El 16 de agosto no cuenta con el peso cultural y político que debería tener. En esa fecha se gestó la Restauración de la República luego de la Anexión a España, convirtiéndose en la verdadera independencia para varios historiadores y analistas de la sociedad dominicana.
Actualmente, la celebración del 16 de agosto nos remite no solo a los hechos ocurridos, sino también al vínculo entre la lucha por la independencia y la soberanía presente en nuestro pueblo más allá de esa fecha.
En las letras del Himno Nacional se puede captar el mensaje de soberanía que promovía Emilio Prud’homme, destacado escritor, desde el abordaje de la lucha contra la esclavitud, la Independencia Nacional y la Restauración.
La lucha contra la anexión a España él la vivió desde su tierra natal, Puerto Plata, que junto a las provincias del Cibao y la Línea Noroeste fueron los escenarios principales, incluyendo la frontera con Haití, dado el apoyo ofrecido por nuestro país vecino a la Restauración. Estos elementos aparecen en la estrofa que hace alusión al grito de Capotillo.
Hoy tiene mucho peso recordar las letras del Himno Nacional completo, el cual no es suficientemente conocido, pues suele reducirse a las primeras estrofas.
La ausencia de una enseñanza íntegra del Himno Nacional en nuestro sistema educativo y en nuestra sociedad está vinculada a la invisibilidad de la Restauración como hecho patriótico trascendente. Algunos de los elementos que explican este vacío son:
- a) La enseñanza de la historia como hechos aislados y acontecimientos fragmentados favorece a su desconexión de la construcción de pensamiento crítico y desde procesos colectivos.
- b) El desconocimiento de la Restauración favoreció los intereses hispanizantes de las élites de poder en las dictaduras de Trujillo, Balaguer, gobiernos subsiguientes y actual, negadores de nuestras raíces afrodescendientes y de la mirada a la esclavitud y colonización de España contra el pueblo dominicano.
- c) La ideología antihaitiana promovida por determinados sectores ha utilizado la distorsión del conocimiento de nuestra historia, reduciéndola a la ocupación de Boyer en 1822 como único referente, negando así la anexión a España y las dos ocupaciones de Estados Unidos (1916 y 1965), así como las luchas de nuestro pueblo contra las mismas.
- d) Invisibilidad del liderazgo de mujeres y hombres de origen campesino y afrodescendientes que protagonizaron las luchas restauradoras con figuras como Gregorio Luperón, Benito Monción, Santiago Rodríguez, entre otros(as).
- e) Invisibilización del apoyo del pueblo haitiano a la Independencia (1844) y, con mayor fuerza, a la Restauración. Esa estrecha relación y apoyo del pueblo haitiano en momentos importantes de nuestra historia permite comprender lo que sucedía entre ambos pueblos en esa zona y época desde un flujo de reciprocidad y solidaridad significativo.
Reconocer la Restauración como hecho primordial debe ser prioridad en la enseñanza de la historia, con énfasis en el rol protagónico de nuestro campesinado y en los liderazgos de mujeres y hombres afrodescendientes y pobres del campo. Esto favorece desmontar la visión errónea del patriotismo que nos han inculcado en la educación dominicana, una visión que niega su carácter colectivo y la interacción en esos procesos históricos entre el pueblo haitiano y el dominicano en la búsqueda de libertad y autonomía contra el autoritarismo.
Se hace necesario hoy más que nunca enseñar otra historia en las aulas. Convertir los espacios de aprendizaje en historia viva desde las comunidades y la juventud, dándole al estudiantado un rol protagónico en la construcción de pensamiento crítico desde una perspectiva de inclusión despojada de discriminación, racismo y exclusión.
Igualmente, recordar que Emilio Prud’homme, luchador antiimperialista que enfrentó la invasión norteamericana de 1916, no solo nos relata nuestra independencia y restauración en el himno; también hace un llamado: “ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil”.
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