Solo el amor engendra maravillas. — Silvio Rodríguez

Los feminicidios desangran al país. El dolor de las madres, padres, hijas, hermanas, amigas…, es irreparable. Un dolor colectivo que no podemos ignorar. El país ha sido catalogado por organismos internacionales como uno de los más felices del mundo (nunca he asimilado eso). Es el mismo país que ha convertido el luto en una constante en los hogares dominicanos. Dentro de este desconsolador panorama, ser mujer se ha convertido en un riesgo de que te maten. Mujeres que habitamos un lugar donde el poeta Pedro Mir escribió: "Hay un país en el mundo" …Sencillamente triste y oprimido… Sí, poeta, yo estoy triste, indignada y alarmada. A las mujeres nos siguen matando. Y los asesinos son unos infelices que no han encontrado más grandeza que poseer un pene (poder, control, creencia de superioridad). Tan infelices que no llegan a conocer lo que es amar. Violentar y matar a una mujer es lo más alejado del amor que podemos concebir. El terrible engaño de que el amor daña nos lo han enseñado para que toleremos el papel de víctimas (y no lo estamos tolerando).

¡Basta ya de que el Estado y la sociedad continúen tratando los feminicidios como cifras más, como un asunto de violencia generalizada! No, la violencia de género y los feminicidios tienen un objetivo muy específico, que es el de poseer o matar a una mujer. A una se le engrifa el alma cuando escucha declaraciones oficiales como aquella de que: "Las cifras de los fallecimientos son las más duras, son las que vemos, pero no estamos viendo a las mujeres que también se salvan todos los días." En otras palabras, que debemos valorar y agradecer por las mujeres que aún se han salvado. Como si estuviéramos dentro de un campo de concentración. Por otro lado, es alarmante la cifra de las denuncias por violencia de género que se ha emitido (no figuran las voces ausentes, las que la duplicarían o triplicarían). Tenemos que hacer un alto para reflexionar y tomar medidas serias de prevención o seguiremos siendo responsables de esta vorágine de violencia contra la mujer. Evitemos que llegue a cada hogar dominicano.

Protejamos a la mujer pareja, hija, hermana, madre, la que asume la crianza (de la que, históricamente, la han responsabilizado) y la que sostiene todos los medios de producción. Estamos de acuerdo con Silvia Federici en que la mujer es la que se ha encargado de criar cada generación de mano de obra y brindarle apoyo emocional. Sin este esfuerzo diario, la economía colapsaría.

¡No debería morir una sola mujer más en manos de un feminicida! Asumamos nuestras responsabilidades como Estado y como sociedad. ¿Cuánto invierte el Estado para la prevención de este tema? Esto es de derecho saberlo. Si no empezamos a trabajar la prevención desde la niñez a nivel público y privado, seguiremos por mucho tiempo encerradas en el "campo de concentración".

Es inminente que la Unidad de Prevención y Persecución de la Violencia de Género sea investigada en el orden que declaró la Procuradora General de la República; aunque es evidente que esa Unidad nació fallida y continuará así, si no se trabaja seriamente en la prevención. En los casos de feminicidios, un sistema de justicia sin protocolos eficientes para la protección de la mujer puede perjudicar más que beneficiar porque, en vez de proteger a la víctima, alerta al agresor. De la mano de la atención permanente debe prevalecer el esfuerzo encaminado a la prevención. La prevención no comienza con la mujer afectada de violencia ni con folletos educativos distribuidos por el Ministerio de Educación; debe comenzar desde la niñez, en cada hogar, en cada escuela y en cada centro de socialización, trabajando los valores de igualdad de género, humanísticos y de creación de ciudadanía. Y el Estado está en la obligación legal y moral de impulsarla y sostenerla.

No podemos seguir siendo cómplices con nuestra indiferencia. Cada feminicidio en la República Dominicana es un fracaso del Estado y de la sociedad en su conjunto. Nos queremos vivas, libres y sin miedo.

¡Basta ya, ni una más!

Moraima Veras

Moraima Veras, nativa de Altamira, Puerto Plata, República Dominicana. Doctora en Derecho por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Con especialidades en Derecho Público y en Gestión para el Desarrollo, a través de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Larga experiencia en el ejercicio del derecho. Con experiencia en reforma del Estado y en trabajos comunitarios con financiamiento internacional. Práctica de investigación comparando realidades político-locales nacionales e internacionales. Amante de la literatura con varios escritos inéditos. En el año 2022 publica Lía en Granada (novela corta). Instagram: @moraimaveras / @liaengranada Facebook: Isabel Veras

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