En el profeta Hageo 2:8-10 se lee: “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera y daré paz en este lugar.”

Al detenerme a leer ese pasaje bíblico, surgen varias preguntas que cuestionan no mi fe, sino la relación que mantengo con la iglesia. Y me pregunto ¿hasta qué punto los pastores se hacen ricos con la fe? ¿Y como hemos permitido que la fe sea un instrumento multimillonario de poder?

El origen del evangelismo en Los Estados Unidos se remonta a finales del siglo XIX y a principios del XX cuando los medios de comunicación comenzaron a utilizarse como instrumento para difundir mensajes religiosos a audiencias mucho más amplia. Una de las pioneras fue Aimee McPherson quien comprendió el enorme potencial de los medios para llevar el mensaje más allá del pulpito en las iglesias.

Posteriormente a ella, figuras como Billy Graham y Oral Roberto contribuyeron para convertir la televisión en una poderosa máquina de entretenimiento religioso. Con ellos llego una nueva era de producciones de sermones, artistas, material filmográfico, literatura,  dirigidas a acaparar audiencias. La magia audio-visual, hizo posible algo que hasta esa fecha era inimaginable: Sacar de la pobreza a muchos pastores y llevarlos al estrellato nacional e internacional.

También figuras como Pat Robert son y Charles Stanley, entre otros que contribuyeron con la consolidación de la presencia del cristianismo televisivo en la sociedad norteamericana. Con la trascendencia y el alcance de dichas figuras, se gesto un movimiento de ‘evangelizacion” al resto del mundo. Cuyas figuras lograron influir de manera directa en los principales debates sociales y políticos del país.

Pero, con el crecimiento de esas plataformas, también crecieron las dudas sobre sus estilos de vida, así como de los múltiples escándalos. Los mismos medios de comunicación que los convirtieron figuras mesiánicas, destaparon la profunda crisis existencial de sus personajes y la exuberante vida de sus mensajeros.  Con lujos, aviones privados, mansiones y un multimillonario estilo de vida que no refleja ninguna persona en el Antiguo o Nuevo testamento.

Otra de la pregunta inevitable es que me hago: ¿en qué momento la bendición dejó de ser un concepto espiritual para convertirse en una mercancía? El evangelio de la prosperidad, se ha construido sobre cimientos de carencias, catástrofes y muchas dificultades individuales y familias; para ser utilizadas como “visión claras” de dichos pastores; que con conocimiento  de causa, utilizan la vulnerabilidad humana como tema en el pulpito.

El llamado al “quebrantamiento” de la audiencia, es una “necesaria” herramienta de manipulacion para que el “avivamiento” se manifieste. ¡Esos aduladores de la palabra, utilizan frases como “Dios me dijo” que te dijera que…! o peor aún “tu falta de fe es que no te permite prosperar” y es cuando esas afirmaciones de carácter simplista son tomadas por quienes buscan una revelación en sus vidas. En medio de tribulaciones personales.

En el pasaje Hageo 2:8 no dice que el oro y la plata pertenezcan a los predicadores. El texto afirma precisamente lo contrario: “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos.”. La interpretación de textos bíblicos para sembrar el miedo o peor aún, considerar dichos textos como transacciones financieras; bajo el alegato de camino directo a la salvación.

El evangelio de la properidad existira, hasta que las personas despierten, las naciones establezcan mecanismos de monitoreo fiscal, hasta a las Iglesias, hasta que los sistemas de consecuencia soliciten informes regulars sobre el uso de los diezmos y las ofrendas y hasta los gobiernos hagan su trabajo.

 

 

Miosotis Ledesma de Jesús

Abogada y comunicadora

Miosotis Ledesma es abogada, comunicadora y trabaja en relaciones publicas,

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