El proceso de evaluación de aspirantes a la Suprema Corte de Justicia ofrece una oportunidad para reflexionar sobre las condiciones que requiere la dirección del más alto tribunal.

La República Dominicana necesita una presidencia en el Alto Tribunal, que reúna vastos conocimientos del derecho, independencia de criterio, integridad y experiencia gerencial. En esa perspectiva, la candidatura de Fernando Langa Ferreira merece una consideración favorable.

La creación del Consejo Nacional de la Magistratura en la reforma constitucional de 1994, como ya expresamos en el artículo precedente, constituyó un avance fundamental. Su puesta en funcionamiento en 1997 abrió una etapa de renovación judicial que debe valorarse como una conquista institucional del país y del concierto de voluntades de su liderazgo nacional. Desde entonces, la selección de los integrantes de la Suprema Corte debe responder a una deliberación colegiada orientada al interés nacional.

Ese espíritu aconseja examinar las candidaturas con amplitud y respeto. Los jueces de carrera aportan experiencia jurisdiccional, conocimiento de los tribunales y una vocación de servicio indispensable e indeclinable. Al mismo tiempo, el ejercicio profesional de la abogacía puede formar juristas capaces de contribuir a la dirección judicial con conocimientos especializados, capacidad de organización y comprensión de las necesidades de quienes acuden en busca de respuesta al sistema de justicia.

La presidencia de la Suprema Corte exige reunir esas capacidades y cualidades como forma de equilibrar los poderes y su interacción. Además de participar en decisiones judiciales de gran trascendencia, su titular debe construir consensos, impulsar mejoras y ejercer liderazgo en una institución compleja con una visión humanista y empática. Se necesita un jurista con experiencia gerencial, capaz de coordinar equipos, escuchar a sus pares y convertir objetivos institucionales en resultados para la ciudadanía.

La trayectoria del magistrado Luis Henry Molina Peña ilustra la importancia de esa preparación. Antes de presidir la Suprema Corte, dirigió la Escuela Nacional de la Judicatura entre 1998 y 2010. Durante aquellos años contribuyó a desarrollar la institución y participó en iniciativas de formación y cooperación judicial iberoamericana. Su llegada a la presidencia estuvo precedida, por tanto, de una experiencia directamente vinculada con la profesionalización y la modernización de la justicia.

Henry Molina no era un improvisado. Conocía la formación de los jueces, los desafíos del servicio judicial y la importancia de sostener una reforma mediante equipos preparados y objetivos definidos. Esa experiencia ofrece una referencia valiosa para ponderar el perfil de quien asuma la próxima etapa.

La nueva presidencia tendrá la responsabilidad de preservar lo logrado, atender las tareas pendientes y fortalecer la confianza ciudadana.

Fernando Langa Ferreira representa una opción atendible para esa responsabilidad. Su trayectoria como socio fundador y director de Langa & Asociados acredita una prolongada experiencia en el ejercicio del derecho y en la conducción de un despacho profesional con notable éxito, en cuarenta años de servicios profesionales desde la práxis como jurista, como académico y desde la perspectiva de ciudadano comprometido con su país. Esa combinación ofrece una base relevante para valorar su capacidad de liderazgo, de gestión y compromiso.

Dirigir profesionales exige criterio, organización, delegación y capacidad para armonizar puntos de vista. Trasladadas al servicio público con independencia e imparcialidad, esas aptitudes pueden contribuir a una presidencia que respete el trabajo de los magistrados y favorezca una administración de justicia eficiente, eficaz y expedita.

La expectativa es, que Langa pueda reproducir el sentido de preparación y gestión que ha caracterizado a Henry Molina, dando continuidad a sus mejores aportes y desarrollándolos conforme a los nuevos desafíos y su renovado liderazgo. Una sucesión fructífera se construye mediante experiencia, objetivos claros y compromiso institucional.

Corresponde al Consejo Nacional de la Magistratura ponderar esos méritos. El presidente Luis Abinader, en su condición de presidente del órgano, tiene la oportunidad de contribuir a una decisión que fortalezca la justicia y genere confianza.

La consideración favorable de Fernando Langa, puede sustentarse en una tesis clara: la Suprema Corte necesita un jurista experimentado que sepa dirigir, dialogar y dar continuidad a la modernización. Su candidatura merece ser valorada y acogida desde esa perspectiva, con respeto a la corriente que sostiene que debiese ser un juez de carrera judicial y con la mirada puesta en el servicio que el país espera de sus tribunales, no como un honor y reconocimiento a una trayectoria profesional de entrega y de servicios a la sociedad, sino, como una reiteración de esa vocación, ahora ejercida desde la presidencia de la honorable Suprema Corte de Justicia.

Fuentes consultadas

* Historia del Poder Judicial: https://poderjudicial.gob.do/wp-content/uploads/2021/01/Capitulo_XV.pdf

* Trayectoria de Henry Molina: https://poderjudicial.gob.do/henry-molina/

* Modernización judicial: https://poderjudicial.gob.do/henry-molina-destaca-avances-historicos-y-llama-a-consolidar-la-transformacion-del-poder-judicial/

* Perfil profesional de Fernando Langa: https://lanabi.net.do/team/jose le