Desde que tengo mi azotea habilitada ya hace unos tres años y que disfruto del entorno y mi jardín, he tenido muchas experiencias.
Hace dos años disfrutando del atardecer, un domingo cualquiera, estaba sentada plácidamente en uno de mis jaraganes. Escuchaba la música de bonyé como si fuera en mi propia casa de tan alto que sonaba y veía a unos vecinos de una calle al doblar, en su azotea que queda a un nivel más alto que la mía, disfrutando en familia.
De pronto y cuando el sol prácticamente había desaparecido, vi con estupor un muerto. A veces se movía lentamente, otras, desaparecía. Quedé paralizada, no sabía qué hacer, era en el patio de una vecina que me quedaba a tres casas.
Llamé a una amiga y le dije lo que estaba viendo, me recomendó no moverme, que estuviera quieta, que no bajara a la casa, que llamara a mis hijos. Así lo hice.
Llamé primero a uno, al que vive más cerca de mí, le expliqué qué pasaba. El miedo aumentaba. Me dijo que los muertos no salen y que estuviera tranquila. Me sentí decepcionada, abandonada, sola en medio de tal amenaza.
Llamé a mi otro hijo que vive más lejos con la esperanza de que me creyera, que me apoyara, pero no, prácticamente me dijo lo mismo.
Esa tarde fui la persona más triste porque ante tal situación no recibí una respuesta que no fuera el que me quedara quieta y que los muertos no salen.
No había pasado diez minutos cuando sentí la llegada de mi hijo menor, mi nuera y mi nieto. Como tienen llaves de mi casa subieron directamente a la azotea. No tuvieron tiempo de ver al muerto cuando mi otro hijo apareció también.
Ellos se acercaron a la parte trasera. Molestos me miraron, ya que habían salido como locos de su casa a ver qué me pasaba, mi nuera muerta’e risa y mi nieto burlándose, yo esperando me dieran el diagnóstico:
“Era la sombra de una mata que se movía con la brisa, que le daba una luz indirecta, que se reflejaba en una pared que tenía una mancha que hacía las veces de cabeza”.
Desde ese día mi experiencia con los muertos quedó en el vacío.
En conclusión: “Los muertos no salen y la imaginación y el miedo son traicioneros”.
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