Al leer la noticia sobre la pequeña Yosnely, sentí náuseas. Solo pude pensar en una verdad dolorosa: en nuestra República Dominicana están matando a las niñas. No es una metáfora, ni una exageración, ni una alarma mediática; es la realidad cruda que nos negamos a enfrentar.
Mientras el país se distrae con la farándula, las polémicas de redes sociales, ( un posible divorcio por infidelidad), o los preparativos navideños, muchas adolescentes están siendo atrapadas, consumidas y finalmente asesinadas por hombres adultos. Lo más indignante es que gran parte de la sociedad lo sabe y prefiere ignorarlo.
Los feminicidios ya no son solo tragedias de mujeres adultas en relaciones violentas. Existe una tendencia peligrosa: niñas sin oportunidades, capturadas por adultos que las convierten en su "propiedad". La sociedad lo normaliza con excusas como: "él la cuidaba" o "ella estaba enamorada". Mentira. Eso no es amor; es control, dependencia y manipulación.
El Estado llega tarde. Las escuelas fallan en su labor, las familias callan y el entorno lo normaliza. Mientras tanto, los agresores buscan víctimas cada vez más jóvenes, conscientes de que son más fáciles de aislar, dominar y silenciar.
Las autoridades están fallando en lo básico: proteger a nuestras niñas. Si no rompemos la normalización del adulto que "anda con una menor", la próxima víctima ya está marcada. La pregunta no es si habrá otro feminicidio, sino cuándo ocurrirá. Yosnely tenía solo 13 años.
¿Cuántos años tendrá la próxima?
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