En medio de velorios, salves, peregrinación, las tonadas de los toreros y el agua bendita del crepúsculo altagraciano.
La histórica Villa Blasonada de Salvaleón de Higüey, fundada hacia finales del año 1503 por Juan de Esquivel, fue la tierra fértil donde el canónigo Lic. Luis Gerónimo del Alcocer relata en un documento de su autoría, en el año 1650, lo siguiente:
«La imagen milagrosa de Nuestra Señora de la Altagracia está ubicada en la Villa de Higüey, como a treinta leguas de esta ciudad de Santo Domingo; son innumerables las misericordias que Dios nuestro Señor ha obrado y cada día obra con los que se encomiendan a la Virgen; consta que la imagen milagrosa la trajeron dos (2) hidalgos naturales de Plasencia, en Extremadura (España) nombrados Alonso y Antonio de Trejo».
Es a partir de ese momento cuando las crónicas de los historiadores de esa época relatan cientos de milagros y favores concedidos por la Virgen de la Altagracia a favor de todos los pobladores de la isla de Santo Domingo, cuyos testimonios aparecen en el Archivo General de Indias.
La batalla de la Sabana Real o Limonade del 21 de enero de 1691 y el inicio de la peregrinación de fe al santuario de la Virgen de la Altagracia en Higüey
«Virgen de la Altagracia, consuelo de los afligidos, ruega por nosotros».
El 21 de enero del año 1691 está estampado en las páginas de la historia por la batalla que se libró en la Sabana Real o Limón, la cual inmortalizó al maestre de campo don Francisco de Segura Sandoval y Castillo, así como al santiaguense don Antonio Miniel.
Dice el historiador fray Cipriano de Útrera: corresponde a la Región Este, Higüey y El Seibo, el mayor número de hombres que sabían manejar el machete en la batalla de la Sabana Real o Limonade.
Refiere el ilustre historiador Vetilio Alfau Durán lo siguiente: «En la batalla de la Sabana Real o Limonade: "Los hombres del Este invocan la intervención y protección de la Virgen de la Altagracia, la cual, bajo su manto sacrosanto, les dio la victoria a las tropas dominicanas que derrotaron al ejército francés».
Según relata dicho historiador:
El testimonio más ferviente de la batalla del 21 de enero del año 1691 de la Limonade fue que un soldado anónimo cortó la cabeza del gobernador francés en medio del fragor de la batalla.
21 de enero: día de acción de gracias a la Virgen del pueblo dominicano
Es parte de ese momento histórico en el que se inicia la celebración del Día de Acción de Gracias a la Virgen de la Altagracia, por haber intercedido a favor de la victoria de las tropas dominicanas contra los invasores franceses. Desde ese episodio histórico empezaron, de todas partes de la geografía de la isla de Santo Domingo, peregrinaciones de personas que donaban un toro o una vaca a la Virgen, fruto de su intercesión.
En principio los donantes del ganado se ocupaban de la recolección de los toritos. La primera etapa puede decirse que duró más de un siglo sin interrupción y siempre en peregrinaje hacia la villa de los milagros de Salvaleón de Higüey. Durante la ocupación haitiana del año 1822, fue interrumpido este acto de fe fruto de los conflictos políticos de esa era republicana.
El arzobispo Fernando Arturo Meriño fue el que propuso que el 21 de enero se declarara como fiesta nacional. Por lo que, en el año 1924, durante el gobierno de Horacio Vásquez, el Congreso Nacional lo declaró como fiesta nacional mediante la Ley n.º 70, estableciendo dicha fecha como día de Nuestra Señora de la Altagracia.
El canónigo Tomás Núñez Cordero y los toreros de la Virgen de la Altagracia
El presbítero Tomás Núñez Cordero nació en el paraje La Enea, del municipio de Higüey, en el año 1868, hijo de Blas Núñez y Antonia Cordero. Fue ordenado sacerdote en el año 1895 por el arzobispo monseñor Fernando Arturo de Meriño. Ejerció los primeros años de su ministerio en el municipio de Sabana de la Mar, siendo párroco en esta localidad por siete (7) años, luego fue párroco del santuario del Cristo de los Milagros de Bayaguana y posteriormente párroco de la iglesia San Dionisio de Higüey desde el año 1928 hasta la hora de su muerte. Tuvo varios hermanos, entre los cuales recordamos a don Antonio, doña Rosario y un hermano sacerdote llamado Abraham.
El cura del caballo y la sotana negra
Según testimonios del teniente de la policía don Ramón Demetrio Pión (Nunu) de las tropas norteamericanas de intervención del año 1916: el padre Tomás Núñez Cordero era una persona que gozaba de una admiración profunda de todo el pueblo. Su estilo peculiar de visitar los campos y realizar actos de exorcismo para despojar de todo espíritu maligno a algunos ciudadanos de esa época que no tenían conocimiento de la lectura de la Biblia lo convirtió en el primer sacerdote exorcista que tuvo Higüey antes de ser creada una diócesis.
Al padre Núñez se le veía llegar vestido de sotana negra montado en un caballo, siempre cargaba una botella de agua bendita, una Biblia y un Santo Rosario. Tenía un poder de oración para echar demonios y, además, era una persona con grandes conocimientos de la medicina tradicional, lo cual influyó para sanar enfermedades de muchas personas.
La intervención norteamericana de 1916 y la Virgen de la Altagracia
«Virgen Santísima, Madre Nuestra de la Altagracia, ampara y defiende al católico pueblo dominicano que hoy te corona y te proclama su única Reina y Soberana». Monseñor Alejandro Nouel y Bobadilla Arzobispo metropolitano de Santo Domingo
El pueblo dominicano es un pueblo que transita en la ruta de la fe de forma indeclinable; la devoción y la veneración de la Virgen de la Altagracia son un halo que hace palpitar el corazón de cada dominicano.
La intervención norteamericana del año 1916, fruto de una serie de situaciones políticas difíciles de esa época, fue un vector para que el pueblo acudiera de forma masiva en peregrinación de fe a Higüey a visitar y a donar un toro a la Virgen, pidiendo su intercesión divina según lo relata el historiador Vetilio Alfau Durán. El padre Tomás Núñez Cordero, en su calidad de párroco del santuario del Santo Cristo de Bayaguana, es quien se convierte en el principal colaborador del deseo de cientos de fieles que quieren ir a Higüey a visitar a la Virgen de la Altagracia.
Enterado de esa importante labor pastoral por sugerencia e indicación de monseñor Luis A. de Mena, le requiere al canónigo Tomás Núñez Cordero impulsar y restablecer la hermandad de los toreros de la Virgen de la Altagracia que había existido anteriormente según la tradición oral y que había sido interrumpida fruto de la ocupación haitiana de 1822 y la guerra de restauración.
Frente a un pueblo que se encontraba acorralado por una intervención extranjera, era justo y necesario mantener viva la religiosidad popular del pueblo dominicano a través de los toreros de la Virgen de la Altagracia.
He aquí preciso recordar la frase del padre Sanabia al presbítero Tomás Núñez Cordero: «Padre Núñez, establezca esta costumbre de los toreros de la Virgen de la Altagracia, que no le iría mal» (Vetilio Alfau Durán).
Para escribir la historia no se puede hablar de los toreros de la Virgen de la Altagracia sin dejar de mencionar al canónigo Tomás Núñez Cordero, el cual fue su principal propulsor.
Es como una muestra de gratitud de su vida pastoral: la alcaldesa del municipio de Higüey, Karen M. Aristy, acaba de construir e inaugurar en la comunidad de La Enea un parque que lleva el nombre de ese eximio sacerdote.
La hermandad de los toreros de la Virgen de la Altagracia tiene los comisarios que tienen la obligación de recolectar la limosna y la donación de becerras a la Virgen de la Altagracia.
Refiere el historiador fenecido Dr. Rivera Cedeño, cito textualmente: «Casi dos siglos después comenzó a celebrarse el 21 de enero como día de Acción de Gracias a la Virgen Santísima por el triunfo alcanzado en Sabana Real, y esta celebración se convirtió también en fiestas patronales que competían en esplendor y religiosidad con las de agosto. Pero había diferencias.
En agosto tenía lugar la fiesta de la Ofrenda de los Toros, verdadera demostración del folclor higüeyano. El 14 de agosto la entrada de los toros es la culminación de los trabajos de la hermandad. La noche anterior tienen la estación en Santana, seis kilómetros al oeste de la ciudad. Hay una vigilia hasta el amanecer del día siguiente, verdadera fiesta popular donde la religiosidad se mezcla con los valores humanos y también con sus miserias. La noche es toda una ininterrumpida improvisación de tonadas, bailes de atabales y derroche de espontaneidad y compañerismo. Claro, también hay mucho alcohol para mojar la garganta que se reseca de tanto cantar».
Aclaración histórica entre las fiestas patronales de Higüey del 15 de agosto y del 21 de enero
Las fiestas patronales del 15 de agosto que se celebran en Higüey han sido dedicadas a conmemorar la Asunción de la Virgen Santísima en cuerpo y alma al cielo, celebrando la eucaristía.
La fiesta nacional del 21 de enero es un acto eucarístico de acción de gracias de todo el pueblo dominicano a la madre espiritual por haber intercedido a favor de la victoria de las tropas criollas frente a las tropas invasoras francesas.
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