Sobre el caótico e infernal manejo o mejor dicho, el mal manejo, el pésimo manejo de los motores en la capital ya se han escrito y denunciado muchas cosas pero al respecto se han hecho muy pocas, por no decir ninguna para evitarlo. Ir en automóvil por las calles de Santo Domingo hace tiempo que se ha convertido en una tortura y un riesgo, lo sabemos todos los automovilistas que nos tenemos que desplazar hacia nuestros trabajos, las compras, hacer visitas o cualquier otro motivo de traslado.
Es una tortura porque literalmente hay que ir defendiendo a los motoristas para no atropellarlos, chocar, o batearlos a otro lado de la cazada, uno viene en contra dirección, el otro adelanta por donde no debe, el otro dobla donde está prohibido, el otro se pasa a toda velocidad la luz roja, el otro va a tan campante por la acera, el otro te viene calibrando temerariamente, el otro va como la jonda dei diablo, el otro no hace caso de la señal de parar, el otro dobla donde está prohibido… el otro… el otro… el otro… y miles de otros más que convierten el tráfico en un sufrimiento constante porque la tensión y los nervios quedan tan alterados como para ir al psiquiatra.
Y también en un peligro porque los accidentes con estos kamikazes viales son más que frecuentes, y muchos de ellos de gravedad y mortales con las consecuencias tan complejas que conllevan, denuncias, abogados, juicios, medicinas, hospitales, entierros, funerales… Debido a que la ciudad se ha hipertrofiado con distancias enormes, a que manejar es muy molesto a cualquier hora del día, a que a ciertas horas de la tarde y noche la inseguridad crece, nos hemos vuelto cómodos, bien cómodos, mejor es llamar y que nos lo traigan a casa, desde el cátchup hasta el portaviones Charles Degualle. Por eso el delivery se ha convertido en la gran solución, se ahorra tiempo, dinero y disgustos.
En consecuencia todos los motoristas de hoy tienen prisa, mucha prisa, hay que llegar a tiempo con la pizza caliente, hay que llevar el paquete enviado de Boston lo antes posible, hay que llevar a tiempo los estudiantes a sus colegios, hay que llevar las medicina pronto, hay que llevar las frías antes de que dejen de ser frías, llevar, llevar, llevar, y todo es prisa, todo es para ahora mismo, y ya se sabe, cuantas más entregas se hagan más dinero se produce y que nunca es suficiente para ganarse el moro del día a día.
Si a ello le juntamos la falsa sensación de seguridad que da el ir en sobre un ágil par de ruedas, la falta de educación y conciencia para manejar y a la absoluta falta de autoridad que ponga orden y concierto en el caso específico de los motores y que solo actúa para ver ¨los papeles¨ e incautar motores arriba de un camión, somos el primer o segundo país en proporción de muertes por accidente y gran parte de ellas recae en este medio de transporte, no en vano el pueblo ha acuñado el vocablo ¨muertorita¨.
Tenemos un panorama complejo de arreglar, la facilidad de adquirir el motor asiático anafe usado y desvencijado y las prisas ciudadanas han permitido dar trabajo a cientos de miles de personas que antes estaban varadas en el dique del paro. Sí, trabajo duro, riesgoso, de poca calidad, pero trabajo que al fin y al cabo permite llevar el difícil pan a la casa. Y cada hay más jinetes de dos ruedas asaltando las calles porque la comodidad y la demanda domiciliaria crece como la espuma ¿Cómo meter en cintura toda ese ejército tan enorme? solo en el año pasado 2025 se importaron más de 270.000 motocicletas para sumar los 3.8 millones existentes.
Difícil, difícil, con las campañas para usar el casco protector se logró un cierto avance, hoy casi todos lo llevan porque se entendió que el ¨caco¨ es importante para la vida, pero falta mucho, demasiado, tal vez el infinito porque la ausencia de conciencia y la educación ya antes señaladas no se logran solo con publicidad, hay que inculcarlas desde temprano, desde la silla escolar. Los automovilistas seguiremos defendiendo a los motociclistas y de nosotros mismos que no somos todos inocentes, también ¨habemos¨ demasiados que en el manejo estamos o nos estamos ¨motorizando¨.
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