La adquisición de una red de radares meteorológicos debió haber mejorado las alertas de último minuto ante inundaciones, pero lamentablemente no ha sido así.
Nuevamente inundaciones repentinas sorprenden a los capitalinos un día de trabajo por la mañana; esta vez se trató del jueves 9 de abril. En solo unas horas se registraron mediciones de hasta 400 milímetros de agua, que cayeron en diferentes zonas de la ciudad de Santo Domingo, rompiendo récords anteriores de cantidad de agua en lapsos cortos de tiempo. Todo apunta a que el culpable de este incremento de fenómenos naturales anormales es el cambio climático, lo que no solo afecta a República Dominicana, sino a todo el planeta.
Como parte de las medidas adoptadas por las autoridades para afrontar este nuevo desafío, se han comprado tres radares meteorológicos Doppler de última generación, los cuales, según las autoridades, deberían ayudar a mejorar la detección de estos fenómenos y las alertas de sus peligros en tiempo real. Pero lo que hemos observado es que se repiten los mismos protocolos que en el pasado, y se emiten alertas con poca información en tiempo real, lo que termina afectando a los ciudadanos debido a que son sorprendidos por inundaciones repentinas y otros efectos de las tormentas.
Historia de los radares
La nueva red de radares meteorológicos Doppler adquirida por el Gobierno dominicano inicia con la adquisición de un radar de fabricación finlandesa de marca Vaisala, modelo WRM200, a la empresa dominicana Airport Team Solutions (ATS), por un precio de RD$157 millones en 2019, para ser instalado en el Aeropuerto Internacional de Punta Cana.
A esto le siguieron dos radares, comprados a la misma empresa, pero modelos WRS300 (más modernos y poderosos), ambos por un precio de RD$250 millones en 2022, uno para ser instalado en la Loma Isabel de Torres de Puerto Plata y otro en el Aeropuerto Internacional de Las Américas. Todo esto culmina en una inversión total de RD$657 millones, comprados a través de la figura de excepción de proveedor único (es decir, sin licitación, al igual que la mayoría de las ventas de esta empresa al IDAC, principal proveedor de equipos durante los últimos 15 años).
Uso de los nuevos radares
En principio, el uso para el que estos radares fueron fabricados es la mejora de la meteorología aeronáutica, la cual se basa en datos y peligros que pudieran ser relevantes para la aviación. Y aunque la información emanada de dichos radares puede ser usada por otras industrias o instituciones, su función principal es apoyar la aviación. Para ello, lo ideal es que estén conectados al centro nacional de control de tránsito aéreo, así como a antenas que proyecten la data a aeronaves en pleno vuelo. Además, es importante que tanto el personal en tierra (controladores de tránsito aéreo, despachadores, etc.) como los pilotos sean entrenados en su uso, y que se establezcan políticas operacionales para asistir a las aeronaves en la evasión de tormentas.
Lamentablemente, nada de esto se ha hecho; a la fecha, varios años después de comprado el primer radar, poco personal ha sido entrenado para su uso. Peor aún, hemos sido los pilotos, a través de pedidos públicos y privados, quienes hemos presionado al IDAC a, por lo menos, publicar una imagen de baja calidad de estos radares en internet para que podamos tener acceso a algo de la data. Aun así, esto es de poco uso, ya que es una imagen que, más que nada, se utiliza por el Gobierno para proyectar una idea de misión cumplida, en su incansable mercadeo político.
Las inundaciones
Los dominicanos nos hemos acostumbrado a escuchar las alertas del Centro de Operaciones de Emergencias (COE) y sus famosos mapas de colores, indicando dónde están las zonas de peligro durante un fenómeno meteorológico. Pero para aquellos que vivimos fuera del país, este sistema de información pictográfica nos resulta ya un poco desfasado. En EE. UU., así como en otros países desarrollados, muchas de estas alertas se dan de manera interactiva, con información detallada de localización de las amenazas, intensidad y duración.
Todo esto ayuda al ciudadano, en tiempo real, a tomar decisiones sobre la dirección para salir o entrar de algún sector de la ciudad o buscar refugio inmediatamente, y se logra a través de la combinación de información recogida por los radares meteorológicos, satélites, estaciones meteorológicas y personal especializado. Se supone que República Dominicana apuntaba a algo similar con la compra de estos radares. Pero una vez más, no ha sido así.
Ahora estamos peor que antes, pues habiendo gastado casi RD$700 millones, seguimos con el mismo sistema de alertas arcaico de mapas de colores inmóviles, que más que informarnos de los peligros solo nos dan una idea de que "algo viene". Mientras tanto, el Gobierno no termina de entender que necesita ayuda para llevar al país al estándar que la gente espera, con la ayuda de organismos internacionales y países más desarrollados para preparar al personal y utilizar adecuadamente los equipos mencionados. Mientras tanto, hemos comprado un Ferrari pero lo estamos manejando como un Hyundai.
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