Imagina que estás en medio del Atlántico, a bordo de un crucero de lujo. De repente, una tormenta lo sacude y las luces de emergencia se encienden. Corres al puesto de salvamento, pero descubres que los botes están incompletos, los chalecos rotos y el personal de rescate —aunque heroico— carece de herramientas y mapas.

Así, dolorosamente, opera el servicio hospitalario público de la República Dominicana. Somos una nación capaz de construir resorts que fascinan al mundo, pero nuestra red de hospitales, ese último bote salvavidas de la ciudadanía, continúa desarmada, incompleta y al borde de la náufraga institucional.

La anatomía de la precariedad

La Ley General de Salud (42-01) proclama el derecho universal a servicios dignos. Sin embargo, el peregrinaje hospitalario es un viacrucis. El problema no es falta de vocación —nuestros médicos y enfermeras son auténticos héroes— si no fallas severas de gestión, planificación y priorización.

Escasez crítica de recursos: La carencia de insumos, medicamentos y hasta camas refleja una fragilidad estructural. El déficit de camas de Cuidados Intensivos (UCI) es un drama crónico que transforma enfermedades tratables en sentencias de muerte o discapacidad para los pacientes más vulnerables.

Tecnología y diagnóstico: La insuficiencia de tomógrafos, equipos de imágenes modernos y laboratorios resolutivos condena a miles de dominicanos a la migración forzada hacia el sector privado o a un diagnóstico tardío. La excelencia es un privilegio de billetera.
Infraestructura obsoleta: A pesar de los esfuerzos de remozamiento del Servicio Nacional de Salud (SNS), amplias áreas operan en instalaciones que no cumplen estándares básicos. Un hospital no puede salvar vidas si lucha por mantenerse encendido.

El desbalance de la prioridad

Aunque el presupuesto de salud supera los RD$137 mil millones para 2025, el enfoque es dramáticamente desigual. Solo un estimado 7% (aproximadamente RD$9,692 millones) se dirige a la Atención Primaria, el verdadero motor de la prevención.

Invertimos más en reparar la enfermedad que en cultivar la salud. Es políticamente vistoso inaugurar edificios; pero lo que salva vidas son las vacunas, la educación sanitaria, el seguimiento comunitario y la detección precoz en el primer nivel.

Comparación con la excelencia regional

La transformación hospitalaria no es una fábula. Países cercanos como Costa Rica y Panamá han fortalecido su primer nivel de atención, informatizado la red y creado rutas clínicas estandarizadas, descargando la presión sobre los hospitales de referencia.

Estos modelos se basan en financiamiento condicionado al desempeño (no por existencia). El SNS ha dado un paso inicial con el Sistema de Monitoreo de la Administración Pública (SISMAP) Salud para monitorear indicadores; pero sin financiamiento vinculado al resultado, el SISMAP será solo un mural burocrático de indicadores.

El paciente en el centro: historias que desgarran

No hablamos de estadísticas abstractas. Hablamos de la madre que pierde a su bebé por falta de incubadoras. Del herido en un accidente de la vía pública que muere desangrado en quirófano por falta de sangre o tecnología. Del anciano que debe comprar jeringuillas para su propia hospitalización.

El volumen de servicios sigue aumentando con velocidad exponencial. La red pública creció en demanda más de 350% en un año (de 9.4 millones a 42.3 millones de servicios entre 2023 y 2024), pero no creció en camas ni en equipos al mismo ritmo.

Esto tiene que parar. Esos rostros son el verdadero termómetro moral de un país.

El Camino: Prioridad, Transparencia y Gestión

Aumentar la inversión en atención primaria: elevar la inversión en el primer nivel para descongestionar las emergencias.
Transparencia absoluta en asignación: el SNS debe publicar un desglose mensual y público de lo que recibe cada hospital, vinculado directamente a los resultados del SISMAP Salud. La opacidad administrativa es cómplice de la ineficiencia clínica.
Dignificación del capital humano: salarios dignos, capacitación continua y dotación completa de equipos e insumos. No se puede pedir excelencia con recursos de subsistencia.
Compras centralizadas y mantenimiento: inversión sostenida en diagnóstico, tecnología y mantenimiento, libre de corrupción e intermediarios que encarecen lo esencial.
La República Dominicana es un país de belleza extraordinaria. Pero la grandeza de una nación no se mide por sus playas, sino por la capacidad de salvar la vida de quienes nunca verán el mar.

Nuestro sistema hospitalario es el espejo donde se refleja nuestra moral pública. Es hora de darle oxígeno. Es este el momento de reconstruir el bote salvavidas antes de que la tormenta nos alcance.

Víctor Garrido Peralta

Médico

El Dr. Víctor Garrido Peralta es un destacado médico dominicano con una impresionante trayectoria internacional en cirugía hepatobiliar y trasplante de órganos. Formado en prestigiosas instituciones de España, Francia, Estados Unidos, Corea y Taiwán, ha liderado divisiones de cirugía y realizado investigaciones en el ámbito de los trasplantes. Además de su labor médica, el Dr. Garrido ha sido docente en la Universidad de Pittsburgh, EE.UU., Cónsul General Honorífico de la República Dominicana en Pittsburgh, EE.UU., y es un prolífico autor de artículos sobre temas sociales y médicos en diversas revistas y periódicos nacionales e internacionales.

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