Pedir un préstamo no es un problema. El problema es en qué se gasta.
Imagine dos familias.
La primera solicita un préstamo de un millón de pesos para comprar una vivienda, ampliar su negocio o financiar la universidad de sus hijos. La deuda aumenta, pero también el patrimonio o la capacidad de generar ingresos. Cuando llegan las cuotas, existe un activo que ayuda a pagarlas.
La segunda obtiene el mismo préstamo para pasar una semana en Las Vegas. Se hospeda en un hotel de lujo, asiste a espectáculos, juega en los casinos, compra regalos y regresa con excelentes recuerdos. No hay nada reprochable en ese viaje. El problema aparece semanas después. Las vacaciones terminaron. El dinero desapareció. La deuda continúa.
La diferencia no está en el préstamo. Está en el destino del dinero.
Con las finanzas públicas ocurre exactamente igual. Ningún economista serio sostiene que un Estado deba renunciar al crédito. La deuda es una herramienta financiera cuando financia carreteras, puertos, presas, hospitales, escuelas, sistemas de riego o infraestructura que aumente la productividad y fortalezca el crecimiento económico.
La situación cambia cuando el préstamo termina financiando gasto corriente. Salarios, subsidios permanentes, transferencias, gastos administrativos e intereses mantienen funcionando el Estado, pero no crean activos capaces de generar riqueza para devolver el dinero prestado. El gasto se consume una vez. La deuda permanece.
Las cifras oficiales muestran una tendencia preocupante. La deuda del Sector Público No Financiero pasó de US$61,549.9 millones en diciembre de 2025 a 67 mil 995.5 millones de dólares en mayo de 2026. En apenas cinco meses aumentó 6 mil 445.6 millones de dólares.
La composición del gasto envía otra señal. En 2025 la inversión pública ejecutada ascendió a RD$207,751.7 millones, equivalente al 2.6 % del PIB. Mientras la deuda aumenta, el país mantiene uno de los niveles de inversión pública más bajos de las últimas décadas. Una economía no fortalece su capacidad de pago acumulando deuda mientras destina una proporción tan reducida de sus recursos a crear activos productivos.
Una carretera reduce los costos del transporte. Un puerto facilita las exportaciones. Una presa mejora la producción agrícola y energética. Una escuela fortalece el capital humano. Esas inversiones generan beneficios durante décadas y ayudan a pagar la deuda que las financió.
El viaje a Las Vegas nunca fue el problema. El problema comenzó cuando el préstamo terminó pagando la tarjeta utilizada durante las vacaciones.
Las deudas contraídas para invertir ayudan a construir el futuro. Las utilizadas para consumir trasladan la cuenta al mañana. La República Dominicana no necesita dejar de endeudarse. Necesita asegurar que cada peso prestado deje un activo capaz de generar riqueza. De lo contrario, las próximas generaciones seguirán pagando un viaje al que nunca fueron invitadas.
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