Puerto Plata se identifica por un abrazo: el que durante poco más de tres kilómetros une a las personas con el océano Atlántico a través de su malecón, un espacio que en los días de intenso calor se convierte en el refugio más buscado por residentes y visitantes.

Aquí la tierra y el mar parecen fundirse en una misma respiración, acompasada por la brisa salobre y el incesante murmullo de las olas. Desde 1971, cuando fue construido y bautizado avenida General Gregorio Luperón, este paseo marítimo ha sido escenario cotidiano para caminar, correr, conversar bajo los uveros y almendros o, simplemente, contemplar el horizonte y dejar que el tiempo transcurra con la serenidad que solo el mar sabe imponer.

Con 1,174 bancos distribuidos a lo largo de su recorrido, el malecón invita a disfrutar el fresco. En La Puntilla, jardines y senderos prolongan visualmente la bahía, mientras que en el otro extremo la reproducción del David de Miguel Ángel y la figura de un Neptuno con tridente erguido incorporan un singular diálogo entre el arte y el paisaje.

A lo largo del recorrido, la brisa acompaña cada paso y restaurantes, cafeterías y terrazas convierten la gastronomía en un espectáculo donde el ingrediente principal no figura en ningún menú: una vista inmensa del Atlántico, cruzada por embarcaciones que semejan diminutas ciudades flotantes deslizándose hacia otros puertos.

Además de un espacio recreativo, el malecón también conserva parte de la memoria de Puerto Plata. Aunque requieren mayor preservación, el edificio de la Respetable Logia Restauración No. 11, inaugurado en 1902, y el Cuartel del Cuerpo de Bomberos, de 1930, testimonian más de un siglo de historia urbana que ahora compiten con lujosos y modernos inmuebles.

Transformaciones realizadas en 2006 y 2016 remozaron el paseo sin alterar su esencia. Nuevos espacios gastronómicos y de servicios, junto con el anfiteatro con capacidad para cuatro mil espectadores, consolidaron este lugar como el principal escenario cultural al aire libre de la costa norte.

En La Puntilla, la plaza Juan Lockward conduce al histórico fortín de San Felipe, centinela de piedra que desde el siglo XVI observa la bahía con la misma paciencia con que ha visto pasar corsarios, galeones, vapores y cruceros. Muy cerca, el antiguo faro, la estatua ecuestre del general Gregorio Luperón, el busto de Antonio Maceo y el monumento a las víctimas del accidente aéreo de 1996 recuerdan que este paseo también honra la libertad, la solidaridad y la memoria.

Cuando el sol desciende detrás de las montañas, el cielo se incendia de tonos anaranjados y la brisa se vuelve más fresca, el malecón revela uno de sus mayores encantos. Entonces deja de ser una simple avenida costera para convertirse en el alma abierta de Puerto Plata.

Quien lo recorre descubre una ciudad que aprendió a vivir de cara al Atlántico y transformó su litoral en un patrimonio de belleza, identidad y recuerdos. Porque el malecón no termina donde concluye el pavimento: permanece, silencioso y permanente, en la memoria de quienes alguna vez lo caminaron y respiraron el salitre vaporoso que con magia lo envuelve.

Sergio Cueto

Periodista

Lic. en Comunicación Social. Trabajó en diversos periódicos nacionales y en el área de prensa de canales de televisión. También ha dirigido departamentos de Relaciones Públicas y Comunicaciones de dependencias públicas y empresas privadas. Ha recibido premios y reconocimientos por su trabajo.

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