Si la intención del presidente Abinader fue producir una gran impresión en la población el pasado 27 de febrero, en su discurso a la Nación, al anunciar la construcción de un instituto de neurociencia, es posible que lo haya logrado. No obstante, asombrar es diferente a intentar resolver el problema de los servicios de salud mental con criterios técnicos y científicos avalados con las mejores prácticas disponibles.
¿Qué significa intentar resolver el problema de salud mental? Significa ante todo, ser fiel al cumplimiento del Plan de salud mental 2026-2030 que hace poco el Ministerio de Salud Pública (MSP) puso en circulación. Dicho Plan, con apenas algunos elementos objetables (de los que hablaremos en un próximo artículo), se inscribe en las líneas generales de la propuesta de Ley que el mismo MSP colocó en el Senado de la República y que contiene elementos novedosos, pertinentes y avalados por prácticas e investigaciones que merecen credibilidad.
Significa por consiguiente, que todos los esfuerzos que realice el accionar público debe ir dirigido a cumplir con el espíritu de ese Plan, que es el documento oficial que marca la ruta a seguir de todas las instancias que coordinan la política pública en salud mental. Sin lugar a dudas, es el enfoque el elemento fundamental de dicho documento. Lo señala el propio Ministro de Salud de manera acertada en la presentación del Plan cuando dice “un modelo de atención integral, comunitario y centrado en las personas” (1). Se reafirma el enfoque cuando en la introducción del documento se lee “basado en un modelo integral de salud mental comunitario” (2). En palabras llanas el enfoque se refiere a que “el modelo de atención en salud mental se basa en los principios de la atención primaria de salud, la comunidad, la participación y la humanización” (3).
La Organización Mundial de la Salud (OMS), deja muy claro que “la atención de la salud mental comunitaria se refiere a cualquier atención en salud mental que se preste fuera de un hospital psiquiátrico, y que estos servicios se disponen a través de la atención primaria de salud, programas específicos, hospitales generales, regionales, provinciales, municipales, y que incluye servicios comunitarios de salud mental, incluidos centros y/o establecimientos y equipos comunitarios de salud mental, programas de rehabilitación psicosocial y establecimientos residenciales en pequeña escala, entre otros.(4)
Como hemos podido ver, el modelo se refiere a un enfoque que deja fuera al hospital psiquiátrico, o como se le quiere llamar hoy bajo el fino eufemismo de instituto de neurociencia. Más aun, el mismo Plan, cuando se refiere a la organización de los servicios y los dispositivos, describe cada nivel de atención, en donde nunca menciona hospital psiquiátrico o instituto alguno. Ni aún en el más especializado, en el “Nivel III: Establecimiento de nivel complementario de alta complejidad” (5), hace referencia a esa “carta bajo la manga” que viene a contaminar el trabajo coherente que se ha venido realizando desde el Ministerio de Salud.
Tampoco vemos mención alguna cuando revisamos las 4 líneas estratégicas del documento en cuestión, que son las que marcan los ejes temáticos fundamentales y pautan los objetivos específicos para dirigir las acciones a resultados concretos. Esa noticia que busca asombrar, distorsiona el enfoque, desubica la guía de acción, desestructura el mapa estratégico del Plan y desvincula las líneas a los resultados esperados. En definitiva, desorienta la brújula que transforma la estrategia del modelo en acciones.
El deslumbre es una improvisación no contemplada ni en el Plan ni en la propuesta de Ley que señala una clara falta de coherencia institucional, que no solo provocaría un aumento innecesario del gasto sanitario, sino además, un retroceso en la visión de querer alcanzar, de manera coherente, un modelo de atención integral, comunitario y centrado en la persona.
1,2,3,4,5. Plan Estratégico de Salud Mental 2026-2030. (2026). Ministerio de Salud Pública. Páginas: 8,16,32,35.
Compartir esta nota