Desde este espesor verbal y significante, lo religioso y más aún, lo teologal, aquello que se traduce mediante el logos sagrado se convierte en estructura recesiva y función genético-textual en el marco expresivo, enunciativo y tópico-predicativo como podemos observar en la Antiphona y el Oremus (vid. P. 21) y en las indicaciones de los días segundo, tercero cuarto, quinto, sexto, séptimo, octavo y noveno.

Las oraciones conforman el espacio enunciativo de los ritmemas poético-suplicatorios extendidos como cánticos místicos e iniciáticos dentro del cristianismo ortodoxo. Veamos:

  • ¡O resplandeciente estrella de la mañana, hermosa como la luna

O madre de la Divina sabiduría, y por eso madre de Dios de Altagracia!

  • …es una Altagracia de grande honra, y Gloria para Cielos, y tierra
  • Pues lo es la Exaltación de nuestra Santa Fe catholica, la extirpación de las Herejías
  • La paz, y concordia entre los príncipes christianos
  • Las victorias contra infieles
  • La Redención de los Cristianos cánticos (oración para todos los días de la novena)
  • ¡O señores, la más excelsa en los palacios de la gloria!
  • La reconciliadora del pendón, y de la gloria
  • Consuelo en las tristezas
  • Refugio en los peligros
  • A tu piadoso cuidado encomiendo
  • Mi alma
  • Mi cuerpo
  • Para que este se preserve de los contratiempos
  • De sus tres poderosos enemigos
  • Mundo
  • Demonio
  • Carne

(Oración, día segundo)

El “Día tercero” continúa con los mismos tonos rituales de los mensajes expresivos trinitarios y piadosos. La oración remite al texto bíblico y a los ritmos poéticos unitarios:

  • ¡O Princesa del Empíreo
  • Lecho del mejor Salomón
  • Reclinatorio de la santísima trinidad
  • Alegría de los cielos
  • Recreo de los bienaventurados!
  • Por ti, señora, vive el mundo
  • Y respiran vuestros devotos.
  • “O graciosísima seora!
  • Por el cansancio
  • Y fatiga que tuviste
  • Caminando con tu Esposo Joseph
  • Por sendas trabajosas
  • …por aquella Belén Celestial
  • Donde encontraré el justo Joseph

(Día quarto)

Los estilemas verbales de raigambre mística y religiosa, aspiran a propósitos reveladores de comprensión y esencia vivificante, unificante y “habitante” en una perspectiva de evocación y súplica, intencionalidad y “quietud del puesto deseado”. Se trata de una religiosidad y una mística altagraciana y mariana cuyos ejes se hacen cada vez más observables en la mariología de la iglesia primitiva y de la teología tridentina.

ANTIFONA DE ADVIENTO

Así, en el sexto día, la súplica aspira a una “pureza de intención”, ala digna habitación de la eterna sabiduría”. Y así, la voz persiste en elemento sofiánico y en aquello que ocupa “mi corazón con pensamientos de Cielo”, esto es, “para que apercibiendo todo lo visible de este siglo, me trate en él como peregrino… y suspire por las Moradas eternas, hasta conseguir el descanso de las almas Divinas…” (p.25)

En la Novena… todo plugo evocación, toda petición aspira a la comprensión de la señora madre, a la Protectora de los hombres, a la alta gracia divina que por clemencia reina y vive en “la corte la Gloria”.

De ahí que en el “ameno paraíso de sagradas delicias” la Madre, Hija y Esposa del Altísimo se reconoce como consuelo para los dolores y gemidos, mostrándose bajo el manto de la misericordia con “amable presencia”, haciéndose su “Santísima voluntad” (pp. 26-27).

Tanto el devocionario como el himnario y el misal proporcionan a la modernidad poética dominicana de vertiente mística, religiosa y teologal, un temario y argumentario devocional que debemos estudiar en poetas específicos y en cuyas peticiones, invocaciones y celebraciones poéticas, leemos las cardinales sacrificiales, trinitarias y filosóficas marcadas por una ontología regional y una teodicea que forman parte de una hierofanía, una ontofanía y una kratofanía propias de las imágenes entendido el espacio sagrado y profano como dialéctica de la urdimbre teologal y religiosa.

Odalís G. Pérez

Escritor

Miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua

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