Los grandes expertos internacionales en marcas territoriales, desde el catalán Tony Puig hasta el argentino Andy Stalman, coinciden en una idea fundamental: los territorios no se posicionan únicamente por campañas publicitarias, sino por la capacidad de convertir sus productos, cultura y modelo económico en símbolos identitarios reconocibles a escala global.

La experiencia metodológica desarrollada por Strategius en planificación estratégica territorial también confirma esa visión. Las ciudades y regiones que logran construir reputación internacional son aquellas capaces de transformar actividades productivas locales en expresiones auténticas de identidad colectiva. Cuando un producto logra representar la historia, cultura, creatividad y capacidad económica de un territorio, se convierte en una verdadera marca territorial.

La identidad no surge espontáneamente. Se construye mediante procesos históricos, prácticas económicas, innovación y sentido de pertenencia. Un producto agrícola, industrial o tecnológico puede expresar la autenticidad de una comunidad, sintetizando valores culturales y capacidades productivas que terminan proyectando internacionalmente a una ciudad o nación.

En República Dominicana existen varios ejemplos emblemáticos. Para el Centro León y diversos estudiosos de la historia nacional, como Pedro Francisco Bonó, Mu-Kien Adriana Sang y José Chez Checo, el tabaco constituye probablemente la más genuina expresión del ser identitario santiaguero y cibaeño.

La historia de los andulleros, la participación de los tabaqueros en la Restauración de la Independencia y el protagonismo económico y político del sector tabacalero a finales del siglo XIX, revelan cómo un producto puede moldear una cultura regional. Actualmente, la industria del tabaco mantiene una extraordinaria incidencia en la economía nacional, gracias a una compleja red de productores agrícolas, empresarios industriales, exportadores y trabajadores especializados. El tabaco dominicano es hoy una marca país reconocida mundialmente por calidad y tradición.

Una expresión similar ocurre con el mango en Baní y la provincia Peravia. Allí, la cultura del mango trasciende lo agrícola y forma parte del tejido identitario local. El territorio, las condiciones climáticas, la calidad del suelo y la experiencia acumulada por generaciones han permitido desarrollar variedades de mango altamente valoradas en mercados internacionales. No es casual que Baní fuese declarada por ley “Capital del Mango” de República Dominicana.

Sin embargo, todavía el país no ha desarrollado plenamente una estrategia global para posicionar el mango dominicano como marca internacional de alto valor agregado. El Plan Estratégico Sostenible Peravia 2055 plantea precisamente ese desafío: convertir a Baní en uno de los principales referentes mundiales de producción, exportación y cultura del mango. Lo mismo puede afirmarse del cacao y el café dominicano, productos asociados históricamente a la economía y cultura nacional.

Pero en la actualidad emerge otro fenómeno de enorme relevancia: la construcción, la ingeniería y el urbanismo inteligente comienzan a consolidarse como nuevas expresiones de la identidad productiva dominicana. La República Dominicana vive una expansión sostenida de edificaciones, infraestructura y desarrollo urbano impulsada por múltiples factores: crecimiento económico, turismo, inversión extranjera, modernización de ciudades y demanda habitacional de la Comunidad Dominicana en el Exterior (CDE). Las remesas, equivalentes a cerca del 10% del PBI, estimulan significativamente la construcción de viviendas y proyectos inmobiliarios.

Paralelamente, la capacidad constructiva dominicana se expande hacia Haití y otras naciones del Caribe, evidenciando la consolidación de un conocimiento técnico y empresarial con creciente presencia regional. La ingeniería y construcción comienzan así a transformarse en un nuevo sello productivo dominicano.

Ese es precisamente el contexto que explica la relevancia estratégica de ECOACERO, iniciativa impulsada por el Grupo Estrella como parte de una nueva etapa del empresariado nacional. Más allá de una inversión industrial, el proyecto representa un símbolo de evolución económica, innovación tecnológica y capacidad competitiva internacional.

Ubicada en Villa Gautier, San Pedro de Macorís, ECOACERO incorpora tecnología avanzada en la producción de varillas para la construcción, con estándares internacionales de eficiencia, sostenibilidad ambiental y alto desempeño estructural. La empresa fue concebida para responder a las exigencias de la ingeniería moderna y a las tendencias globales de construcción responsable.

La apertura de esta planta no constituye únicamente un logro corporativo. Representa también el fortalecimiento de un ecosistema empresarial dominicano vinculado a ingeniería, cemento, infraestructura vial, movilidad, energía, puertos, aeropuertos, servicios de salud, deportes y desarrollo inmobiliario.

En ese proceso, Santiago y el Cibao consolidan progresivamente una identidad asociada a innovación empresarial, capacidad constructiva y liderazgo productivo. La edificación inteligente y sostenible comienza a proyectarse como una nueva marca territorial dominicana. Esto adquiere especial importancia porque históricamente la imagen internacional del país ha estado concentrada casi exclusivamente en el turismo de sol y playa. Sin embargo, la República Dominicana empieza a mostrar otra dimensión: una nación capaz de exportar talento empresarial, ingeniería avanzada, infraestructura moderna y servicios técnicos competitivos.

El ascenso del Grupo Estrella durante casi cinco décadas forma parte de ese cambio estructural. Su expansión evidencia la consolidación de una cultura emprendedora profundamente vinculada al desarrollo productivo del Cibao, fenómeno ampliamente documentado por el historiador Frank Moya Pons en su obra El Gran Cambio.

La trayectoria del ingeniero Manuel Estrella refleja además el impacto estratégico de la educación superior dominicana, particularmente de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), institución que ha contribuido decisivamente a formar generaciones de ingenieros, arquitectos y especialistas altamente capacitados.

Con frecuencia se subestima el papel que ha desempeñado la educación en ingeniería y arquitectura en Santiago. La PUCMM ha logrado crear una masa crítica de profesionales especializados en cálculos estructurales, matemáticas avanzadas, simulación edificatoria y diseño urbano contemporáneo. Esa acumulación de capital humano explica parte importante de la capacidad innovadora alcanzada por el sector construcción.

La concreción de ECOACERO, con una inversión aproximada de 200 millones de dólares, requirió articulaciones técnicas y financieras con organismos y empresas internacionales, incluyendo IDOM, BID, Banco Mundial y diversas firmas especializadas. Distintas mediciones reputacionales incluyendo referencias de Forbes, Read Investigación y Barómetro Strategius, colocan al Grupo Estrella entre las corporaciones latinoamericanas con mayor posicionamiento reputacional, destacándose variables como innovación, expansión territorial, calidad del capital humano, y credibilidad.

Consultas realizadas a expertos internacionales y representantes multilaterales muestran además una percepción favorable sobre la capacidad operativa y confiabilidad alcanzada por el empresariado santiaguero en escenarios regionales.

La incorporación de nuevas generaciones de empresarios y ejecutivos vinculados al entorno internacional fortalece todavía más esa tendencia. La ingeniería, la construcción y la infraestructura comienzan a convertirse en productos territoriales de sello cibaeño y dominicano.

El verdadero desafío consiste ahora en sostener ese posicionamiento. Las marcas territoriales no sobreviven únicamente por éxitos coyunturales. Requieren continuidad institucional, innovación permanente, formación de capital humano, sostenibilidad ambiental y visión estratégica de largo plazo.

La República Dominicana posee hoy condiciones excepcionales para transformar varios de sus sectores productivos en marcas globales. El tabaco, el mango, el cacao, el café y ahora la ingeniería y construcción inteligente, pueden convertirse en pilares de una nueva narrativa internacional del país: la de una nación creativa, productiva, competitiva y capaz de proyectar su identidad económica al mundo.

Reynaldo Peguero

Epidemiólogo y urbanista

Maestro en Administración y epidemiología, especialista en Planificación Estratégica del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU), Barcelona, y director del Consejo de Desarrollo de Santiago (CDES).

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