativo y se torna patológico. No es preciso ser psicólogo para comprender que una voz interna diciendo constantemente “eres idiota”, “no vales nada”, “vas a morir” o “todos te odian” no puede ser considerada normal. Cada aspecto de nuestra existencia está diseñado para favorecer nuestro bienestar y, cuando no es el caso, sencillamente es un trastorno que debe modificarse. Estos casos extremos podrían deberse a trastornos psicóticos o neuropsiquiátricos; afortunadamente, no son casos frecuentes.
El consumo de sustancias alucinógenas puede provocar cuadros intensos de autodiálogo, pero son temporales y casi siempre limitados a la duración de las alteraciones en la actividad cerebral que producen.
El autodiálogo es un recurso muy útil para terapias. Es utilizado especialmente en la terapia cognitiva-conductual y el mindfulness, promoviendo un diálogo interno más “amigable”. A nivel cognitivo se identifican creencias disfuncionales y a nivel conductual se refuerzan acciones hasta constituir hábitos. En los trastornos en que hay un desequilibrio del eje mente-cuerpo, puede utilizarse para incentivar procesos internos terapéuticos.
Solemos creer que nuestra mente está exclusivamente en nuestro cerebro y que el resto de nuestro cuerpo es materia sin conciencia, pero realmente cada célula nuestra tiene su forma de pensar y el cerebro solo las integra para poder hacer acciones conjuntas. ¿Has pensado que es posible y conveniente mejorar tu comunicación con los miles de millones de células que te forman? Podría contribuir significativamente a tu salud.
Para concluir, conviene que comprendas que insultarte, humillarte, descalificarte o ridiculizarte no solo no te aporta nada, sino que el daño que te haces te hará lamentar cada palabra descompuesta que te hayas dirigido. Si en algún momento tu voz interior te descalifica, no lo aceptes, defiéndete y valórate.
Si aprendes a hablarte con gentileza, ternura y consideración, al mismo tiempo estarás enseñando a apreciarte a los demás.
Referencia:
UNAM Global. (2023, octubre 10). ¿Hablar con uno mismo? Signo de locura o una gran práctica terapéutica. Universidad Nacional Autónoma de México. https://unamglobal.unam.mx/global_revista/hablar-con-uno-mismo-signo-de-locura-o-una-gran-practica-terapeutica/
Morin, A. (2023). Inner speech: Development, cognitive functions, and clinical implications. Springer.
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